Chispas diminutas saltaban de la leña ardiendo en la estufa, pero eran sofocadas por otros sonidos, más leves y turbadores.
La ropa de Shen Zhuo estaba empapada; su cabello, normalmente pulcro, se encontraba revuelto, dándole un aire insólitamente desordenado. Aun así, su temperatura corporal ya empezaba a elevarse: la sangre le palpitaba con fuerza en las venas, y un tenue rubor carmesí se extendía por sus párpados delgados.
—¿Qué… qué me diste de beber? —preguntó con esfuerzo, la voz ronca—. ¿Qué tenía ese vino?
Bai Sheng no respondió.
Las feromonas doble S se expandían lentamente por sus vasos sanguíneos, recorriendo cada músculo y cada hueso, hasta impregnarlo todo.
Nadie podía resistirse a una presión de feromonas tan elevada; representaba el derrumbe absoluto de la voluntad, la inminente sumisión del cuerpo y del alma.
Shen Zhuo se desplomó como si acabara de ser arrastrado fuera del agua. Bai Sheng lo sostuvo con ambas manos y lo besó una y otra vez, devorándolo con una intensidad febril, una alegría ardiente que le encendía el corazón.
Durante, al menos, medio mes, Shen Zhuo lo amaría con todo su ser; solo a él, sin reservas ni artificios. Se rendiría por completo ante el tirano, y al mismo tiempo, en el fondo de su alma, se alzaría como su soberano invencible.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.