Tras terminar aquella bulliciosa comida y haber resuelto algunos asuntos en la zona comercial, Seong-jin empezó a pensar en cómo separarse poco a poco de sus acompañantes.
—Voy a regresar a la posada. Ya que vinieron hasta aquí, aprovechen y diviértanse tranquilamente hasta la noche.
—¿Está seguro de que no pasa nada?
Aunque fingían lo contrario, todos tenían el rostro animado. Solo la recta dama María mostraba un gesto preocupado.
—Pero nuestra misión es proteger a su alteza.
—No te preocupes. Estaré con el lord Masain.
No era una excusa. Ahora que el comandante Bruno aún no había recuperado por completo sus niveles de aura, no había nadie en toda la ciudad, ni siquiera dentro del propio Escuadrón de Caballeros del Lobo que los acompañaba, que pudiera igualar la fuerza de Masain.
—También hay que pensar en cómo se sienten los jóvenes. Seguramente no tendrán muchas oportunidades de salir de la capital imperial, así que déjalos divertirse tranquilamente sin un superior.
—¿Jóvenes… qué?
El rostro de la dama María se tornó extraño, así que Seong-jin, dándose cuenta de su error, añadió rápidamente:
—Además, yo también estoy más tranquilo así. Solo iré a la posada a entrenar un poco.
Pero al escuchar esas palabras, Masain se sobresaltó y lo observó detenidamente con el semblante endurecido.
“¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Dije algo raro?”
Mientras Seong-jin estaba desconcertado, Masain se volvió hacia dama María.
—Hagamos como su alteza ha dicho.
—Pero, Lord Masain…
—No hay problema, pues yo acompañaré a Su Alteza. Además, debo admitir que me inquieta pensar qué ocurrirá si tú no mantienes bajo control a esos inmaduros.
Era cierto.
Al ver a los jóvenes caballeros tan exaltados, dama María lo comprendió.
Después de despedirlos, Masain permaneció callado por unos instantes, mirando fijamente a Seong-jin desde arriba.
Su expresión parecía contener muchas palabras, pero antes de que Seong-jin pudiera preguntar algo, Masain bajó la mirada y se inclinó con solemnidad.
—Entonces lo acompañaré hasta el alojamiento, Su Alteza.
“¿Y ahora qué mosca le ha picado?”
Observando la extraña rigidez en el rostro de Masain, Seong-jin regresó con una sensación incómoda a la posada.
—¿Ha regresado, Su Alteza?
Como si hubiera percibido que se acercaban, el comandante Bruno salió oportunamente al pasillo para recibirlos.
—Ah, comandante Bruno. ¿Descansaste bien?
—Sí, alteza. Pero ha regresado temprano.
—Sí. Me pareció que ya había visto más o menos todo lo que había que ver, así que regresé primero.
Entonces, mirando a su alrededor con cautela, Bruno se inclinó hacia él y murmuró en voz baja:
—Por cierto, ¿acaso no se encontraron con nadie afuera?
—¿Encontrarme? ¿Con quién?
—…No, nada.
El comandante Bruno zanjó el tema como pudo, tironeó de su bigote con gesto incómodo y se retiró discretamente a su habitación.
“¿Qué pasa? ¿Por qué todos se comportan así?”
Seong-jin frunció el ceño, pero no tenía tiempo para preocuparse por ellos. Primero debía resolver los problemas inmediatos.
Con la excusa de la meditación, se deshizo también de Masain y volvió solo a su cuarto, donde se cambió a las ropas de civil que había preparado. No parecían prendas de asesino, pero su color sombrío hacía que pasaran desapercibidas.
—[¿Piensas ir solo? ¿Sin esperar a esa mujer?]
—“Sí.”
Para que Dasha, infiltrada en la compañía Milo, pudiera moverse con libertad, tendría que ser de noche cerrada.
Pero desde antes, Seong-jin sentía una extraña corazonada: que debía moverse de inmediato, sin esperar. Así desplegó la ocultación del aura y abrió de par en par la ventana.
—…Entonces, ¿adónde se dirige, Su Alteza?
¡Ah!
Sobresaltado por la voz que de pronto sonó a su lado, Seong-jin estuvo a punto de perder el equilibrio y caer por la ventana.
Al alzar la cabeza, vio a Masain, con los brazos cruzados, observándolo desde la ventana de la habitación contigua.
—¿Lord Masain? ¿Ya lo sabía? ¿Desde cuándo?
—Desde que apartó a los caballeros y se mostró tan aliviado, Su Alteza.
“…Ah. Se notó demasiado”.
—Eh, sir Masain, esto en realidad, verás es que…
Mientras Seong-jin tartamudeaba buscando una excusa, Masain negó con la cabeza.
—No intentaré impedirle que haga lo que sea que vaya a hacer, Su Alteza. Pero esta vez tendrá que llevarme con usted sin falta.
—¿Eh?, pero…
—¡Sin falta!
En su rígido rostro, completamente serio, solo sus ojos ardían como volcanes en plena erupción.
A decir verdad, daba un poco de miedo.
—Eh, está bien. He dicho que está bien. Iremos juntos.
Al final, Seong-jin levantó las manos en rendición.
—¿Eso es el ocultamiento del aura? Es fascinante.
—Ugh…
Seong-jin caminaba junto a Masain rumbo al Centro de Distribución.
Y justo ahora comprendía, con amargura, por qué Dasha había insistido tantas veces en la “confianza”.
Porque, aunque usara la ocultación de aura con gran destreza, resultaba imposible engañar a un caballero de alto rango que lo miraba directamente. Con esa certeza, su confianza se desplomó y se volvió difícil incluso mantener el sigilo.
Sin saber si era consciente o no de la angustia de Seong-jin, Masain comenzó a evaluar sus movimientos, examinándolos minuciosamente.
—Es un manejo del aura realmente avanzado. Puedo sentir vívidamente el proceso sutil con el que controla cada fragmento. No sé cuándo ha crecido tanto, alteza. —Su expresión mostraba orgullo, pero también una pizca de melancolía—. Quizá sea una técnica demasiado difícil para alguien tan torpe como yo. Para seguir a su lado, alteza, no me queda otra que convertirme cuanto antes en Caballero Decaron.
Su rostro mostraba una resolución férrea.
Seong-jin quedó perplejo. ¿Más rápido aún?
El caballero Masain era lo que llaman un genio trabajador. Antes de cumplir los treinta, ya se hallaba en un nivel que solo los comandantes de escuadra más fuertes del palacio podían igualar. Teniendo en cuenta que en Delcross abundaban los talentos, probablemente ya figuraba en una clasificación a nivel continental.
Había contribuido enormemente, junto con el Santo Emperador y Logan, a crear la percepción de que ‘todos los miembros de la sagrada familia son genios’ y, aun así, decía semejante cosa con la expresión de un alumno reprobado que aspiraba apenas a no repetir el curso
—Me temo que infiltrarme con Su Alteza en esta ocasión sería demasiado para mí. Sin embargo, permaneceré cerca, así que llámame cuando me necesite. Acudiré de inmediato a ayudarlo.
Al llegar al centro logístico, Masain lo dejó marchar sorprendentemente sin resistencia.
—Entonces, lord Masain, ¿que vas a hacer?
—Aunque me avergüenza admitirlo, yo también soy miembro de la familia imperial. Tengo algunos contactos en el Centro de Distribución Logística. Se sentirán desconcertados si solicito una visita de repente, pero al menos no me echarán de la puerta —sonrió con suavidad—. Vaya con cuidado, alteza. Yo esperaré dentro del centro logístico, listo para acudir en cuanto algo ocurra.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
Después de separarse de Masain, Seong-jin siguió las indicaciones del Rey Demonio y se introdujo silenciosamente en el edificio.
La energía demoníaca permanecía inmóvil en el último piso del centro logístico, justo donde se encontraban las oficinas de mayor rango.
Subió sin problemas.
Pero al llegar arriba, la seguridad era claramente distinta. Expertos en aura custodiaban cada puerta, y entre ellos se ocultaban asesinos invisibles.
“Con esta seguridad, será difícil que Dasha pueda infiltrarse sola…”
Por suerte, Seong-jin logró acercarse sin ser detectado. Su ocultación de aura había alcanzado un nivel que incluso Dasha lo reconocía.
Y más aún: antes de que él percibiera a los asesinos, el Rey Demonio ya los había señalado. Así podía sortear sus zonas de detección con gran margen. De esa manera, llegó a una amplia oficina a mitad del pasillo. En la gran puerta colgaba una reluciente placa dorada.
Director de la sucursal norte de la Unión de Comerciantes: Wilhelm Schmidt’.
Seong-jin pensaba que el demonio no estaría relacionado, pero sorprendentemente, se hallaba oculto en el despacho del jefe.
—[Hmm. Es un demonio de nivel más bajo. Aunque está contaminando el lugar con mucha energía demoníaca, no es tan fuerte. Solo alguien con un poder sagrado realmente alto podría detectarlo].
Y esta fue la impresión de Seong-jin después de entrar a la oficina y ver al chico con sus propios ojos.
—“Ah, es un demonio.”
—[Pues claro que es un demonio. ¿Esperabas otra cosa?]
—“No, es que… ¿como decirlo?
Parecía la encarnación misma de lo que uno imaginaría al pensar: ‘así debe de lucir un demonio’.
Una cabra bípeda, del tamaño de la cintura de un hombre, con cabeza y cuernos de cabra. Vestía harapos raídos, y bajo ellos se veían sus patas velludas y pezuñas.
—[No es un demonio propiamente dicho, más bien un sirviente menor.]
Apretaba contra su pecho un pequeño libro de cuentas, y golpeaba nerviosamente las pezuñas mientras daba vueltas por la habitación.
Balaba sin cesar, murmurando algo en medio de sus lamentos.
—¿Qué es esto? ¿Qué es esto? Siento que se acerca un flujo de magia, meeeh…
Seong-jin arqueó una ceja. ¿Acaso había detectado la energía del Rey Demonio?
—Me dijeron que lo guardara, que lo guardara… ¿y ahora qué hago, meeeh?
Aun acercándose con el aura oculta, el demonio no lo notó. Solo temblaba, sumido en una vaga inquietud.
—Si viene un sacerdote, avisar. Si viene un paladín, avisar. Si viene un contratante, avisar. Pero si viene un humano común… ¿qué hago? ¿qué hago? ¿qué hago, meeeh?
Entonces se detuvo en seco y movió sus orejas y hocico. Sus pupilas horizontales temblaban en el vacío, incapaces de enfocar.
—Extraño, meeeh… Siento claramente la magia cerca…
Seong-jin lo miró con los brazos cruzados. Exceptuando al Rey Demonio, era la primera vez que veía un demonio en persona.
“Pues… no parece gran cosa”.
Claro, carecía de poder sagrado, así que no sabía hasta qué punto su fuerza funcionaría contra un demonio. Pero para darle un golpe en la cabeza y arrebatarle ese libro que abrazaba con tanto celo, parecía más que suficiente.
De hecho, ese objeto se veía muy importante.
“¿Pasará algo si se lo quito?”
Antes de lanzar el puñetazo, lo pensó un instante. Después de todo, según la ley sagrada y la imperial, los demonios carecían de derechos personales y de propiedad. Golpearlo y quitarle sus cosas no constituía delito.
“Entonces no hay ningún problema, ¿verdad?”
Concluido eso, soltó la ocultación de aura y, sin más, le estampó un golpe en la cabeza.
—[¡Espera, Seong-jin! ¡Un sirviente menor significa que…!] —El Rey Demonio no alcanzó a detenerlo y se sobresaltó.
—¡Kieeeh!
El demonio chilló horriblemente, rodando por el suelo. El libro que sujetaba cayó y rodó hasta los pies de Seong-jin.
—[…que hay un demonio fuerte controlando a este…]
—“¿Eh? ¿Qué dijiste?”
—[…Nada. Olvídalo, no importa.]
Seong-jin recogió el libro. Pero el demonio, chillando raro y sujetándose la cabeza, lo miró y de pronto rompió en llanto.
—¡Meeeeh! ¡Amooo!
Un berrido ensordecedor sacudió hasta el alma.
¿Eh? ¿Tiene un amo? ¿Me precipité?
—[¡Seong-jin! ¡Siento una enorme magia acercándose!]
Y antes de que el Rey Demonio terminara la frase…
¡Fwooosh! ¡Buuuummm!
Un vendaval irrumpió y la oficina entera tembló. Seguido de una voz atronadora que resonó con furia.
—¡Cómo se atreven! ¡¿Quién se atreve a tocar a mi subordinado?!
Oh, parece que esto se complicó.
Seong-jin escondió el libro tras la espalda y retrocedió un paso.
En el centro de la oficina, humo negro empezó a elevarse en espirales.
Era magia demoníaca.
De esa masa creciente emergió un demonio imponente.
Un cuerpo musculoso, piel roja cubierta de tatuajes negros, y unos enormes cuernos oscuros como los de un macho cabrío.
Aquella apariencia de manual era, sin lugar a dudas…
—“¡Un demonio!”
—[¡Te lo dije! ¡Es un demonio! ¿Qué rayos estabas pensando antes?]
Al ver el libro en las manos de Seong-jin, el demonio se enfureció. Sus ojos rojos parecían inundados de sangre; de las pupilas amarillas saltaban destellos como relámpagos. La magia negra creció con su furia, envolviendo su cuerpo y llenando la oficina hasta rebosar.
—¡Entrégalo ahora! ¿Sabes siquiera qué sostienes en tus manos?
—Al oírte decir eso, tengo todavía menos motivos para devolvértelo. —replicó Seong-jin mientras desenvainaba el Cascanueces y lo apuntaba de frente.
Mientras respondía, Seongjin desenfundó rápidamente el Cascanueces y apuntó con él hacia el frente.
Por algún motivo, aquel demonio parecía considerablemente fuerte, así que probablemente necesitaría la ayuda de los paladines, quienes poseían poder sagrado.
Como estaba desprendiendo tanta energía demoníaca, seguro que alguien percibiría la anomalía. Lord Masain también se pondría en movimiento, así que solo tenía que ganar un poco de tiempo.
Mientras evaluaba los huecos en la guardia del enemigo y calculaba sus opciones… algo inesperado ocurrió.
Los ojos amarillos del demonio se posaron en la espada que Seong-jin blandía. De pronto se abrieron desmesuradamente y su boca quedó entreabierta.
—¿Cómo… una reliquia sagrada? ¡Es-espera! ¡Esa espada! ¿El Cascanueces?
Entonces, de inmediato, la magia negra empezó a menguar. El cuerpo del demonio se encogió, los cuernos se redujeron, y sus ojos rojos recobraron un blanco reconocible.
—¿…?
Seong-jin lo miró, desconcertado. El demonio, con expresión incómoda, se rascó un colmillo sobresaliente y preguntó:
—Por casualidad, ¿qué relación tiene usted con el Santo Emperador?
¿Hm?
¿De repente quiere conversar?
—Soy su hijo.
—¿Qué?
—Que soy un príncipe del Sacro Imperio. Es decir, Su Majestad el Santo Emperador es mi padre.
—…
El demonio quedó consternado. ¡Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos, se transformó en humano!
Cuando la energía demoníaca desapareció por completo, apareció un hombre delgado con unas ojeras tan oscuras que parecían capaces de manchar todo lo que tocaran.
En su rostro de aspecto agotado había una evidente expresión de consternación, como si acabara de pisar una mina. Si Seong-jin no hubiera sabido que era un demonio, hasta podría haberle dado lástima.
—…Maldita sea.
El hombre contempló el vacío y murmuró con una mezcla de frustración y resignación.
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