Después de más de un mes de colaboración, Zhou Shiyu propuso invitarlos a comer, y dijo que también vendría su novio. La expresión con la que hizo la invitación anunciaba a las claras que el propósito principal de esa comida era presumir.
Esa noticia mantuvo a Feng Nuoyi en un estado de excitación durante toda una semana, ni siquiera el implacable puño de hierro del profesor de Diseño de Algoritmos logró derribarlo.
De camino a la cita, Zheng Moyang no dejaba de pasarle la mano por la espalda para calmarlo:
—Contén un poco tu entusiasmo.
El otro no le hizo el más mínimo caso, y seguía preguntando una y otra vez:
—¿De verdad está bien que comamos en un restaurante tan común? ¿Qué haremos si algún transeúnte lo reconoce?
Zheng Moyang, resignado, le recordó:
—Reservamos un privado.
—Ah —esa oleada de entusiasmo por fin se calmó, pero apenas unos segundos después volvió a preguntar en voz baja—: ¿No sería descortés pedirle un autógrafo apenas nos veamos?
Zheng Moyang suspiró:
—No, ya debe estar acostumbrado a esas cosas.
—Está bien —respondió Feng Nuoyi obedientemente, y de inmediato sacó pluma y papel, adelantándose a la ocasión.
El mesero los condujo al privado; Lin Songzhu estaba sentado en el centro, con la luz del techo cayendo sobre él, y junto con la vulgar decoración de estilo “real europeo” que los rodeaba, parecía una exquisita muñeca de porcelana colocada en la casa de una familia noble.
Feng Nuoyi quedó pasmado por su belleza durante un momento, y luego se apresuró a acercarse con pluma y papel en mano, diciendo con toda la cursilería del mundo:
—Soy tu súper fan, he visto todas tus series.
Si en ese momento Lin Songzhu le hubiera preguntado “¿en serio? ¿cuál te gustó más?”, Feng Nuoyi habría muerto socialmente en el acto, porque en realidad solo había visto fotos promocionales. Por suerte, aquel actor de tercera categoría no ahondó en el tema, le firmó el autógrafo con naturalidad, y respondió de manera muy protocolar: “Gracias por tu cariño”.
Feng Nuoyi, encantado, sostenía el autógrafo sin la menor intención de despegar los ojos de aquel rostro:
—Eres más guapo que en la pantalla.
Su entusiasmo fue tan intenso que hasta el aire acondicionado del privado pareció sentirlo, y de golpe aumentó su potencia; Lin Songzhu no tuvo más remedio que repetir varias veces: “Gracias”.
Zheng Moyang lo agarró del brazo por detrás y por fin logró que se moviera un paso, y entonces saludó a Lin Songzhu:
—Hola.
Los ojos del otro se iluminaron por un instante, y luego dijo con una sonrisa:
—Hola.
Zhou Shiyu presentó a su novio con los otros dos, sin apartar la mirada del rostro de Lin Songzhu ni un solo instante mientras hablaba.
—Todos son unos genios académicos —dijo Lin Songzhu con cortesía.
—Según la tasa de admisión, entrar al instituto de cine es más difícil —dijo Feng Nuoyi, olvidando por completo defender el honor de su propia universidad—. ¿Tienes algún proyecto nuevo? Tengo muchas ganas de ver tu próximo personaje.
—Estoy actuando en un drama contemporáneo, soy el hermano menor de la protagonista.
En la mente de Feng Nuoyi apareció de inmediato la imagen de un chico de al lado, tierno y obediente, y se puso a sonreír ante esa proyección imaginaria.
Zheng Moyang empezó a dudar de las preferencias de Feng Nuoyi; ¿no seria este tipo un pasivo?
Lin Songzhu, sometido a la mitad de las miradas presentes en la mesa, no tuvo más remedio que mirar a Zheng Moyang como pidiendo auxilio:
—Shiyu dice que desarrollaron una nueva app.
—Sí, una plataforma de video corto —dijo Zheng Moyang—. Es muy difícil invitar a creadores de calidad a unirse, así que por ahora no tenemos mucho contenido original.
Feng Nuoyi por fin salió de su ensueño estético:
—¿No hay contenido original? Entonces, ¿qué tienen?
Zheng Moyang le explicó:
—Contratamos a unos becarios, y trasladamos contenido de calidad de otras plataformas de video y de internet en general.
—¿Trasladar? ¿Eso no es una infracción?
Zhou Shiyu se rió desde el otro lado de la mesa:
—Tenemos tan poca influencia que todavía nadie se molesta en demandarnos.
—Además, los juicios toman tiempo y esfuerzo, así que por lo general nadie demanda —dijo Zheng Moyang—. Cuando trasladamos contenido, hacemos una selección; por ejemplo, si tiene más de cien mil seguidores, la probabilidad de meterse en problemas es más alta, así que trasladamos menos de esos. De los que tienen pocos seguidores, podemos trasladar más.
Feng Nuoyi frunció el ceño:
—¿Tener pocos seguidores significa no tener derechos?
—No hay otra manera —dijo Zheng Moyang—. Al menos hace falta cierta cantidad de contenido almacenado para poder tener usuarios. Si no trasladáramos contenido, ¿cómo íbamos a conseguir tantos videos de calidad?
La expresión de Feng Nuoyi dejaba muy clara su postura sobre el asunto, así que Zheng Moyang, con tino, dejó el tema de lado y en su lugar le preguntó a Lin Songzhu sobre su vida universitaria.
—Además de las clases de diálogo y actuación, también tenemos historia del cine chino y extranjero, introducción al arte, ese tipo de materias —dijo Lin Songzhu—. También tenemos clase de inglés universitario.
—Ya empezaron a ensayar la obra de graduación —respondió Zhou Shiyu en su lugar.
—¿Y ustedes? —preguntó Lin Songzhu—. ¿Ha pasado algo interesante en la universidad?
—En tercer año hice un intercambio en Nueva York durante medio semestre —dijo Zheng Moyang—. Las materias del intercambio solo se calificaban como aprobado/reprobado, sin nota, así que ese medio año no estudié mucho, me divertí bastante; en Halloween hasta fui varias veces a repartir dulces desde una carroza del desfile.
Al escucharlo, Feng Nuoyi sintió una punzada de melancolía: recordó su posible viaje frustrado a Japón.
—Siempre me ha dado un poco de curiosidad —dijo Lin Songzhu—, ¿de verdad los universitarios estadounidenses son como en las series, que todos fuman marihuana?
Feng Nuoyi se quedó ligeramente atónito, sin esperar que saliera un tema así.
—No es tan exagerado, depende sobre todo de la persona —respondió Zheng Moyang—. Aunque la verdad fumar marihuana no se considera gran cosa; en los dormitorios o en las fiestas de vez en cuando se ve a alguien fumando un cigarrillo de marihuana. En el estado de Nueva York todavía no era legal, pero tampoco venía la policía a intervenir.
Dicho esto, la siguiente pregunta ya se veía venir. En efecto, Lin Songzhu preguntó de inmediato:
—¿Y tú alguna vez lo probaste?
—Algunos compañeros mayores del círculo la fuman —dijo Zheng Moyang—. A mí no me interesan ese tipo de cosas que embotan los nervios, prefiero mantenerme siempre lúcido.
Con distintos motivos, los otros tres suspiraron al mismo tiempo, sin haberse puesto de acuerdo.
En ese momento sonó de golpe el celular. Lin Songzhu miró de reojo la pantalla y dijo, con cierto tono de disculpa:
—Es mi representante, tengo que contestar.
Luego salió del privado y cerró la puerta. Feng Nuoyi no dejó de hacer lo que hacía solo porque alguien se había ido, y seguía envolviendo con dedicación sus rollitos de pato laqueado. Zheng Moyang, en cambio, apartó su silla y se puso de pie, diciendo que iría al baño.
Como era día laborable, el restaurante no tenía mucha gente, y por el camino se veían bastantes privados sin la luz encendida. Zheng Moyang sacó del bolsillo una cajetilla de cigarros, se puso uno en la boca, y luego sacó el encendedor.
En realidad no fumaba; llevaba cigarros consigo solo porque algunos clientes podían fumar. Al salir del privado, miró a ambos lados y se dirigió hacia el pasillo de emergencia, donde apenas había gente.
Para tratarse de una llamada, aquella persona se había alejado demasiado.
En efecto, desde el hueco de la escalera llegaba el murmullo vago de una voz. Se recostó lentamente contra un ángulo ciego que el otro no podía ver, la sombra cubriéndole medio rostro, con el cigarro todavía intacto en la boca.
—Bien, director Liu, nos vemos mañana por la noche —la voz de Lin Songzhu sonaba como deliberadamente afectada, empalagosamente dulce hasta resultar antinatural. Después, como si el otro hubiera dicho algo, soltó una risa muy melodiosa—: Entonces le agradezco sus atenciones… ¿Qué? Qué bromista es usted, ¿cómo iba yo a tener tanto prestigio como para conocer al director Zhao…
La conversación parecía acercarse a su fin, y Lin Songzhu empezó a hablar sobre los detalles del encuentro. Zheng Moyang, al escuchar aquel tono afectado y remilgado, pensó que en verdad tenía un futuro prometedor; al menos, actuaba bien.
Después de una despedida extremadamente empalagosa, se oyó el sonido de colgar, y luego un largo suspiro. Zheng Moyang sacó el encendedor, y en el pasillo resonó un chasquido.
Aunque estaban separados por un tramo de escaleras, Zheng Moyang podía imaginarse perfectamente la expresión en el rostro del otro. En efecto, al instante siguiente, un rostro inquieto apareció frente a él.
—¿Desde cuándo estás aquí? —Lin Songzhu lo miró fijamente.
—Lo suficiente para darme cuenta de que no hablabas con tu representante —Zheng Moyang se sacó el cigarro de la boca y lo apagó despreocupadamente con el pie.
Lin Songzhu lo miró como si enfrentara a un gran enemigo:
—¿Qué quieres?
Zheng Moyang sonrió levemente:
—¿Por qué piensas eso? Apenas te conozco, no pienso meterme en lo que no me importa, y mucho menos usar esto para chantajearte. Solo tengo un poco de curiosidad: ¿por qué estás con Zhou Shiyu? Él solo es un estudiante de cuarto año, no puede ofrecerte ningún tipo de recurso.
Lin Songzhu lo observó largamente, como si estuviera calculando la credibilidad de esas palabras, y luego frunció el ceño, cruzando los brazos y apoyándose en la pared:
—¿Acaso él no merece que lo quieran?
—Se nota que está profundamente enamorado de ti —dijo Zheng Moyang—. ¿De verdad lo elegiste solo por eso?
—¿Y por qué no? —dijo Lin Songzhu con frialdad—. En este círculo, hay muchísima gente rica y poderosa, pero el cariño sincero que se puede encontrar es lamentablemente escaso.
—¿En serio?
—Además, que sea así ahora no significa que será así después; confío en que él tiene un futuro prometedor.
Zheng Moyang tuvo muchas ganas de preguntarle: ¿y qué te hace pensar que para entonces él todavía te va a querer? ¿De verdad tienes la confianza de poder ocultárselo tantos años, y de que él siga obedeciéndote fielmente todo ese tiempo? Pero el futuro y la vida ajena no eran asunto suyo.
—No pienso decírselo —dijo Zheng Moyang—. Nunca me ha gustado meterme en la vida sentimental de los demás.
Lin Songzhu ladeó la cabeza, con un ángulo controlado con una precisión exquisita, como todo actor acostumbrado a la cámara, que sabe desde qué ángulo resulta más cautivador:
—De verdad me gusta él, aunque quizás no me creas.
—¿Por qué no habría de creerte? —dijo Zheng Moyang en tono consolador—. Este oficio de actor es muy difícil, seguro tienes tus propias razones.
—No lo entiendes —la voz de Lin Songzhu adquirió un matiz de resentimiento—. Si yo hubiera nacido con tu apariencia, podría protagonizar dramas serios, de artes marciales, románticos, lo que fuera. Pero yo no puedo; a mí siempre me toca ser el hermano menor de la protagonista, o el amigo del protagonista, papeles que cualquiera puede interpretar. Si no me acuesto con nadie, el papel se lo dan a alguien que sí esté dispuesto; ¿quién puede resignarse a nunca triunfar en toda su vida?
Qué interesante, pensó Zheng Moyang, ¿será verdad lo que decía Milan Kundera, que el alma y el cuerpo pueden separarse? Acostarse con otros por recursos, sin que eso le impida amar en silencio a su novio desconocido.
—La verdad, a mí me parece que en un par de años el rumbo podría cambiar —le dijo a aquel actor lleno de resentimiento—. Una vez que despierte más la conciencia femenina, en comparación con el tipo de masculinidad tradicionalmente dominante, habrá quienes prefieran un tipo más suave, que les permita a ellas ocupar el rol dominante.
—¿No podría llegar un poco más rápido?
Zheng Moyang sonrió levemente:
—Conozco a un compañero mayor que trabaja en un fondo de inversión privado, últimamente tiene intención de invertir en una película de autor; tal vez haya un papel que te quede bien. Si te interesa, te puedo poner en contacto.
—¿En serio? —la expresión de Lin Songzhu pasó de la nube al sol, pero enseguida asomó un dejo de duda—. ¿Y me vas a ayudar así, sin más?
—Considéralo como hacer un amigo —dijo Zheng Moyang con tono despreocupado—. Tal vez algún día yo también necesite que me hagas un favor a mí.
Fue muy eficiente: en el acto llamó a aquel compañero mayor y le envió una foto de Lin Songzhu; el otro se mostró muy interesado y le dejó a Lin Songzhu su contacto personal.
—Gracias —dijo Lin Songzhu, sosteniendo el celular con indecisión—. Por esto, y también por guardarme el secreto.
—Ya te dije que no hace falta preocuparte —Zheng Moyang miró la hora—. Parece que salimos por demasiado tiempo.
—Entonces volvamos —dijo Lin Songzhu, mirándolo de reojo, con un tono entre burlón y a modo de prueba—. Y yo que pensaba que ibas a pedirme algo más.
Zheng Moyang lo miró un momento y, para su sorpresa, soltó una carcajada.
—Sin ánimo de ofender —dijo—, con que le eches un buen vistazo a mi novio, no habría manera de que pensaras que tengo esas intenciones.
Lin Songzhu no lo dijo en voz alta, pero su expresión dejaba claro que dudaba de su buen gusto estético.
Zheng Moyang le hizo un gesto con la mano para que volviera primero, mientras él lo seguía por detrás.
Feng Nuoyi ya había completado, evidentemente, su gran empresa de comer, y estaba limpiándose las manos con una toallita húmeda; al oír el ruido, levantó la cabeza y le preguntó:
—¿Por qué te tardaste tanto?
—Justo me entró una llamada, así que hablé un rato afuera —luego señaló la comisura de su propia boca, indicándole a Feng Nuoyi que se limpiara los restos de comida en la cara.
La carne sobre la mesa ya estaba casi terminada; por suerte Lin Songzhu casi no comía, así que Zheng Moyang logró evitar el hambre con los platos de verduras. Los demás bebieron un poco de cerveza, y luego salieron a pagar la cuenta.
Zheng Moyang caminaba por la calle de comida con su novio, ya bien comido y bebido, y observó con asombro que el otro tenía pasos inestables, hablaba de forma poco clara, y se le pegaba encima a cada rato sin querer soltarlo.
—¿No me digas que te emborrachaste con cerveza? —lo sujetó a tiempo cuando el otro tropezó.
—Se me olvidó decírtelo, aguanto muy poco el alcohol —Feng Nuoyi apoyó la cabeza en su hombro—. Y además apenas llevo poco tiempo siendo mayor de edad, no he tenido mucho tiempo para practicar.
—¿Así que de menor de edad no bebías? Qué niño tan obediente —dijo Zheng Moyang en tono burlón—. Cuidado, que te voy a emborrachar.
A Feng Nuoyi no pareció importarle, y puso una expresión de embeleso:
—Lin Songzhu no tiene ni un poco de aires de estrella, es súper amable.
—Sí —dijo Zheng Moyang—. Lo que pasa es que no es muy inteligente.
Feng Nuoyi ladeó la cabeza para mirarlo:
—¿No muy inteligente?
—Los dos, en realidad.
—¿Cómo que el shixiong no es inteligente?
Zheng Moyang le revolvió el cabello:
—Eso tú no lo entenderías.
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