Después de que el príncipe trepara por el árbol demoníaco como el viento y desapareciera entre las frondosas ramas de la copa…
Criiiii…
Cuando el árbol demoníaco dejó de moverse de repente y comenzó a encogerse drásticamente, Bruno comprendió que el plan del príncipe había funcionado.
—… ¿Lo ha derrotado?
Pero la alegría duró poco.
Al contemplar cómo los restos del árbol demoníaco se desplomaban mucho más deprisa de lo esperado, todos se horrorizaron.
El árbol no solo estaba reduciendo su volumen: se desmoronaba y desaparecía en el aire. Como ocurría con la mayoría de los demonios muertos, estaba siendo devuelto rápidamente al mundo demoníaco mediante una invocación inversa.
¡Eh, un momento! ¡Si esto sigue así…!
—¡Su Alteza Morres!
Y, tal como temían…
El cuerpo del príncipe, que había quedado suspendido en el espacio donde desapareció el árbol demoníaco, comenzó a precipitarse a gran velocidad. No sabían qué había sucedido allí arriba, pero estaba completamente flácido, como si hubiera perdido el conocimiento.
—¡Su Alteza!
Lord Masain, pálido como un muerto, arrojó su espada al suelo y echó a correr hacia el príncipe.
—¡Maldición…!
Bruno también extendió una mano hacia el príncipe que caía, esforzándose por generar aura, aunque fuera en una cantidad ínfima.
Sin embargo, era una cantidad absolutamente insuficiente para sostener el cuerpo del muchacho, que aceleraba cada vez más. Bruno apretó los dientes y pensó:
“¡Si al menos Su Alteza estuviera consciente!”.
La primera vez que el príncipe había caído del árbol demoníaco…
Aunque lord Masain había sido quien lo había atrapado a salvo, lo que redujo decisivamente su velocidad en el último instante fue una gran cantidad de aura que se materializó de repente.
Y Bruno conocía perfectamente aquella aura tan familiar. Esa aura particular, áspera y a la vez delicada, que aparecía y desaparecía cada vez que el príncipe meditaba.
Sin duda, aquel príncipe cuyo dominio del aura era tan extraordinario que resultaba inexplicable la había materializado inconscientemente al encontrarse en peligro.
Pero ahora que estaba inconsciente, ya no podían esperar otro golpe de suerte semejante.
“¡Si Su Majestad se manifestara aquí, aunque fuera ahora…!”.
Sin embargo, cuando Bruno miró de reojo a dama Sharon con aquel pequeño atisbo de esperanza, no pudo ocultar su consternación.
Con la mirada perdida en el vacío, ella murmuraba sin descanso, como si hubiera perdido por completo la razón.
Su canalización, que ya de por sí no podía controlar, estaba desbocándose enloquecidamente.
—¿Habéis venido? ¿Habéis venido al fin?
—Pero ¿por qué me hacéis esto…?
—¡Sopla, viento! Deprisa, deprisa, deprisa, deprisa, más deprisa…
—¡Morres, espera! Despacio, despacio, despacio, despacio, más despacio…
—¡Ah, así que era eso! ¡Os estamos esperando!
Pero ¿sería una mera coincidencia?
Justo después de que dama Sharon comenzara a murmurar, pareció que el viento que circulaba por los alrededores se aceleraba poco a poco.
Era algo ligeramente distinto de la materialización del aura. Un viento que simplemente soplaba de forma natural empezó a azotar con fuerza de abajo hacia arriba, en dirección al príncipe.
Al mismo tiempo, la velocidad de su caída estaba disminuyendo, aunque fuera levemente. Como si algo tirara de él en el aire.
“…¿Qué demonios está pasando?”.
Mientras Bruno, desconcertado, lanzaba miradas de reojo a dama Sharon, ella continuaba con sus incomprensibles murmullos.
—¡Aaaah, no quería desaparecer así!
—¡Despierta! ¡Lee Seong-jin! ¡Lee Seong-jin!
—Os estaremos esperando por siempre.
—Deprisa, deprisa, deprisa…
—Despacio, despacio, despacio…
—¡Habéis respondido a nuestras plegarias, así que ahora solo tenéis que darnos una orden!
En ese instante…
Algo asombroso sucedió ante los ojos de todos.
La energía demoníaca, que se dispersaba tras perder su centro de convergencia con la desaparición del árbol demoníaco, comenzó a reunirse de repente, como si tuviera voluntad propia.
Y enseguida se arremolinó alrededor del príncipe. Como si innumerables manos lo sujetaran.
Poco a poco, la velocidad de su caída iba disminuyendo.
—¡Papá Santo Emperador! ¡Date prisa! ¡Prisa! ¡Prisa!
—¡Papá su Majestad! ¡Papá su Majestad! ¡Papá su Majestad!
—¡Lee Seong-jin! ¡Lee Seong-jin!
—Os estamos esperando. Solo esperamos que vengáis a nosotros y nos deis una orden…
Ahora dama Sharon derramaba lágrimas sin cesar.
Incapaz de controlar la canalización, terminaba sintonizando profundamente incluso con las emociones más tenues que llegaban a través de los pensamientos.
Era la canalización de una médium tan sensible que captaba hasta los pensamientos más débiles, aquellos que Bruno ni siquiera podía percibir.
—Nosotros… solo, en silencio…
Se tambaleó.
Tras aquellas palabras, dama Sharon perdió el conocimiento y se desplomó en el suelo. Sobresaltado, Bruno se apresuró a sostenerla y gritó:
—¡Dama Sharon!
Examinó apresuradamente su estado, pero, por fortuna, respiraba de manera regular. Parecía tratarse de un efecto secundario temporal provocado por la canalización excesiva.
Entretanto, el príncipe Morres, cuya velocidad se había reducido aún más, descendía ahora lentamente, como una pluma mecida por el viento.
—… ¿Cómo puede suceder algo así…?
Todos contemplaron atónitos aquella escena increíble, como si estuvieran hechizados.
Y, finalmente…
Envuelto en la energía demoníaca que lo rodeaba como una cuna, el príncipe se posó suavemente en los brazos de lord Masain.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
Chap, chap.
Nate abrió lentamente los ojos sobre la superficie del agua, surcada por pequeñas ondas.
Siempre sufría un terrible mareo al salir de la grieta, pero, cada vez que eso ocurría, el estanque artificial de la sala de oración cumplía perfectamente su función.
Eliminar la sensación de desconexión entre espacios distintos.
Si reducía al máximo las fuerzas que percibía su cuerpo, se adaptaba mucho más deprisa a la realidad al regresar de la grieta.
Mientras se dejaba mecer por las suaves ondulaciones del agua, recordó de forma natural la petición que su hijo le había hecho hacía poco.
«Padre, tengo una petición».
El día anterior a su partida de la capital imperial, su hijo había ido a verlo y había hablado con descaro.
«¿Una petición?»
«Sí. Voy a estar fuera durante un tiempo, y marcharme sin más me deja bastante intranquilo».
Nate no daba crédito.
¿Quién se estaba preocupando por quién?
«Bien. ¿Qué quieres pedirme?»
«Es muy sencillo. Si, mientras estoy fuera, aparece otro que abra una grieta, dele una buena lección. Si hay quienes invaden Delcross, acabe con ellos… No, mejor aún, si pudiera eliminarlos antes de que lleguen a invadirnos…»
«…»
«¿Así no sirve? Entonces, aunque solo tengan la intención de invadirnos, desde el principio, a todos…»
Al ver a su hijo asentir con entusiasmo mientras decía cuanto se le ocurría, Nate no pudo evitar soltar una pequeña risa de incredulidad.
Aunque nunca se lo había explicado adecuadamente, parecía que el muchacho había reflexionado a su manera sobre su papel y quería establecer de algún modo una relación de causalidad.
«Es un gasto inútil de energía, Morres. Para poner en movimiento la causalidad, sea lo que sea, necesitas un objetivo concreto del que seas consciente».
Sigurd Sigursson era un ejemplo de ello.
Mientras permaneciera oculto dentro del cuerpo de una marioneta, el [Acuerdo] lo consideraba un ser humano de pleno derecho.
Por tanto, mientras no cometiera actos que infringieran las reglas de este mundo o excedieran los límites de lo humano, no se generaba causalidad y, en consecuencia, el Santo Emperador no podía actuar contra él primero.
Esa era precisamente la restricción que el [Acuerdo] imponía al Santo Emperador.
Solo la voluntad de su hijo podía constituir una excepción. Sin embargo, para ello era necesario que su hijo reconociera exactamente quién era la marioneta de aquel individuo y le hiciera una petición.
Eso tampoco significaba que Nate pudiera revelarle primero la identidad de aquella marioneta. Hacerlo habría infringido el [Acuerdo].
Esa era también la razón por la que Sigurd Sigursson había tenido que abandonar inmediatamente su marioneta después de que su hijo descubriera su identidad.
Mientras su hijo supiera quién era la marioneta, podía morir en cualquier momento a manos del Santo Emperador, dependiendo de lo que el muchacho le pidiera.
«¿Quiere decir que no sirve de nada si no se trata de un objetivo concreto? Mmm, entonces… ¡Ah! ¿Qué le parece esto?»
Tras reflexionar profundamente durante un momento, su hijo dijo:
«Si se ve arrastrado a una grieta, regrese siempre sano y salvo. Padre».
Fuuu.
En ese instante, una leve brisa los envolvió a él y a su hijo.
Nate parpadeó, atónito, y su hijo, que lo advirtió de inmediato, le dedicó una sonrisa radiante.
«Ja, ja. ¡Esta vez sí que hubo una reacción! Ha funcionado, ¿verdad?»
Sí. Probablemente había actuado la causalidad creada por aquel muchacho, pensó Nate mientras se incorporaba lentamente sobre el agua.
El invasor de esta ocasión había sido un señor de otro mundo excepcionalmente poderoso y, aun así, ¿no lo había resuelto con relativa facilidad, más de la que esperaba?
“Pero he estado ausente bastante tiempo”.
Piiii—
Al abrir el canal, impaciente, solo un ruidoso pitido le llenó la cabeza. Debido a la intensa distorsión espacial provocada por la brecha, parecía que la canalización aún no funcionaba correctamente en los alrededores.
“Primero debo salir de aquí y escuchar el informe nocturno de dama Sharon…”.
Aunque el mareo no había desaparecido del todo, Nate salió de la sala de oración arrastrando los pies.
Sin embargo, la expresión de Katrina, que esperaba al otro lado de la puerta con una manta, tenía algo inquietante.
—¡Un mensaje de Arenja, Su Majestad!
Nate frunció el ceño al oírla.
Si había algo urgente, ¿no bastaba con transmitirle directamente un pensamiento?
Khornesheim.
Qué criaturas tan astutas: en cuanto se abría una grieta, ni siquiera se acercaban a los alrededores.
Pero las siguientes palabras de Katrina le endurecieron el rostro.
—Se informa que el grupo del príncipe Morres se encontró con una especie demoníaca conocida como ‘árbol demoníaco’. Bajo la dirección del príncipe, lograron llevar a cabo con éxito su exterminio, pero Su Alteza ha sufrido heridas graves…
Nate amplió el canal sin seguir escuchando.
Sin embargo, dama Sharon no respondió a su llamada. Parecía estar inconsciente o haber sufrido una sobrecarga tan grave que no podía recibir sus pensamientos.
En cambio, oyó las voces de sus hijos, que lo llamaban desesperadamente entre sollozos desde algún lugar.
—[¡Papá Santo Emperador! ¡Date prisa! ¡Prisa! ¡Prisa!]
—[¡Papá su Majestad! ¡Papá su Majestad! ¡Papá su Majestad!]
Sin tiempo siquiera para decirle nada a Katrina, Nate abandonó de inmediato su cuerpo y adoptó su forma espiritual.
—¡Su Majestad!
Apenas prestó atención al grito lejano de Katrina mientras salía disparado hacia el lugar donde había visto a su hijo por última vez.
♦♦♦ ╬ ♦♦♦
—¡Su Alteza! ¡Su Alteza! ¿Se encuentra bien?
Masain gritó con urgencia mientras tendía al príncipe Morres en el suelo.
A primera vista, el príncipe no parecía presentar heridas externas de consideración, pero, por algún motivo, no dejaba de sangrar por los ojos, lo cual era alarmante.
Además, no recuperaba el conocimiento y tenía la frente ardiente como una bola de fuego.
—¡Llamen a un sacerdote! ¡Que atienda a Su Alteza de inmediato!
Sin embargo, nadie podía acercarse a ellos sin vacilar. Era por la densa energía demoníaca que envolvía al príncipe.
Al darse cuenta, Masain agitó las manos para intentar dispersarla, pero, extrañamente, la energía que se había congregado alrededor del príncipe no se separaba con facilidad y se limitaba a girar a su alrededor.
—¡Lord Masain! ¡Apártese usted también por ahora!
—¡La corrosión ya ha comenzado!
Tal como decían, ya habían aparecido numerosas manchas negras en el rostro y los brazos de Masain.
Aunque pertenecía a la familia imperial sagrada, cuyos miembros eran relativamente resistentes a la energía demoníaca, tampoco podía hacer nada ante una exposición continua a semejante concentración. Era el resultado de haberse arriesgado sin reservas por el príncipe desde hacía un rato.
Si había algo por lo que pudieran sentirse aliviados, era que el príncipe todavía no mostraba indicios de corrosión pese a encontrarse en medio de aquella terrible energía demoníaca.
Pero, a ese paso, acabaría siendo cuestión de tiempo.
—¡Primero intentaremos purificar la energía demoníaca!
Sir Valery e incluso el sacerdote Gustav, a quien habían llamado apresuradamente, comenzaron a rezar para purificarla.
Sin embargo, mientras se desesperaban sin lograr resultados apreciables, una voz aguda increpó al comandante Bruno.
—[¡Pedazo de inútil! ¿Qué haces que no llamas al emperador sagrado de una vez?]
—“… ¿Lord Red?”.
Bruno preguntó, sobresaltado:
—“¿Qué ha sucedido? ¿Qué demonios ocurrió allí arriba?”.
—[¡Eso no importa ahora! ¿Qué está haciendo esa paladina loca? ¡Dile que llame a su padre de una vez!]
Bruno respondió con expresión consternada:
—“Como puede ver, dama Sharon está inconsciente. Ahora mismo es imposible”.
—[¿Qué? ¿Y por eso te quedas de brazos cruzados? ¡Entonces deberías llamarlo tú cuanto antes!]
—“Pero, Lord Red, mi insignificante canalización no puede transmitir pensamientos hasta la lejana capital imperial. Además, tampoco soy un recipiente capaz de albergar a Su Majestad”.
—[¡Entonces despierta a la paladina loca de una vez! Si no toma prestado un cuerpo, le resultará difícil hacer algo, aunque venga. ¡Tendría un gran efecto sobre la causalidad!]
El Rey Demonio, que increpaba a Bruno completamente alterado, se sobresaltó de repente y exclamó:
—[¿Eh? ¿Cómo?]
—“¿Qué sucede, señor Rojito?”.
Sin embargo, el comandante Bruno también advirtió enseguida la anomalía. Los agudos sentidos de un caballero Decaron habían detectado que la densidad del aire se había vuelto sutilmente más pesada.
—¿Q-qué es esto?
El sacerdote Gustav y sir Valery, que estaban rezando fervorosamente, levantaron la cabeza, desconcertados.
De repente, habían sentido cómo todo a su alrededor se llenaba de poder divino.
Una sensación sagrada, como la de entrar en la capital imperial y entrar en contacto con la gracia por primera vez. Una presencia que llenaba el aire circundante, tan sobrecogedora que, más allá de inspirar devoción, llegaba a provocar miedo.
Y entonces…
¡Bum!
Junto con una extraña presión que oprimió toda la zona…
¡Fuuu!
La energía demoníaca que rodeaba al príncipe Morres se evaporó de golpe y desapareció sin dejar rastro.
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