Yu Qing aún estaba vivo; cuando entró por error a la ciudad isleña, apenas tenía quince años; le quedaba toda una larga vida por delante.
En realidad, esto era algo bueno, un motivo de alegría. Pero La Impermanencia no logró esbozar ni la más mínima sonrisa. Mientras asimilaba este hecho lentamente en medio de un prolongado silencio, descubrió que era mucho más difícil de lo que se había imaginado.
Tal vez por la influencia de su naturaleza como fantasma vengativo, en innumerables ocasiones se le cruzaban pensamientos impulsivos por la mente: ¿De verdad tengo que alejarme? Pues no me da la gana.
Por muy inmensa que fuera la ciudad isleña, tenía un límite, y él era muy rápido; podía recorrerla varias veces al día si quería. Por cada fragmento de alma que Yu Qing perdiera, él lo encontraría; podía seguirlo a todas partes, buscar sin descanso, recoger todas esas perlas esparcidas por los rincones de la ciudad y devolvérselas una por una sin que faltara ninguna.
En la ciudad isleña siempre habría un sinfín de fantasmas que necesitarían descanso eterno o ser erradicados; como dios fantasmal encargado de eso, su vida estaba destinada a ser larga e interminable; podría acompañarlo por muchísimos años…
Por eso, al principio, eso fue exactamente lo que hizo.
Pero un día se dio cuenta de que, aun devolviéndole esos fragmentos de alma, el desgaste cada vez más grave no se detenía. El tiempo que los fragmentos tardaban en integrarse era cada vez mayor; tarde o temprano, en el instante en que el Hua Pi se despojara de su piel, el alma que quedaría al descubierto estaría plagada de grietas y heridas abiertas.
Durante ese tiempo, al estar siempre buscando fragmentos, La Impermanencia recorría los rincones de la ciudad isleña con mucha más frecuencia que antes. Fue así como, un día, se cruzó con la diosa Meng Po.
En aquel entonces, Meng Po estaba profundamente angustiada por su otra mitad de alma. Movida por la desesperación, le pidió a La Impermanencia un favor: que le ayudara a erradicar esa otra mitad de su alma.
No debía ser un descanso eterno, sino una erradicación completa, preferiblemente, devorada y exterminada.
En realidad, antes de eso, Meng Po y La Impermanencia no se conocían a fondo. Ella tampoco estaba segura de que él aceptaría tal petición; después de todo, en la ciudad isleña cualquier secreto podía extenderse rápidamente, y él podría ganarse una reputación aún peor por ello.
Pero para su sorpresa, aquel joven dios, famoso por su comportamiento impredecible y su paradero incierto, le hizo a Meng Po una pregunta de forma muy seria: —¿Sabes dividir almas, verdad?
Meng Po asintió.
Y solo por esa respuesta, La Impermanencia aceptó ayudarla.
Cuando los dioses fantasmales se devoran entre sí, pueden adquirir las habilidades del otro. Al devorar la mitad del alma de Meng Po, aprendió a dividir almas.
Incluso cuando aún no dominaba bien la técnica, la usó varias veces. Separaba una pequeña parte de su propia alma, fingía haberla encontrado por casualidad como si fuera un fragmento perdido, y aprovechando el momento de devolvérsela, reparaba en secreto las grietas y el desgaste del alma de Yu Qing.
Un fragmento de alma tan pequeño no despertaría sospechas. Aun así, temía que Yu Qing notara algo extraño, por lo que siempre escogía la madrugada para devolverle el alma, cuando Yu Qing estaba más adormilado y menos alerta.
Y en esa época, Yu Qing siempre estaba adormilado.
Una vez, mientras le cubría los ojos, La Impermanencia introdujo una pequeña fracción de su propia alma. Luego, con la mano, palpó suavemente el alma de Yu Qing.
Pudo sentir cómo ese pequeño fragmento atravesaba demasiadas grietas; al integrarse en el alma de Yu Qing, ni siquiera produjo la más mínima onda.
Era una gota en el océano, un esfuerzo inútil.
Y mientras abrazaba por la espalda a la persona que amaba, sintió, por primera vez, una abrumadora impotencia.
Pensó… que en verdad era un bastardo egoísta.
A partir de entonces, empezó a buscar la manera de que Yu Qing se alejara de él, pero siempre le faltaban motivos. A pesar de tener tan mala reputación y que se hablaran tantas cosas horribles sobre él, en ese momento se daba cuenta de que le seguía faltando un motivo para alejarlo.
Hasta aquella madrugada en la que fue a buscar a Yu Qing para devolverle un fragmento de alma.
Para ese entonces, el cuerpo de Yu Qing ya había asimilado varios fragmentos del alma de La Impermanencia. Al cubrirle los ojos, la fracción de alma que le estaba entregando y el cuerpo original de La Impermanencia empezaron a atraerse mutuamente.
En ese instante, para Yu Qing, fue como si una parte de su alma estuviera temblando, desprendiéndose, despojándose e intentando escapar de su cuerpo.
Esa sensación debía ser muy parecida a ser devorado y exterminado.
La Impermanencia sintió cómo el cuerpo de Yu Qing se tensaba, en una reacción instintiva de alerta y defensa propia del alma.
Por supuesto que La Impermanencia no iba a devorarlo.
Pero al ver la repentina tensión en los hombros y la espalda de Yu Qing, pensó de repente que tal vez así debían ser las cosas.
El miedo a ser devorado superaba incluso al terror de estar al borde de la muerte; era un instinto incontenible. Incluso un dios fantasmal sentiría pánico ante ello.
Si Yu Qing le tenía miedo…
Cuando esa idea cruzó por la mente de La Impermanencia, se quedó aturdido por un instante. Pasó mucho tiempo hasta que logró formular lentamente la segunda mitad de esa frase:
Si tiene miedo, entonces seguramente ya no le gustaré.
Y así… ¿El desgaste de su alma será un poco más lento?
Bajo la sombra de esas palabras, bajó la cabeza rígidamente. En el fondo, deseaba con todas sus fuerzas darle a esa persona que tanto amaba un beso consolador, decirle que no tuviera miedo.
Pero, al final, le mordió el cuello.
El dolor punzante en una zona vital, mezclado con el terror a ser devorado, era algo insoportable para cualquiera; provocaría de forma natural rechazo, evasión, alerta e incluso el impulso de huir.
La Impermanencia cerró los ojos por un segundo, y de repente se apartó y retrocedió un par de pasos.
Las luces de la habitación estaban apagadas; todo el inmenso espacio estaba sumido en la penumbra, desdibujando los contornos, pero aun así pudo ver los ojos de Yu Qing devolviéndole la mirada con asombro.
—¿Qué te pasa? —Yu Qing se limpió el hilo de sangre que brotaba de su cuello. Su mano, que ni siquiera temblaba cuando el Hua Pi arrebataba vidas, estaba ahora ligeramente inestable debido a lo que acababa de ocurrir.
En realidad, a La Impermanencia le pasaba lo mismo.
Se frotó incesantemente los dedos que le colgaban a los costados y parpadeó con extrema lentitud en medio de la oscuridad. Sabía que debía decir alguna otra cosa, pero cuando abrió la boca, lo único que preguntó fue: —¿Te duele?
Poco a poco, Yu Qing fue saliendo de la confusión; negó levemente con la cabeza y volvió a preguntar: —¿Qué te pasa?
—Lo de siempre —contestó La Impermanencia.
—¿Lo de siempre?
Su cabello, con unos cuantos mechones aún blancos, colgaba desordenadamente, cubriéndole a medias la vista. La Impermanencia se lamió el sabor a sangre de los labios y habló con lentitud: —Acabo de hacer algo imperdonable, ¿verdad?
Cuando apenas empezaba a conocer a Yu Qing, ya se lo había dicho: «Si me ves en estado de fantasma vengativo, asegúrate de mantenerte alejado; yo tampoco sé qué soy capaz de hacer en esos momentos».
Se quedó en silencio por un instante y, mirando a Yu Qing a través de los mechones de su cabello, dijo con voz ronca y baja: —La verdad es que siempre he sido así. Este estado es muy peligroso, pierdo el control. No debí haber venido a buscarte así, debí haberte advertido que te mantuvieras lejos de mí.
En realidad, no se trataba solo de eso…
Debería haberlo tenido presente en todo momento; no debió haberse acercado para empezar. Es solo que, cada vez que veía a esta persona, su corazón latía y se desbocaba con tanta fuerza que siempre se dejaba llevar por sus impulsos y se olvidaba de todo.
Yu Qing lo miró frunciendo el ceño, pareciendo un poco preocupado. Pero estaba demasiado oscuro, el ruido de la lluvia era demasiado fuerte y no lograba ver bien.
Así que La Impermanencia dijo: —Tengo que… ir a encerrarme un rato hasta que me calme.
La razón le decía que debía detenerse allí, que no debía decir nada más. Pero con solo mirar los ojos de Yu Qing, no pudo evitar añadir media frase más: —Cuando se me pase este estado, vendré a buscarte.
Nota de Autor
Aclaro que aquí La Impermanencia no se fue a casa y desapareció sin decir nada, eh~
Impresiones sobre el capítulo completo.
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