Era la primera vez en la vida del Tío Yuan que presenciaba un chisme en primera fila, y para colmo, sobre los dos individuos más temidos de toda la ciudad isleña. Estaba con el corazón en un puño, casi sin atreverse a respirar.
Pero, a pesar del miedo, aguzó los oídos todo lo que pudo.
Además, como Mi Xiaobai no se había molestado en bajar la voz, el Tío Yuan escuchó cada palabra a la perfección.
Tenía unas ganas locas de darle un codazo a Yu Qing y decirle: «Señor, ni la gente normal usa ese tipo de excusas baratas para agregar a alguien como amigo.»
Pero seguía sin atreverse.
El anciano repasó mentalmente la historia de su “enemistad y posterior separación” y se dio cuenta de que no había forma de encajar la táctica de “trepar por el alféizar” en esa narrativa.
Y por el momento, tampoco se le ocurría qué otra interpretación darle.
Mientras le daba vueltas al asunto, vio que en la pantalla del móvil de Yu Qing aparecía de pronto un nuevo mensaje.
Mi Xiaobai, apoyado en el alféizar, agitó su propio teléfono, indicando que había vuelto a enviar la solicitud de amistad.
El Tío Yuan pensó: A mi señor, con todo lo que ha visto y oído en estos años, no se le engaña tan fácilmente.
La última vez, cuando La Impermanencia, al borde de desaparecer, le hizo una ofrenda a su estatua, hasta el Tío Yuan se conmovió. ¿Y qué hizo su señor? Se quedó impasible y hasta le lanzó una mirada fulminante.
Esta vez seguro que hace lo mism—
Estaba en medio de ese pensamiento cuando vio que Yu Qing bajaba la mirada hacia la pantalla por un momento y, con un movimiento del pulgar, pulsaba “Aceptar”.
¡Ay, Dios mío!
El Tío Yuan se dio una bofetada mental en el muslo, lleno de consternación.
El viejo mayordomo, con las manos entrelazadas, suspiró con aire de víctima y murmuró: —Pero señor… usted ni siquiera me tiene a mí en sus contactos.
Yu Qing: ¿?
Quién sabe de dónde sacó sus dotes teatrales el viejo mayordomo, pero hasta se frotó los ojos como si se estuviera secando lágrimas: —Piénselo, señor, llevo a su servicio desde que usted tenía 19 años. Ya han pasado cinco años.
Yu Qing: …
Miró al viejo mayordomo montar su drama con cara de incredulidad, pensando: Llevo cinco años sin usar el móvil, ¿acaso no lo sabes?
Pero claro, en ese preciso instante tenía el móvil en la mano y acababa de aceptar una solicitud de amistad. Así que, lógicamente, su argumento perdía toda fuerza.
El viejo mayordomo, frotándose los ojos sin que asomara ni una lágrima, se animaba cada vez más: —La última vez, en la puerta de aquel puesto de fideos, usted echó a andar y desapareció. Como no tenía cómo contactarle, ¡no había forma de saber dónde estaba! Solo me quedó dar vueltas como un tonto, revisar las cámaras de seguridad del puesto y preguntar a todo el mundo. ¡Qué angustia pasé, como mosca sin cabeza! Si tan solo hubiera podido llamarle o mandarle un mensajito, pues no habría…
Mientras hablaba, parpadeó con fuerza para forzar un poco de humedad en los ojos y miró a Yu Qing.
Y entonces Yu Qing le soltó: —Hubiera dado igual, ni siquiera llevaba el móvil encima.
El Tío Yuan: …
¡Qué falta de tacto, qué manera de romperle el corazón!
—Ay… sí, sí, tiene razón —suspiró el viejo mayordomo con voz temblorosa, y aprovechando que se hacía la víctima, se fue acercando sigilosamente hacia la puerta.
Como buen mayordomo, el Tío Yuan sabía perfectamente que a Yu Qing no le gustaba usar el teléfono ni relacionarse con la gente. Por lo general, si salía, era por algún motivo justificado y no había razón para preocuparse, ni mucho menos para buscarlo por toda la ciudad. Si no fuera por el asunto aquel de que podía desaparecer, en realidad no se habría preocupado tanto.
Al fin y al cabo, Yu Qing era el dios fantasmal Hua Pi; no había nadie en la ciudad isleña capaz de hacerle daño. La única persona que podría tener alguna posibilidad de lastimarlo…
Acababa de ser añadida a sus contactos.
¡Ay!
El mayordomo volvió a darse una bofetada mental en el muslo, chasqueó la lengua y negó con la cabeza, intentando escabullirse discretamente bajo las narices de esos dos seres aterradores.
Sin embargo, a mitad de su huida, escuchó la voz de La Impermanencia que lo detenía: —Eh, viejo, no corras. ¿Cuál era tu número corto?
El Tío Yuan se detuvo en seco, levantó la cabeza desconcertado y preguntó: —¿Qué número corto?
La Impermanencia agitó el teléfono.
El Tío Yuan, aún más confundido: —¿Ah?
En la ciudad isleña vivía demasiada gente, y los números de teléfono, al igual que las direcciones, tenían que pasar por varios enrutamientos y eran muy largos. Algunas personas mayores ni siquiera lograban memorizarlos. Por eso, para facilitar las cosas, lo más común era usar un “número corto”. Aunque al buscar por un número corto aparecían muchas personas con el mismo número, en situaciones cara a cara, el sistema priorizaba a los que estaban más cerca.
En sus días como dueño de la tienda de conveniencia, el Tío Yuan casi llevaba su número corto tatuado en la frente, de tanto que le gustaba hacer amigos. Así que, cuando Mi Xiaobai se lo pidió, aunque estaba lleno de interrogantes, su boca se adelantó a su cerebro y soltó una serie de números.
Luego vio cómo el demonio al otro lado de la ventana asentía con satisfacción y tecleaba en la pantalla.
Al segundo siguiente, el móvil en el bolsillo del Tío Yuan emitió un sonoro “¡Ding dong!”.
Lo sacó y vio que, para su sorpresa, tenía una solicitud de amistad en la pantalla.
El Tío Yuan levantó la vista, perplejo. Y allí estaba ese cabrón de La Impermanencia, apoyado en el marco de la ventana, que con toda su desvergüenza le hizo un gesto con la barbilla y le soltó: —Acéptame.
Al Tío Yuan le temblaron las piernas: —¿Ah?
La Impermanencia señaló a Yu Qing: —Cuando él no esté, me puedes avisar.
Al Tío Yuan le tembló hasta la voz: —… ¿¿¿Ah???
Pensó para sus adentros: ¿Me he vuelto loco? ¿Para qué iba yo a llamarte? ¿Acaso me he cansado de vivir en la ciudad isleña y tengo prisa por marcharme?
Como si le hubiera leído el pensamiento, la voz lánguida y arrogante desde la ventana continuó: —Pero si me quieres evitar, no hay problema. Tú no me llamas, yo te llamo a ti.
El Tío Yuan: …
¡Menuda provocación! ¡Qué humillación para un hombre de su edad! Si no estuviera cara a cara con ese demonio de pesadilla, el Tío Yuan le habría soltado un buen escupitajo. Pero, dadas las circunstancias, solo le quedaba maldecirlo mentalmente mientras, a regañadientes, pulsaba en “Aceptar”.
Al hacerlo, vio que en sus contactos aparecía un icono en blanco con el nombre “^ ^”. Al ver esa carita sonriente, el mayordomo se acordó de la actitud chulesca de su nuevo “amigo” y, con rabia contenida, le cambió el apodo por “La Impermanencia”.
Tras hacer el cambio, el Tío Yuan por fin encontró el momento para escabullirse de la habitación.
No fue hasta que el entrometido mayordomo cerró la puerta principal de la suite que Yu Qing se giró para mirar a la figura de la ventana.
Mi Xiaobai, en ese instante, había dejado de lado su actitud provocadora; al enderezarse, desprendía incluso un aire de “haré lo que me pidas”.
Como si de repente se hubiera vuelto muy dócil.
Yu Qing no pudo contenerse y le soltó: —¿Por qué te encanta fastidiarlo?
Mi Xiaobai: —¿Se nota tanto?
Yu Qing: —¿Y todavía preguntas?
En la esquina de la visión de Mi Xiaobai, el pequeño Hua Pi arqueó una ceja con cara de no dar crédito a lo que oía, mientras el verdadero Yu Qing, junto a la ventana, murmuraba casi inaudiblemente: —Hasta un ciego se daría cuenta.
Mi Xiaobai soltó una carcajada.
Un instante después, su sonrisa se fue desvaneciendo; bajó la mirada hacia Yu Qing y dijo de repente: —¿Y también te has dado cuenta de que lo fastidio por celos?
Yu Qing se paralizó de golpe.
Desde la perspectiva de Mi Xiaobai, solo pudo ver el leve temblor de sus pestañas; Yu Qing aún sostenía el móvil, cuya pantalla seguía mostrando la solicitud de amistad recién aceptada.
Pero como tenía la mirada baja, Mi Xiaobai no pudo ver qué tipo de expresión ocultaban sus ojos.
Si el efecto de la aguja de hueso ya hubiera pasado, Yu Qing probablemente habría levantado la vista y preguntado: “¿Celos de qué?”
Y entonces él podría haber aprovechado para decirle un sinfín de cosas.
Pero en ese momento, Yu Qing no dijo nada.
En la esquina superior derecha, el pequeño Hua Pi lo miraba fijamente, atónito. Por un instante, el muñequito tambaleó un poco, como si estuviera a punto de soltar una ráfaga de números “+1+1+1”.
Pero al final, no hubo ningún cambio.
Mi Xiaobai permaneció apoyado en la ventana, observando a la persona que estaba dentro. En realidad, podría haber soltado alguna de sus habituales bromas pesadas para aligerar el ambiente o cambiar de tema, y así evitar que el silencio se volviera tan denso.
Siempre había sido un experto en eso.
Pero no dijo nada; simplemente se quedó ahí, apoyado en el marco, inmerso en aquel silencio. Fue como aquella vez, bajo la influencia de su estado de fantasma vengativo, cuando desgarraba la cicatriz que estaba a punto de curarse.
Pasó un buen rato antes de que esbozara una sonrisa. Con su tono habitual de siempre, le dio un toque en el brazo a Yu Qing y le dijo: —Ya es muy tarde, ¿no te vas a dormir?
Cuando Yu Qing levantó la mirada, tenía el ceño fruncido, sumido en sus pensamientos: —Yo…
Se trabó un segundo, pero finalmente logró decir: —Justo iba a acostarme cuando llegaste.
—Entonces, a dormir —dijo Mi Xiaobai, soltando un leve «Mmm», y añadió en tono de broma—: Creo que podré soportar que me cierres la ventana en las narices.
—¿Y tú qué? —Yu Qing lo miró.
Mi Xiaobai giró la cabeza para contemplar la ciudad sumida en la llovizna y respondió: —Tengo un par de asuntos que atender, me tengo que ir.
—Al menos esta noche ya he conseguido lo que quería. —Agitó el teléfono, retrocediendo un par de pasos por la cornisa—: Mañana…
Hizo una pausa y, con su voz profunda y ronca, dijo a modo de explicación: —Ahora mismo sigues atado a mi identidad de jugador. Si mañana te salta algún aviso raro, no te enfades. Solo me falta rematar una cosita para deshacerme de este estado y volver a la normalidad. Así que… hazme un favor más mañana, ¿vale?
La noche era muy oscura; Yu Qing estaba de espaldas a la luz de la habitación, su rostro pálido y hermoso quedaba envuelto en una sombra tenue.
Guardó silencio durante unos segundos, quizás sopesando la situación. Pero, para el Mi Xiaobai de ese momento, esa espera resultó eterna.
Después de un rato, Yu Qing finalmente habló: —Hasta mañana.
Tal vez porque las últimas instancias habían sido un caos apresurado, esa noche Yu Qing se dio una ducha relajante y, acostado en su propia cama, durmió del tirón, algo raro en él.
Las palabras de Mi Xiaobai de la noche anterior resultaron ser una advertencia precisa. A la mañana siguiente, recién levantado y después de lavarse la cara, justo cuando se estaba atando el pelo en una coleta, una pantalla holográfica apareció de golpe frente a sus ojos.
【Felicidades, por azares del destino te has encontrado con un dios que regresa a casa después de un paseo nocturno, activando así la Misión de Instancia de Encuentro Casual.】
【Si no entras a la instancia en 3 minutos, se considerará inactividad y tu cuenta será bloqueada por 24 horas.】
【Emparejando compañeros de equipo 5/5.】
【Prioridad de emparejamiento para amigos.】
…
La escena no le era para nada ajena, y aunque Yu Qing aún estaba un poco adormilado, no tardó en asimilar la situación.
Era obvio que Mi Xiaobai había hecho algo que los obligaba a entrar de nuevo a una instancia.
Pero justo cuando iba a pulsar “Aceptar”, el Tío Yuan irrumpió en la suite, pálido como un fantasma. Aporreando la puerta de la habitación, gritó: —¡Señor, estamos perdidos! ¡Ha pasado una desgracia! ¡Creo que me voy a morir! ¡Me sale una luz azul de los ojos!
Yu Qing: ¿?
¿Qué demonios estaba diciendo?
Abrió la puerta y vio al viejo mayordomo desplomado en el suelo, aferrándose al marco, con la cara más blanca que el papel.
—¿Qué luz azul? —preguntó Yu Qing, sintiendo un leve presentimiento.
El anciano, temblando de pies a cabeza, empezó a describir: —Es un recuadro azul que no para de soltar letras. Dice que mi amigo me ha invitado a no sé qué juego y me pregunta si quiero aceptar.
El Tío Yuan, secándose lágrimas imaginarias, añadió: —Señor, si todos mis viejos amigos ya estiraron la pata, ¿qué clase de juego puede ser?
Yu Qing: …
Guardó silencio un instante y no pudo evitar recordarle: —Ayer agregaste a un amigo nuevo.
El Tío Yuan: …
¡Claro! ¡Si en su lista de amigos estaba La Impermanencia!
El pánico se apoderó de él por completo, y tartamudeó: —¡Me agregó ayer solo para venir a buscarme hoy a primera hora!
…
Yu Qing intentó tranquilizarlo a su manera: —Exacto. Dale a aceptar.
El Tío Yuan: ¿?
Nota de la Autora:
El Tío Yuan: ¿Solo porque los vi agregar sus contactos me van a silenciar para siempre? [Vomitando sangre]
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.