Efectivamente, hubo una época en la que compartieron momentos de profunda intimidad.
Tal como mencionaban los mensajes de La Impermanencia, durante aquel tiempo, Yu Qing solía perder algunos fragmentos de alma.
Al principio, esto siempre ocurría cuando ayudaba a los devotos a cumplir sus deseos, ya fuera porque los lugares eran demasiado estrechos, caóticos y difíciles para moverse, o porque había demasiados objetos estorbando, cosas a las que Yu Qing no prestaba mayor atención. Siempre realizaba las ejecuciones de manera limpia y rápida, y tras sacudirse la sangre, cambiaba de piel y se marchaba al instante, sin percatarse de que había dejado algo atrás.
Dado que esto nunca antes había sucedido, al principio tampoco consideró que fuera algo grave.
Durante ese periodo, cada vez que La Impermanencia pasaba por los lugares donde Yu Qing había cobrado vidas, ya fuera para otorgar descanso eterno o para cazar fantasmas, tenía que rebuscar en medio del caos y revisar meticulosamente antes de marcharse tranquilo.
Una vez, le envió a Yu Qing una foto del lugar de los hechos: sobre un fondo sangriento y caótico, mostraba la palma de su mano abierta y, en el centro, reposaba un fragmento de color blanco brumoso. A simple vista, parecía tan diminuto que resultaba fácil pasarlo por alto si no se prestaba atención.
Le siguieron un par de mensajes.
«Solo había oído decir que las lágrimas de algunas sirenas se convierten en perlas.»
«No sabía que también se te caían al pelear.»
Yu Qing: ¿?
Después de eso, como en ocasiones anteriores, La Impermanencia cubría los ojos de Yu Qing desde atrás y, a través de esos profundos y hermosos ojos del Hua Pi, le devolvía ese diminuto e inofensivo fragmento de alma.
La única diferencia era que, a sus diecisiete años, eso se limitaba a devolverle el fragmento. Pero ahora, se había vuelto mucho más íntimo.
A veces, mientras La Impermanencia le cubría los ojos y sentía el leve roce de las pestañas de Yu Qing contra su palma, y veía cómo su garganta se movía al absorber el fragmento de alma, no podía evitar inclinar la cabeza para besarle el cuello.
Y mientras lo besaba, murmuraba: —Siempre me pregunto si tienes alguna fuga por ahí, porque siempre andas perdiendo pedazos.
Al oír esas tonterías, Yu Qing siempre estaba a punto de replicar, pero apenas abría la boca, sus palabras se ahogaban en un beso.
Ese día no fue la excepción.
Como su estado de fantasma vengativo no se había desvanecido en lo más mínimo, La Impermanencia le cubría los ojos con un poco más de fuerza de lo habitual, obligando a Yu Qing a apoyar la nuca en su hombro y a alzar ligeramente la cabeza.
—Ah… tengo los sentidos un poco alterados ahora mismo, parece que se me fue la mano con la fuerza —se disculpó La Impermanencia en voz baja al darse cuenta, aflojando de inmediato la presión de sus dedos.
Sin embargo, debido al movimiento de alzar la cabeza que había tensado la piel de su cuello, Yu Qing sintió un dolor punzante desde la garganta hasta un costado del cuello.
En realidad, ese tipo de dolor no significaba nada para él. En comparación, la sensación del fragmento de alma fusionándose de nuevo con él era mucho más notoria.
Pero muy pronto su atención se desvió hacia su cuello, porque sintió la respiración y el roce de La Impermanencia justo en ese lugar.
En su estado de fantasma vengativo, la respiración de La Impermanencia era abrasadora, pero lo que Yu Qing sentía no era un beso, sino la fría punta de la nariz de La Impermanencia recorriendo desde su garganta hasta el costado del cuello.
Como si estuviera olfateando algo.
Bajo la mano que le cubría los ojos, los párpados de Yu Qing temblaron levemente y no pudo evitar preguntar: —¿Qué estás haciendo?
Apenas acababan de entrar, y, como de costumbre, las luces del bajo ático estaban apagadas. Las luces de la ciudad quedaban bloqueadas por el cristal de la ventana, y salvo un recuadro iluminado en el suelo, el resto de la habitación estaba sumido en una penumbra ambigua.
—Hueles a sangre. —Después de olfatear un poco, la voz levemente ronca de La Impermanencia sonó en el cuello de Yu Qing—: ¿Qué clase de idiota ciego fue capaz de hacerte un corte tan largo?
En la oscuridad, todos los sentidos se agudizan. El tener los ojos tapados, junto con la respiración y el roce, le resultaba a Yu Qing un poco irritante, así que contestó con voz algo arrastrada: —Quién sabe, me lo hice con un cristal.
La verdad es que ni se había dado cuenta de ese pequeño rasguño.
Solo recordaba que, entre los tres tipos que acababa de liquidar, uno de ellos había roto una botella de cristal.
Al ver cómo Yu Qing, con una expresión gélida, les rompía el cuello a sus dos compañeros, el hombre debió enloquecer de miedo, y no dejaba de agitar salvajemente el trozo de cristal que tenía en la mano.
Incluso cuando Yu Qing, con la cara impasible, le sujetó la mandíbula, siguió forcejeando desesperada y desordenadamente. Y a Yu Qing le dio pereza esquivarlo.
Seguramente se hizo el rasguño en ese momento.
Tras la respuesta, Yu Qing sintió que la respiración de La Impermanencia en su cuello se detuvo un instante, y su tono de voz denotó una ligera sorpresa: —¿Un tipo común y corriente? ¿Con un cristal?
Yu Qing asintió: —¿Qué pasa?
Aún tenía los ojos cubiertos y no había ningún espejo delante; e incluso si lo hubiera, no podría distinguir el corte en su cuello.
Después de todo, la habitación estaba demasiado oscura.
Pero por el grado de dolor, suponía que no era una herida grave, a lo sumo un corte fino.
Solo que el lugar de hoy era tan asqueroso, sucio y maloliente que no podía soportar estar allí ni un segundo más. Se deshizo de ellos y regresó tan rápido que el corte no tuvo tiempo de sanar por completo, dejando que La Impermanencia captara el leve olor a sangre residual.
Tal vez porque Yu Qing casi nunca aparecía herido, La Impermanencia parecía estar bastante intrigado por ese rasguño superficial.
Aunque Yu Qing no podía verlo, sentía cómo la mirada de La Impermanencia se clavaba en su cuello sin apartarse un solo instante.
Tanto fue así que hasta Yu Qing empezó a dudar de la gravedad de la herida.
Agarró la mano de La Impermanencia que le tapaba los ojos para quitársela y buscar un espejo o un cristal donde mirarse. Pero sintió que La Impermanencia volvía en sí y, como si quisiera fastidiarlo a propósito, le tapó los ojos con aún más fuerza.
—Nada. —La voz de La Impermanencia seguía siendo muy grave, y su respiración aún acariciaba su piel—: No es profundo, solo lo estoy examinando.
—¿Examinando qué?
—El proceso de curación. —Respondió La Impermanencia en voz baja—: Es la primera vez que veo cómo una de tus heridas se cierra y desaparece.
Cada vez que La Impermanencia entraba en su estado de fantasma vengativo, nunca dudaba en abrirse cortes letales por todo el cuerpo, pero jamás se había detenido a observar detalladamente esas heridas.
Dado que en ese estado el comportamiento y las palabras de La Impermanencia siempre adquirían un toque excéntrico, que de repente le diera por observar cómo sanaba una herida no era, en realidad, nada extraño.
Justo cuando Yu Qing empezaba a pensar que La Impermanencia llevaba demasiado tiempo observándolo, sintió que le depositaba unos besos suaves justo donde estaba la herida.
—¿Ya se cerró? —preguntó Yu Qing.
—Mm. —La respuesta murmurada de La Impermanencia resonó pegada a su cuello—: Es la primera vez que lo veo… es curioso.
Al tener los ojos cubiertos y estar sumido en el aturdimiento provocado por la oscuridad y los besos, Yu Qing no pudo notar cómo los hombros y el cuello de La Impermanencia se tensaron por un instante para luego relajarse.
El cuello es el punto más vulnerable entre los vulnerables.
La Impermanencia, que a menudo se veía obligado a herirse a sí mismo para alcanzar el estado cercano a la muerte, sabía mejor que nadie lo difícil que era para un dios fantasmal que alguien más lo lastimara en ese lugar.
Un humano común, con un simple trozo de cristal. Podría haberle hecho un corte en el dorso de la mano, en el brazo, en la muñeca o incluso en la mandíbula o la cara, pero si un corte en el cuello tardaba tanto en sanar…
No era en absoluto una buena señal.
Eso significaba que este dios fantasmal estaba sufriendo cierta debilidad, por lo que resultaba mucho más propenso a resultar herido.
La Impermanencia llevaba muchísimos años en la ciudad isleña y estaba al tanto de muchas cosas. Al ver el corte de Yu Qing, se le cruzaron un sinfín de posibilidades por la cabeza. La mayoría de ellas lo preocupaban un poco, pero al final de cuentas, ninguna era un problema imposible de resolver.
Excepto una…
Solo había una posibilidad que le daba pánico contemplar.
Y ese pensamiento era… ¿Y si Yu Qing aún estaba vivo?
¿Qué pasaría si en realidad no pertenecía a la ciudad isleña y había llegado allí antes de su hora?
Después de aquel día, La Impermanencia volvió a encontrar fragmentos de alma de Yu Qing en repetidas ocasiones.
Eran tan minúsculos que apenas alcanzaban el tamaño de una perla. Para un dios fantasmal ordinario, incluso si no los recuperaba de inmediato, solo significaría sentirse algo débil por unos días, o tener fiebre como un humano común, recuperándose tras un breve descanso.
Pero Yu Qing los perdía con demasiada frecuencia.
Al principio, La Impermanencia le buscó una excusa a ese estado, usando las mismas palabras de Yu Qing:
Como Hua Pi, se la pasaba poniéndose y quitándose pieles constantemente, dejando su alma al descubierto por un instante en cada cambio. Por eso, era distinto a los demás dioses fantasmales, y era normal que algo se le desprendiera.
Sin embargo, en ciertos y muy contados momentos, cuando Yu Qing no estaba a su lado, La Impermanencia pasaba por el centro de la ciudad, levantaba la mirada hacia el edificio más alto de la ciudad isleña y se quedaba absorto de repente.
Si realmente se tratara del desgaste por cambiarse de piel, eso debería haber empezado desde el momento en que se convirtió en Hua Pi.
Pero durante ese primer año, él, como el dios encargado de “dar descanso eterno y limpiar”, había recorrido muchos de los lugares por los que Yu Qing había pasado, y jamás había encontrado ningún fragmento de su alma.
Ni una sola vez.
Casi todos los dioses de la ciudad isleña sabían muy bien que, de vez en cuando, algún vivo entraba por error. Y esos vivos, bajo ninguna circunstancia, debían entablar lazos demasiado profundos con los habitantes de la ciudad, porque de lo contrario, se irían debilitando cada vez más.
Hasta que su alma se desgastara por completo y se desvaneciera para siempre.
Durante ese periodo, La Impermanencia recorría la ciudad isleña de punta a punta casi a diario. Ya no se limitaba a los lugares donde Yu Qing había ejecutado criminales o había peleado; iba a todos los sitios donde él pudiera haber estado y recorría los mismos caminos.
Buscaba y, al mismo tiempo, rogaba volver con las manos vacías.
Hasta que un día, encontró un fragmento del alma de Yu Qing en la zona costera.
Allí soplaba una inusual y suave brisa marina, y la noche era tranquila y plácida. No se había producido ningún enfrentamiento ni pelea; no había caos ni desastre que limpiar. Lo único que había sucedido allí era que, poco tiempo antes, el dios fantasmal Hua Pi había pasado casualmente por el lugar mientras respondía a un mensaje de texto.
La madrugada que encontró el fragmento de alma, La Impermanencia abrió la conversación con su único contacto en el móvil incontables veces, solo para volver a cerrarla, una y otra vez, incapaz de escribir una sola frase completa.
En la hora más profunda de la noche y con la lluvia en su punto más álgido, trepó en silencio hasta el edificio más alto de la ciudad isleña.
A esa hora, Yu Qing ya estaba dormido, descansando plácidamente en su cama como de costumbre. Solo el pequeño esqueleto percibió el repentino olor a lluvia del exterior y levantó la cabeza desconcertado.
La Impermanencia se llevó un dedo a los labios para pedirle silencio y luego, con la capucha puesta, se quedó de pie afuera de la ventana durante mucho tiempo.
Tanto tiempo que las luces de la mitad de la ciudad isleña ya se habían apagado. Entonces bajó la mirada y reabrió lentamente las heridas de sus zonas vitales, esas que se había hecho antes de ir allí y que habían vuelto a cerrarse durante el largo silencio.
En un instante, la sangre brotó a borbotones, y el color escarlata se mezcló con la lluvia que caía sobre la zona baja de la ciudad. Bajo su capucha, el cabello, que en su mayor parte se había vuelto negro, volvió a teñirse de blanco.
No fue sino hasta que dejó de gotear sangre y logró contener poco a poco esa abrumadora aura fantasmal que, por primera vez, envuelto en silencio y bajo esa apariencia de fantasma vengativo, entró en la habitación por la ventana abierta.
Se inclinó, observó a Yu Qing en silencio durante un buen rato y extendió la mano para tocarle el rostro.
Sus dedos no se detuvieron en la piel, sino que se sumergieron en su cuerpo.
Ese par de manos había aniquilado incontables almas y masacrado a un sinfín de espíritus malignos. Y esta era la primera vez que tocaban el alma de alguien con tanta delicadeza.
Poseía una habilidad envidiada por muchos dioses: con solo tocarla, podía percibir qué marca llevaba el alma bajo sus dedos, si pertenecía a la ciudad isleña… o si aún estaba viva.
Mirando el rostro de Yu Qing, sus dedos percibieron la calidez de su alma.
A un lado, el pequeño esqueleto, inusualmente tranquilo, no le gruñó. Como si intuyera algo, permaneció sentado allí en silencio, con sus cuencas oscuras clavadas en La Impermanencia sin parpadear.
Viendo cómo sus ojos, bajo el desordenado flequillo, reflejaban la tenue luz de la ciudad en la distancia, con la mirada ligeramente baja, en un silencio y una quietud absolutos.
Efectivamente, hubo una época en la que compartieron momentos de profunda intimidad…
Justo antes de esa silenciosa noche de lluvia.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.