—¡¿Qué estás haciendo?!
Intenté correr hacia él y sujetarlo de inmediato, pero, aunque se tambaleaba, esquivó mi mano.
Consumí maná para exprimir por la fuerza la humedad inexistente y utilicé Suspiro Frío. Cuando me acerqué a Yoohyeon, cuyos movimientos se habían vuelto lentos, unas llamas feroces se arremolinaron como si quisiera detenerme.
Incapaz de soportar su fuerza, fui empujado hacia atrás. Suspiro también desapareció en un instante.
«Maldición. En ese estado, A Dormir tampoco funcionará.»
La mirada de Yoohyeon se desenfocó ligeramente.
No era una herida lo bastante grave como para poner en peligro su vida. Al menos no para un cazador de clase S.
Sin embargo, para una persona corriente habría sido una herida que la dejaría al borde de la muerte. Eso significaba que podría volverse peligrosa si se prolongaba demasiado.
—¡Recobra el sentido! ¡Han Yoohyeon!
Parecía que ya no estaba en sus cabales y que contraatacaba instintivamente para protegerse.
Bebí a toda prisa una poción de maná y utilicé la habilidad de teletransportación. Al acercarme por detrás, Yoohyeon lanzó la daga contra mí sin contenerse. La recibí con el brazo mientras le daba palmaditas en la espalda con la otra mano.
—Tranquilízate. Soy tu hyung.
Yoohyeon movió los labios como si quisiera decir algo, pero su cuerpo perdió las fuerzas y se desplomó.
Me apresuré a sostenerlo entre mis brazos.
Gracias al cielo que la habilidad había funcionado.
—¡Tú de verdad…! ¡Te dije que incluso aquí es peligroso ese tipo de ataques!
Aunque dos despertados de clase S entablaran una pelea, no les resultaría fácil matarse entre sí mientras la diferencia entre sus estadísticas no fuera demasiado grande.
No era casualidad que la tasa de mortalidad de los cazadores de clase S fuera baja.
A menos que les arrancaran la cabeza de un solo golpe, era posible salvarlos mediante una lluvia de pociones y habilidades de curación. Por eso se organizaban torneos de clasificación incluso para los valiosísimos cazadores de clase S.
Si no pretendían matar deliberadamente al oponente, las personas que los rodeaban corrían más peligro que los propios cazadores de clase S.
Además, yo tenía la habilidad de curación de Noah y había traído suficientes pociones, así que podía garantizar nuestra seguridad.
—Primero tengo que sacar la espada para poder curarte…
—Hyung.
Tal vez sus órganos internos estuvieran dañados, ya que cuando me llamó, la sangre brotó de su boca.
Era una suerte que estuviéramos en un mundo mental. Si esto hubiera sido la realidad, habría perdido por completo la cabeza.
Incluso aquí me dolía el corazón al verlo de aquella manera.
—Cierra la boca y aprieta los dientes.
Como la hemorragia era intensa, era mejor que se dañara los dientes a que se mordiera la lengua por accidente.
Al sostenerla empuñadura de la Espada del Gobernante, un calor ardiente se transmitió a la palma de mi mano.
Inhalé brevemente y extraje la espada de una sola vez.
Escuché el crujido de sus dientes al apretarse con fuerza.
Arrojé detrás de mí la espada, empapada y pegajosa de sangre, utilicé rápidamente la habilidad de curación y saqué una poción.
—Escupe la sangre acumulada. ¿Tus pulmones están bien? No te cuesta respirar, ¿verdad?
Con una habilidad de curación de clase A era difícil sanar una herida grave de inmediato.
Y ni hablar de una poción que no procediera de una mazmorra.
Después de todo, sí que necesitaba conseguir al menos un elixir.
Aun así, la sangre que se desbordaba no tardó en detenerse.
Yoohyeon tosió y escupió sangre antes de aceptar la poción y beberla. Su mirada también recuperó la normalidad.
Mientras reponía mi maná, me senté allí mismo sin soltar a mi dongsaeng.
Dejé que su cuerpo se apoyara contra mí y volví a darle palmaditas en la espalda para tranquilizarlo.
Tal vez porque su dueño había perdido el control, las llamas que nos rodeaban también comenzaron a apagarse gradualmente. Como apenas quedaba nada que pudieran quemar, el calor disminuyó con rapidez.
Mi dongsaeng, con la cabeza apoyada en mi hombro, dejó escapar un largo suspiro.
—…Lo siento.
—¿No deberías disculparte contigo mismo en lugar de conmigo?
Yoohyeon respondió con una voz más grave, como si mis palabras le hubieran molestado.
—Te dije que no me gustaba.
—¿Qué?
—Ese yo que intenta devorarte.
Ah…
Recordé la conversación que habíamos mantenido en la mazmorra del Bosque de la Vaca Negra.
Había dicho que, si no se contenía, acabaría quemándolo todo.
Que esa era su verdadera naturaleza.
—Pero te divertiste. Y, sin importar cómo lo hiciste, te detuviste. Lo hiciste tú mismo.
Parecía tan satisfecho que incluso yo, que lo observaba, había deseado dejarlo hacer lo que quisiera.
A pesar de eso, se había detenido.
Yoohyeon guardó silencio por un momento antes de abrir la boca.
—Me gusta el yo que tú creaste y criaste, hyung.
—…Decir que te creé es demasiado. Aunque sí te crié.
—Pero es verdad. La persona que soy ahora fue creada por ti. Si tú no hubieras estado, habría sido completamente diferente.
Aunque lo dijera, me costaba imaginarlo.
Un Han Yoohyeon que hubiera crecido sin mí.
Habría sido diferente tanto de Sung Hyeonjae como de Riette. Aunque los tres fueran de clase S innata, cada uno era distinto.
La única semejanza entre ellos sería que ocupaban la posición de depredadores.
Era una sensación similar a colocar a un león, un águila y un tiburón dentro de una misma categoría.
—Mmm… Probablemente no habrías creado el gremio. ¿Te habrías distanciado todavía más de las personas? También dijeron que no habrías vivido mucho tiempo…
—¿Quizá me habría convertido en delincuente incluso antes de despertar? —mi dongsaeng lo dijo con ligereza.
—No creo que hubieras llegado tan lejos.
—Si tú no hubieras estado, no habría entendido por qué debía tolerar a las personas que me molestaban. Cuando todavía no era un despertado, quizá me habría contenido debido a una especie de instinto de supervivencia, pero, después de despertar, habría sido un desastre.
—…En la sociedad moderna sí que habrías resultado bastante problemático.
En otra época quizá habría fundado una nación.
Eso, si hubiera vivido en un periodo en el que bastará con ser fuerte para atraer seguidores.
No, tal vez le habría convenido más ser una especie de cazador en un mundo infestado de monstruos. Se habría vuelto famoso como un cazador peligroso al que era mejor no molestar.
—No es solo que me gusta cómo eres ahora. Ni siquiera puedo imaginarte de otra manera.
—¿Cuándo era pequeño nunca pensaste que era extraño?
—Yo también era un niño. ¿Qué iba a saber? Simplemente pensé que te comportabas así porque eras pequeño. De cualquier modo, eras adorable.
Como era un niño adorable a los ojos de cualquiera, las personas que se cruzaban brevemente con él solían decir que era precioso.
Por eso me resultaba todavía más difícil comprender a nuestros padres.
Ahora me preguntaba si el extraño no habría sido yo.
Había obtenido el título de Cuidador por criar a Yoohyeon, pero quizá ya poseía de forma natural cierta aptitud para ello.
Tal vez no percibía como extraños a los niños, aunque fueran de clase S innata.
Algo parecido a las personas que nacían sin miedo o con mucho afecto hacia los demás.
—Pero, Yoohyeon …
—No quiero. —Mi dongsaeng respondió en cuanto intenté empezar a hablar—. Sé lo que quieres decir, hyung. Tampoco digo que sea bueno vivir conteniéndome. Pero eso no significa que sea malo. Tú también lo hiciste. Sé que también renunciaste a muchas cosas.
—En mi caso…
Cuando lo expresaba de ese modo, no tenía nada que responder.
Sin embargo, por mucho que lo pensara, no había nada que me hiciera desear haber actuado de manera diferente.
Todo lo ocurrido antes de que aparecieran las mazmorras y que Yoohyeon despertara había sido decisión mía, y no me arrepentía.
Era cierto que había renunciado a muchas cosas, pero ¿considerarlo un sacrificio? No estaba seguro.
Había sido difícil.
Aun así, había sido feliz.
—Porque lo que obtuve al renunciar y soportar todo aquello era mucho más valioso para mí.
—A mí me ocurre lo mismo.
La mirada de Yoohyeon se posó sobre las pocas llamas que aún quedaban. Sobre aquel fuego azul que todavía conservaba rastros negros.
—¿Tengo que ser necesariamente perfecto?
—…No.
Volví a decírselo.
—No. Tal como tú me dijiste, yo también te amo sin importar cómo seas. Por eso no quería que te obligaras a contenerte por mi culpa. Y, además, ¿qué ser humano es perfecto?
Las personas solo se esforzaban por mejorar un poco.
Para empezar, si alguien fuera perfecto, todo terminaría allí.
Si ya eres perfecto, ahí acaba todo. Dejas de esforzarte, sin necesidad de esforzarte más, ni motivo para cambiar. ¿De verdad se puede llamar perfección a ese tipo de estancamiento?
—Yo también cometo errores y tú también los cometes. Oye, incluso Sung Hyeonjae es quisquilloso con la comida. A pesar de lo genial que es, todavía necesita mi ayuda.
—A mí me gusta todo lo que me das, hyung.
Si lo analizábamos, eso también era una forma de ser quisquilloso. Le revolví el cabello con cierta brusquedad.
—Sí, Yoohyeon. En cualquier caso… Mmm. Lo hiciste bien. Te contuviste muy bien.
En lugar de preguntarle por qué se contenía, lo elogié, y Yoohyeon sonrió con alegría.
—A mí también me gustó mucho pelear contigo. De verdad fue lo mejor, hyung.
—Se te notaba, aunque no lo dijeras.
—¿Podremos volver a hacerlo?
—Será difícil hacerlo con frecuencia, pero claro que podremos volver a enfrentarnos. También será bueno para ti. Lo único que necesitas es ser capaz de detenerte en el momento adecuado, ¿no? Y la próxima vez lo haremos de forma segura.
Contenerse incondicionalmente tampoco era bueno.
Pero abandonarse por completo tampoco lo era.
La imagen de mi hermano menor moviéndose a sus anchas todavía permanecía frente a mis ojos y sentía cierta pena por haber terminado, pero lo más importante era la voluntad del propio Yoohyeon.
—Me refiero al color de tus llamas. ¿Se conservará cuando salgamos?
Ante mi pregunta, Yoohyeon ladeó la cabeza.
—No lo sé. Este lugar es un poco especial. Además, creo que el fuego que utilizaste también influyó en ellas.
—¿Las Llamas de Sangre Negra?
—Sí. Dijiste que son las llamas que utilizaré dentro de cinco años, ¿verdad? Tal vez por eso son claramente más fuertes que las mías actuales. Aunque la habilidad haya cambiado bastante, sus fundamentos siguen siendo los mismos. Al chocar continuamente contra ellas… ¿fue como templarlas? Parece que mi habilidad también se fortaleció al mismo tiempo.
Por supuesto, Yoohyeon añadió que el hecho de haber peleado conmigo sin contenerse también debió de influir mucho.
—Como no podré ayudarte cuando salgamos, tendremos que entrar de nuevo aquí.
—Ahora que las mazmorras son seguras, tendré mucho tiempo en cuanto terminemos de reorganizar el gremio, hyung.
—Oye, tú eres el líder del gremio.
—Aunque yo no esté, no deberían tener problemas para gestionar las mazmorras. ¿No estará bien? —dijo mi hermano de manera mimosa.
También añadió que, si dependiera de él, no quería salir de aquel lugar.
—Creo que, después de descansar un poco, podríamos enfrentarnos una vez más.
—Ya amaneció. Mira allí, está saliendo el sol.
—¿Cambiamos de lugar? Podríamos pelear una vez en un sitio que te favorezca y otra en uno que me favorezca a mí.
Los ojos de Yoohyeon no solo estaban llenos de expectación y emoción: prácticamente resplandecían.
Había dicho una vez. ¿Por qué ahora se habían convertido en dos?
Criiic, crac…
Fue entonces cuando escuché un sonido extraño detrás de nosotros.
—Ese sonido de ahora…
No debería haber nadie más que nosotros en este lugar.
Desconcertado, miré hacia atrás. Yoohyeon también levantó el torso, que había estado apoyado contra mí.
Volvió a escucharse un crujido, como escamas chocando contra otras escamas.
La Espada del Gobernante Corrosivo.
La espada negra teñida de sangre temblaba ligeramente.
La espada…
De repente, recordé las palabras de Joven Caos.
Aunque ahora se encontraba dormido, había dicho que en ocasiones incluso hablaba en sueños. Eso significaba que, aunque estuviera dormida, la consciencia de la espada, del dragón negro, seguía existiendo.
—… ¡Mierda!
—¿Hyung?
Se me erizó todo el cuerpo.
Este era un mundo mental.
Un lugar donde, si recordabas los poderes que habías poseído en el pasado, podías utilizarlos.
Eso significaba que una criatura que en otro tiempo había sido de clase L había entrado allí.
Si despertaba… No, aunque solo hablara en sueños…
Levanté inmediatamente a Yoohyeon entre mis brazos y utilicé la habilidad de teletransportación.
Me alejé tanto como pude de la Espada del Soberano y comencé a correr sin detenerme.
—¡Hyung! ¿Por qué…?
—¡Maldición, Yoohyeon! Intenta salir. ¿Puedes hacerlo?
Yoohyeon vaciló durante un momento y negó con la cabeza.
Como esperaba, no podía.
Justo después, una presión aterradora estalló detrás de nosotros.
Por un instante, las piernas estuvieron a punto de fallarme.
Un mensaje de la habilidad de Resistencia al Miedo apareció frente a mis ojos.
El cuerpo de Yoohyeon también se quedó completamente rígido.
Apreté los dientes y volví a teletransportarme. Apenas logramos salir del hueco que anteriormente había sido el lago cuando…
¡Ruuuum!
La tierra, todo cuanto nos rodeaba, se estremeció.
Al final no pude resistir más y me desplomé en el suelo mientras abrazaba a mi dongsaeng.
Vi el rostro de Yoohyeon, pálido no solo por la pérdida de sangre.
Intentaba mover el cuerpo obstinadamente, pero no podía hacer nada ante la diferencia de rango. Lo único que consiguió fue aferrarse a mi brazo.
—…Hyung, esto… —Su voz sonó débil entre sus breves jadeos.
¿Por qué no había previsto esta situación?
Sentí que la culpa me invadía, pero la aparté por la fuerza. No era momento de quedarse sentado arrepintiéndose.
Tenía que encontrar una solución como fuera.
¿Podríamos razonar con él?, una criatura de clase L no debía de ser un simple monstruo.
Cerré el puño con fuerza.
Las uñas transformadas se clavaron en la palma de mi mano. Gracias al dolor, la presión que ni siquiera la Resistencia al Miedo había conseguido disipar por completo disminuyó ligeramente.
Respiré con fuerza y, justo cuando estaba a punto de mirar hacia atrás…
[¿Desea invocar a Joven Caos?]
Una ventana de mensaje apareció.
¿Hacía falta preguntarlo?
¡Por supuesto que sí!
Respondí a la ventana de mensaje y giré la cabeza.
El hueco, que ya era enorme, se había expandido hasta que su final resultaba imposible de ver.
Se extendía en dirección al mar.
No, el agua estaba entrando en él, como si se hubiera conectado directamente con el océano.
Allí había una gigantesca figura negra.
Por reflejo, estreché todavía más a mi hermano menor entre mis brazos.
¡Chiiii!
El agua de mar que rodeaba la figura negra se evaporaba, volvía a subir y se evaporaba de nuevo sin cesar.
Me resultaba difícil contemplar directamente a aquella criatura, que se veía borrosa como un espejismo entre el calor y el vapor.
Mi corazón latía con violencia y se me erizó todo el cuerpo.
El brevísimo tiempo que tardé en girar la cabeza y mirarla me pareció tan largo como la eternidad.
La luz del amanecer resplandecía como un crepúsculo que se precipitaba hacia su final. Ni siquiera podía concebir la posibilidad de enfrentarme a ella. Si no hubiera sentido la calidez que protegía entre mis brazos, habría renunciado a todo y me habría limitado a esperar el final.
Sin embargo, obligué al aire atascado en mi garganta a salir.
—Resiste un poco más, Yoohyeon-ah.
Todo estaba bien.
Todo saldría bien.
Justo cuando intentaba recobrar la compostura como fuera…
—¡Kiiiiing!
Un sonido agudo resonó como si fuera a desgarrarme los oídos.
Incapaz de vencer mis instintos, cerré los ojos.
El cielo y la tierra volvieron a estremecerse y un rugido aterrador resonó a continuación.
Cuando el alarido monstruoso terminó, los alrededores quedaron repentinamente en silencio. La presión que oprimía todo mi cuerpo también disminuyó un poco.
Mientras intentaba ocultar a mi dongsaeng con todo mi cuerpo, apenas conseguí entreabrir los ojos.
La espalda de alguien apareció ante mi visión borrosa.
Una túnica familiar.
Sin embargo, no le quedaba holgada, sino perfectamente ceñida al cuerpo. Su largo cabello negro, recogido en una sola cola, ondeaba bajo el fuerte viento.
—Cuánto tiempo sin verte, lagartija.
Lo saludó con ligereza y el dragón volvió a gruñir con ferocidad.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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