Aunque Mi Xiaobai lucía su apariencia de jugador de las instancias, su flequillo ligeramente revuelto le ocultaba a medias los ojos. Y como la capucha la llevaba echada hacia adelante, casi la mitad de su rostro quedaba sumido en la sombra, de espaldas a la luz; pero al sonreír, se veía exactamente igual que en el pasado.
Por un instante, a Yu Qing se le confundieron los tiempos.
Miró atónito a la figura al otro lado de la ventana y, tras un largo silencio, respondió casi por instinto: —Cuánto tiempo sin verte.
Apenas lo soltó, se dio cuenta de lo extraña y absurda que había sido su respuesta.
Hacía poco que los dos habían estado en la misma sala de espera. Habían intercambiado un par de frases de la forma más “tranquila y normal”, y luego, de la misma manera “tranquila y normal”, se habían despedido para volver cada uno a su casa.
Si todo había seguido su curso de lo más natural, ¿cómo es que ahora de repente se sentía tan aturdido?
Como si estuviera añorando algún instante del pasado.
Yu Qing giró la cabeza y pensó, en un ejercicio de introspección: La culpa es de la vista nocturna que hay al otro lado de la ventana; es idéntica. A pesar de haber pasado cinco años, en la ciudad isleña, ni los altos edificios ni las vías del tren habían cambiado, ni siquiera las luces de neón habían variado de color. Y para colmo, la forma de vestir y arreglarse de Mi Xiaobai era igual a la del pasado.
Ante ese pensamiento, de repente frunció el ceño, se giró hacia el hombre en la ventana y le soltó sin preámbulos: —¿Lo hiciste a propósito?
Mi Xiaobai se quedó paralizado y, apoyándose en el marco de la ventana como años atrás, preguntó: —¿Eh?
—Pregunto… —Yu Qing hizo una pausa y, con una persistencia inusual, repitió—: ¿Lo hiciste a propósito?
—¿El qué?
—Vestirte así a propósito.
Aparentar intencionadamente ser el de hace cinco años, saltar a propósito a ese alféizar y apoyarse de esa forma en el marco de la ventana, e incluso soltar ese tono de sorpresa calcado al del pasado.
Mi Xiaobai dejó escapar un sutil «Ah…».
Bajó la mirada y se observó a sí mismo, como si estuviera perplejo. Tras unos instantes, volvió a levantar la mirada hacia Yu Qing y preguntó: —¿Por qué crees que lo he hecho a propósito? ¿Tiene algo de especial ir vestido así?
Yu Qing: …
Era una pregunta imposible de responder, así que levantó la mano para cerrar la ventana y dejar a cierta persona afuera.
Mi Xiaobai se sujetó al marco de la ventana con una mano y dijo, sonriendo: —Espera, espera. Te lo puedo explicar.
Yu Qing detuvo la mano que iba a cerrar la ventana y se quedó esperando la explicación.
Mi Xiaobai volteó el teléfono de jugador y le mostró sin ningún reparo la pantalla con la interfaz de información de su personaje: —Al salir de la instancia de Shou Gong, me confiscaron la maleta. Y esta ropa que trae el cuerpo por defecto es la única que tengo, y acabó empapada en el lago. Es evidente que, con mi dinero actual, no puedo comprar ropa nueva, así que no tuve más remedio que rebuscar en mi viejo armario…
Mi Xiaobai hizo una pausa y añadió: —Y agarré un conjunto cualquiera.
En la esquina superior derecha del campo de visión, el pequeño Hua Pi lo miraba de reojo con los brazos cruzados; al escuchar eso, puso los ojos en blanco, dejando claro que conocía a la perfección su forma de hablar.
La mano de Yu Qing presionó la ventana y Mi Xiaobai, apoyado en el marco, admitió al instante: —Lo hice a propósito.
Claro que lo había hecho a propósito.
Solo que antes le daba un poco de vergüenza admitirlo; temía que, si asentía y decía «Sí, lo hice a propósito», al segundo siguiente, Yu Qing, enfurecido y avergonzado, lo mandara a volar de una patada fuera del alféizar.
Pero, visto lo visto, si no lo admitía, también iba a salir volando. Así que le tocaba ser un poco más sincero.
—Lo admito, fue a propósito —reiteró Mi Xiaobai.
Finalmente, la mano de Yu Qing se detuvo.
En ese instante, su expresión y la del pequeño Hua Pi en la esquina de la visión de Mi Xiaobai se sincronizaron: ambos miraban a Mi Xiaobai de soslayo, desafiándolo en silencio a tan solo una pulgada de distancia del marco de la ventana.
Era una escena que parecía sacada del pasado. Mi Xiaobai, quien sabe qué recordó, esbozó una sonrisa que luego fue borrando lentamente.
Apretó el muñeco que llevaba en la mano, alzó la mirada hacia Yu Qing y dijo: —Simplemente tuve la estúpida y ruin idea de comprobar si, viéndome así, te ablandarías de repente y tal vez… cambiarías de opinión.
Yu Qing se quedó estupefacto y, con expresión confundida, preguntó: —¿Cambiar de opinión sobre qué?
—Sobre la solicitud de amistad.
—¿De quién? —Yu Qing, que ya había relegado al olvido las dos preguntas que le había hecho el Tío Yuan, no ataba cabos en ese momento.
Mi Xiaobai sacó el móvil del jugador, lo giró y se lo entregó a Yu Qing con toda franqueza.
La pantalla encendida mostraba la interfaz de solicitudes de amistad. Yu Qing la había visto a menudo en la instancia, así que le resultaba familiar y la reconoció al instante.
Solo que esta vez no se trataba de alguien queriendo agregar a Mi Xiaobai, sino de las notificaciones de rechazo a las solicitudes enviadas por él.
Una lista interminable con el mismo mensaje:
«El dios fantasmal Hua Pi ha rechazado tu solicitud de amistad.»
«El dios fantasmal Hua Pi ha rechazado tu solicitud de amistad.»
«El dios fantasmal Hua Pi ha rechazado tu solicitud de amistad.»
…
Ver esa interminable columna de arriba abajo, hay que admitirlo, producía un efecto visual bastante impactante.
Yu Qing: ¿?
—Después de enviar doce solicitudes y que me rechazaras en todas, me pregunté si estarías enfadado por algo, así que quise venir a probar…
Mi Xiaobai no terminó la frase; al notar la expresión sutil de Yu Qing, se inclinó ligeramente, ladeó la cabeza para observarlo y soltó de repente: —Pero, por lo que veo, ¿parece que no sabías que me habías rechazado doce veces?
Se enderezó y echó un vistazo a la habitación: —Es más, ni siquiera tienes el móvil a la mano.
Cuando Yu Qing giró la cabeza hacia la sala, Mi Xiaobai por fin lo entendió.
Soltó un ligero «Ah…», y con su tono perezoso y arrastrado, continuó: —Ya entiendo. Ha sido obra de ese viejo mayordomo tuyo.
Yu Qing: …
El Tío Yuan: …
Como un mayordomo leal y diligente, no solo necesitaba la habilidad de leer las expresiones faciales de los demás, sino también un excelente oído y un cerebro rápido para reaccionar.
El dormitorio de Yu Qing era inmenso, y la puerta que daba al salón solo estaba abierta a medias, dejando la otra mitad cubierta. Sentado junto al sofá, el Tío Yuan no podía ver lo que estaba pasando junto a la ventana, pero sí lograba escuchar que había alguien más en la habitación.
Además, como Yu Qing y su visita hablaban en voz baja, las únicas palabras que el Tío Yuan alcanzó a captar tras un buen rato de esfuerzo fueron cuatro repeticiones de la palabra “a propósito”, sin saber de qué iba el asunto.
Por eso, el Tío Yuan no tenía ninguna intención de huir; es más, incluso quería quedarse para pescar algún chisme.
Hasta que oyó una voz, deliberadamente más alta, decir: “Ha sido obra de ese viejo mayordomo tuyo”.
En principio, el Tío Yuan no debería estar tan familiarizado con esa voz, ya que en total la había escuchado un puñado de veces. Pero aquel tono arrastrado y lánguido se le había quedado grabado a fuego.
Era La Impermanencia.
¡El mismísimo La Impermanencia al que tanto le temía!
El anciano estuvo a punto de salir corriendo, pero entonces Yu Qing lo llamó: —Tío Yuan, ven un momento.
El Tío Yuan: …
¿Qué diferencia había entre eso y decirle “ven aquí a morir”?
Pero un mayordomo leal y obediente no podía desafiar una orden directa, menos aún cuando la fama de su señor no era mucho mejor que la de La Impermanencia.
El Tío Yuan se lo pensó un momento y decidió que, si iba a morir, lo haría con dignidad; no podía permitirse el lujo de verse acobardado y tembloroso.
Así que agarró el teléfono de la base de carga y, adoptando una pose de estar a punto de dar un informe de trabajo, llamó a la puerta y entró al dormitorio.
Nada más entrar, se cruzó con la mirada de La Impermanencia, que estaba fuera de la ventana.
A las piernas del anciano les fallaron las fuerzas, pero logró mantenerse firme de inmediato.
¡Por una fracción de segundo, su instinto de chismoso y su instinto de miedo se enzarzaron en una batalla campal!
El viejo mayordomo se dio palmadas mentales en las piernas, pensando: ¡Ah! Con razón nunca te vi bajando las escaleras; resulta que en vez de usar la puerta prefieres trepar por el alféizar todos los días. ¡El alféizar! ¿Acaso trepar por ahí es cosa de gente decente? ¿Tienes idea de qué tipo de relaciones trepan por los alféizares en las obras de teatro?
En el fondo, le habría encantado preguntarle a Yu Qing: ¡¿Señor, lo sabía usted?!
Pero no se atrevía.
Así que, mientras se preocupaba por cosas que no le incumbían, se esforzó por mantener su aplomo de mayordomo y, arrastrando los pies a trompicones, se paró frente a Yu Qing.
Le entregó el teléfono y, para demostrar que iba en serio, le reportó con voz firme y clara los resultados de su trabajo de la última hora: —Por cierto, señor, sobre las solicitudes de amistad que me pidió rechazar, ya las he rechazado todas, sin excepción, puede estar tranquilo. Además, parece que después el otro se dio por vencido, porque no volvió a mandar ninguna solicitud para molestarle.
Tras el reporte, por fin le preguntó a Yu Qing: —Y bien, ¿para qué me llamaba, señor?
Con las manos entrelazadas y la mirada clavada en el suelo, esperó a que Yu Qing hablara, solo para darse cuenta de que la habitación se había sumido en un silencio sepulcral.
La presencia de La Impermanencia era tan imponente que el Tío Yuan se encogió al lado de Yu Qing, sin atreverse a levantar la cabeza.
De haberlo hecho, habría notado que los dos junto a la ventana, a causa de sus palabras, habían caído en una atmósfera sumamente incómoda y peculiar.
El señor Hua Pi se pellizcaba el lóbulo de la oreja, mudo, como si de pronto se hubiera quedado sordo.
Mi Xiaobai, tras asimilar las palabras del viejo mayordomo, levantó levemente una ceja. Apartó la mirada del mayordomo y la clavó en Yu Qing, que estaba a escasos centímetros.
Apoyado en el marco de la ventana, lo observó un rato, y de pronto alargó la mano para darle un golpecito en el brazo: —El viejo dice que tú le dijiste que las rechazara.
Sin girarse, Yu Qing, aún pellizcándose la oreja, lo negó rotundamente: —Yo no hice tal cosa.
Mi Xiaobai le dio otro toquecito: —¿Fui yo el que rechazó las doce veces?
Yu Qing: —Estás diciendo disparates.
Mi Xiaobai continuó dándole golpecitos: —Entonces, ¿cuántas veces las rechazaste tú?
Yu Qing: …
Mantenía la compostura, pero ya empezaba a ceder. Así que extendió la mano hacia el Tío Yuan: —Dame el teléfono.
Solo en ese momento el Tío Yuan comprendió lo que acababa de hacer. Lanzó una mirada fugaz y aterrorizada a La Impermanencia fuera de la ventana, y entregándole temblorosamente el móvil a Yu Qing, susurró: —¿Era él quien mandaba las solicitudes?
Yu Qing cerró los ojos con fastidio, soltó un murmullo que sonó a «sí» y desbloqueó la pantalla.
Por fin pudo leer el registro completo de las notificaciones:
«^ ^ ha solicitado añadirte como amigo; has rechazado la solicitud.»
«^ ^ ha solicitado añadirte como amigo; has rechazado la solicitud.»
«^ ^ ha solicitado añadirte como amigo; has rechazado la solicitud.»
…
Y, efectivamente, el leal mayordomo le había dado al botón doce veces.
Mientras Yu Qing revisaba las notificaciones, sintió de pronto otros dos golpecitos en el brazo.
Al girar la cabeza, la brisa nocturna de la ventana le dio de lleno; la neblina húmeda de la lluvia y la cortina levantada se precipitaron hacia el interior, flotando suavemente para caer después en silencio.
Mi Xiaobai, apoyado en el alféizar, lo estaba mirando. Sus ojos, sumidos en la sombra del flequillo y la visera, aún reflejaban la brillante luz del interior.
Agitando el móvil en su mano, le sonrió y dijo: —Puedo enviar un montón de solicitudes más, y tú puedes rechazarlas tantas veces como quieras.
Yu Qing se quedó atónito.
Lo vio hacer una pausa, esbozar su sonrisa de siempre y añadir: —Pero, teniendo en cuenta que esta noche me esforcé tanto en fingir y hacerlo a propósito, ¿qué tal si me aceptas esta última solicitud?
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