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¿A qué se parecía la sensación en ese momento? Pongamos un ejemplo: es como cuando la figura en esa pintura que acabas de comprar de repente te sonríe. Exactamente esa misma sensación.
Aunque antes ya habían experimentado mazmorras de tipo sobrenatural, estar en una sala enorme y vacía, con la oscuridad devorando gradualmente la luz exterior, intensificaba esa sensación de terror.
En ese momento, Sheng Yi se sintió agradecido de que, por suerte, en un lugar como esta basílica, las pinturas colgadas representaran ángeles, Dios y temas similares. Si el escenario hubiera sido un cementerio, la atmósfera difícilmente habría sido tan llevadera.
La Virgen María les sonreía, y querubines alados les saludaban con la mano. Si uno ignoraba que eran figuras de una pintura, o si hubiera allí un devoto cristiano, la escena bien podría haberse considerado una aparición divina milagrosa; solo faltaba que hubiera feligreses rezando al frente.
En ese momento, Sheng Yi no pudo evitar sentir un poco de alivio pensando que, por suerte, el representante elegido por las deidades chinas (Huaguo) había sido el Rey Mono Sun Wukong, y no criaturas como el Guardián Bovino o el Caballero Equino. De lo contrario, tanto él como Devil (¿?) podrían haberse llevado un susto tremendo ante una aparición fantasmal tan repentina.
El grupo hizo lo posible por ignorar la “bondadosa” mirada de la Virgen María y se esforzaron por avanzar.
En la parte más interior se encontraban ilustraciones de historias de la Biblia, como Dios creando a Adán y Eva, Eva comiendo el fruto prohibido…
—¡Sí, comer el fruto prohibido!
Sheng Yi observó fijamente la pintura al óleo de Eva comiendo el fruto prohibido, tiró suavemente de la manga de Devil a su lado y dijo:
—En la pintura de Eva comiendo el fruto prohibido, ¿no debería haber una serpiente?
Al oír esto, los demás también dirigieron su mirada hacia allí.
—¿Podría ser que el artista quisiera destacar a Eva comiendo el fruto prohibido, y por eso no pintó la serpiente? —dijo Bartolomeo, rascándose la cabeza sin darle mucha importancia.
Aunque lo que decía tenía sentido, Sheng Yi seguía sintiendo que algo no cuadraba. Tenía la vaga intuición de que, originalmente, en esa pintura debería haber una serpiente, pero por alguna razón, ahora había desaparecido.
Sheng Yi intentó concentrarse para recordar la historia bíblica, pero en su mente solo resonaban escenas de la serie británica “Good Omens”: el demonio que se transformó en serpiente para tentar a Eva, y el ángel que mantenía una relación tan “armoniosa” con él. No, eso no venía al caso… (NT: Good Omens es una serie ambientada en 2018, que sigue al demonio Crowley y al ángel Aziraphale, quienes, acostumbrados a la vida en la Tierra, buscan evitar la venida del Anticristo y con ello la batalla final entre el Cielo y el Infierno. Basada en el libro de Terry Pratchett y Neil Gaiman).
Sheng Yi apartó rápidamente la vista del cautivador drama televisivo e intentó recordar la Biblia. Desafortunadamente, un chino adoctrinado durante tanto tiempo por el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong solo podía tener los valores socialistas fundamentales rondando por su mente.
Por primera vez, Sheng Yi maldijo su firme pensamiento materialista que, a lo largo de todos estos años, lo había llevado a saber solo que la Biblia estaba relacionada con el cristianismo, sin conocer nada más al respecto.
En ese momento, el grupo también llegó al final del pasillo, donde había una pintura al óleo de la crucifixión de Jesús.
Kazuya Ichijō, que iba a la cabeza, se encogió de hombros con un gesto de impotencia y dijo:
—No hay salida. Hasta aquí llegamos.
Todos se miraron entre sí, perplejos.
Finalmente, fue Bartolomeo quien se adelantó. Sacó de su brazalete una varita mágica. Sí, exactamente una varita mágica. Del tipo no muy larga que se ve en la serie de películas de *Harry Potter*.
Bartolomeo levantó la varita y la agitó suavemente un par de veces. Luego, se aclaró la garganta y recitó durante un minuto una especie de conjuro compuesto por no se sabía qué idioma. Sheng Yi incluso creyó reconocer algunas sílabas que le sonaban familiares. Después de eso, Bartolomeo pronunció su petición:
—¡Ábrete, sésamo!
(NT: Es una frase mágica del cuento «Alí Babá y los cuarenta ladrones» con la que se abre la cueva donde se guardan los tesoros robados).
Sheng Yi: «…».
Sheng Yi: ¡Resulta que todo lo que dijo antes era solo un preámbulo, y lo importante estaba en las últimas cuatro palabras!
Sin importar cuánto Sheng Yi quisiera criticar esa habilidad, fuera artefacto o poder especial, su efectividad era innegable.
Después de que Bartolomeo recitara el “conjuro” durante un buen rato y se apartara sudando, los ojos de Jesús en la pintura se abrieron lentamente. Al mismo tiempo, la pintura comenzó a girar hacia afuera, como si fuera una puerta principal, revelando un pasillo oscuro en su interior.
Los presentes se miraron entre sí, y una vez más fue Kazuya Ichijō quien tomó la delantera, seguido por los demás.
Fue entonces cuando Sheng Yi tuvo la oportunidad de hablar con Bartolomeo. Le preguntó:
—¿Es esta tu habilidad especial?
Bartolomeo asintió y sonrió con un toque de timidez. Ver a un hombre tan robusto hacer una expresión tan aniñada resultaba, por alguna razón, bastante natural.
Un momento después, añadió:
—Es solo que cada vez que quiero activarla, tengo que recitar un conjuro tan largo… la verdad es que es una pérdida de tiempo. ¡Ay! Mi habilidad es buena, pero pone a prueba mi memoria.
Sheng Yi lo miró con curiosidad.
El otro explicó:
—Cada vez que voy a activar mi habilidad, esta me proporciona un conjuro completamente nuevo que debo memorizar. Solo cuando lo recito palabra por palabra, sin equivocarme, puedo activarla.
Sheng Yi: «…»
Sheng Yi: Lo siento, te juzgué mal. Resulta que no saliste de inmediato porque estabas esforzándote por memorizar el conjuro. Eh… de verdad es admirable tu perseverancia…
Sheng Yi pensó que, una vez que el Proyecto de Transición terminara, tal vez Bartolomeo podría intentar batir un récord Guinness.
El grupo avanzó un trecho cuando, de repente, Kazuya Ichijō, que iba al frente, se detuvo y exclamó:
—¡Alto!
Todos se paralizaron de inmediato, conteniendo la respiración y observando atentamente los alrededores.
Sheng Yi también aguzó el oído. De pronto, captó un sonido sibilante, similar al roce de dos superficies de papel o al deslizamiento de un objeto liso sobre el suelo.
De repente, Sheng Yi recordó la pintura al óleo y una inquietante premonición se apoderó de él.
Pronto, su presentimiento se confirmó.
Una serpiente gigantesca, de una longitud difícil de distinguir y tan gruesa como un balde, se abalanzó sobre el grupo.
En la oscuridad, Devil, cuyos sentidos eran notablemente más agudos que los de los demás, gritó a todos que se apartaran y, al mismo tiempo, tomó a Sheng Yi y lo llevó consigo hacia un lado.
En ese momento, Sheng Yi notó con alarma que, mientras todos huían presurosos, Ichirō Ichijō permanecía inmóvil en su sitio, como paralizado por el terror.
Sheng Yi: ¡Maldita sea, este chico idiota!.
Al ver que la cabeza de la serpiente estaba a apenas cinco metros de Ichirō, Sheng Yi desenfundó su pistola y disparó directamente hacia el ojo de la serpiente gigante.
El olor a pólvora impregnó el aire. Un destello de luz iluminó la escena por un instante, y Sheng Yi escuchó claramente los violentos espasmos de la serpiente, como si hubiera sido golpeada en un punto sensible.
Fue entonces cuando Devil también notó la anomalía en Ichirō. Materializó una cuerda de la nada y la usó para atraerlo hacia ellos.
Al tenerlo cerca, pudieron ver que el joven estaba pálido y visiblemente aterrado, con los labios temblorosos, y que solo podía mantenerse en pie con el apoyo de Sheng Yi.
Kazuya Ichijō se acercó rápidamente.
Sheng Yi le entregó a Ichirō y, soltando un leve resoplido de exasperación, activó su habilidad especial para materializar su arma y disparar hacia la serpiente herida.
¡Aprovecha su enfermedad para quitarle la vida!
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Nota del autor:
Todo en esta historia es pura ficción. No he estado nunca en el Vaticano y no tengo idea de cómo es el interior de una iglesia.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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