Fuaaaa está resolución me llena de sentimiento, esto es lo que originalmente el dueño del corazón de plata quería pero no tuvo manera de lograrlo. Es un poquito agridulce.
—¡No puede ser! Ha llegado el momento de una elección difícil, amigo.
La alegre voz de Brown resonó junto a mis oídos.
—Bien, Noru-ssi solo dispone de diez pases de exención. Sin embargo, los desafortunados candidatos destinados a caer en el horrible altar de carne podrida y sufrir son cuarenta y cinco.
—¿Con qué criterio escogerá a esos cuarenta y cinco sacrificios? ¿Y con qué criterio seleccionará, entre ellos, a los diez dramáticamente exentos?
—¿Un juicio? ¿Una votación? ¿Una evaluación? ¿Un sorteo? Ah, sea cual sea la opción, qué lamentable será…
La voz de Brown fue elevándose, rebosante de entusiasmo.
—¡Pero precisamente esa tensión que hace sudar las manos, esa presión, esa inmersión, esos suspiros de alivio, esa felicidad y esa desesperación… no son acaso la esencia misma del espectáculo!
—¡Es el mejor momento! ¡Ah! Justamente ahora, uno de los panelistas está por hablar.
En ese instante…
—¿Y eso qué importa? —La subgerente Jin Nasol habló.
—¿Subgerente?
—No entiendo qué importa que haya diez analgésicos o solo uno. Simplemente atrapen a cuarenta y cinco personas, díganles que salten y ya está.
Su tono era el de alguien incapaz de comprender siquiera el problema.
La subgerente Jin Nasol se volvió hacia mí y entonces…
—Para eso te esforzaste tanto creando todo este ambiente, ¿no? ¿No es así?
Clac.
La subgerente abrió ligeramente la puerta del primer vagón.
—¡! Subgerente…
—Mira.
…A través de la rendija de la puerta vi a los pasajeros del vagón número dos saludando con la mano o mirándonos con rostros llenos de preocupación.
La atmósfera creada por cientos de personas suficientemente amistosas como para que todo estuviera desarrollándose con total normalidad, sin el menor conflicto.
—Qué bien. Pensé que estabas haciendo tonterías inútiles, pero ahora veo que así podremos trabajar con un poco menos de cansancio.
—…
—De todas formas, los humanos que quedan en el tren no entenderán lo que está pasando, ¿verdad? Solo lo sabrán después de caer.
…Era cierto.
En realidad, bastaba con detener a cualquiera y decirle: “En esta vuelta cuarenta y cinco personas han obtenido el derecho, y usted está incluido. A partir de ahora solo tiene que ir saltando por turnos”.
Y entonces, sin saber absolutamente nada, caerían por la ventana sin siquiera recibir un analgésico… Hacía un tiempo semejante a una tortura, sin previo aviso.
—No, mejor aún. Como quizá ni siquiera termine en el noveno altar, que todos sigan saltando hasta que deje de aparecer el altar.
—….
—Bien, ahora solo queda ir y lanzarlos…
—Eso no se puede hacer.
—¡!
La respuesta vino de otra persona.
La supervisora Delfín.
Otro miembro del Equipo de Élite respondió mientras levantaba la vista hacia la subgerente Jin Nasol.
—…¿Qué has dicho?
—Que no se puede.
—¿Ah, sí?
La sien de Jin Nasol palpitó.
Sin embargo, a la gente competente siempre se le concede una oportunidad más.
—Entonces, ¿qué propones?
Y la supervisora Delfín eligió una opción completamente propia de ella.
—Pues escogemos únicamente a las peores personas y las lanzamos.
—¿Estás loco? ¿Para qué iba a hacer una cosa tan molesta?
En ese momento…
Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio — Aquel que quiera llegar a Tamra, ofrende un sacrificio
—Ya es la hora.
La subgerente Jin Nasol dio grandes zancadas hacia la salida del primer vagón.
Los ojos de la supervisora Delfín brillaron. Levantó la mano…
¡E-espera!
—¡Un momento! —Me interpuse delante de la subgerente.
—¿Qué?
…Era un precipicio.
«Con cuidado. Mucho cuidado.»
Tragué saliva y hablé.
—Lo que ha dicho la supervisora Delfín… tiene sentido. Creo que no deberíamos limitarnos a decirles que simplemente se tiren.
—….
—¡Lo que quiero decir es que existe una razón válida para hacerlo!
—¿Una razón?
—Sí.
Respiré hondo.
«Mantén la calma».
Tomé la historia narrativa que ya conocía y la adapté a las pistas que poseía… Para que no sonara forzada.
—Subgerente. Cuando saltó por la ventana, escuchó una voz en el altar cubierto de carne podrida. Algo como ‘abandona tu pecado’….
Desecha tu pecado.
Arráncate tanto como tu pecado.
Aquel extraño e inmenso eco que resonaba dentro de mi cabeza claramente no había sido bloqueado ni siquiera por el Happy Maker.
Y, de no haber sido por el Happy Maker, al oír aquella voz me habría arrancado la piel y la carne mientras todo mi cuerpo ardía con un dolor abrasador.
—¿Y?
—Si el mensaje era tan poderoso, sin duda está profundamente relacionado con este fenómeno. Es decir… creo que, en esta oscuridad, la palabra clave es ‘pecado’.
—….
—La palabra clave necesaria para completar el escenario.
La subgerente Jin Nasol detuvo sus pasos.
—Continúa.
—Sí. —Volví a tragar saliva—. ¿No les pareció extraño desde el principio? ¿Por qué las personas ofrecidas como sacrificio despiertan otra vez en el tren cada vez? Si realmente hubieran sido sacrificadas, no deberían regresar.
—Pero regresan trastornadas.
—Sí. Pero eso es porque… obedecen la voz que dice ‘arráncate tanto como tu pecado’, y el dolor las vuelve locas.
Separé dos elementos que durante las catorce vueltas anteriores siempre habían permanecido mezclados.
—Entonces… ¿Y si el sacrificio no es el ser humano en sí, sino la carne que el propio ser humano ofrece en proporción a su pecado?
—¡…!
¿No lo había dicho ya antes?
Que una secta se extendió y que personas de todos los vagones comenzaron a matarse entre sí, celebrando rituales dementes y arrojando cadáveres por las ventanas.
Si solo contáramos el número de personas que murieron y fueron arrojadas por la ventana, el noveno altar debería haberse superado con facilidad.
Y, sin embargo, aquella historia de terror no había terminado ni después de cientos de bucles.
La razón era…
—Las personas no son el sacrificio. Simplemente ofrecen su pecado como sacrificio en el altar.
—…
—Y luego regresan.
Quien termina la ofrenda atraviesa el altar y vuelve al punto inicial del tren.
Y así el bucle comienza otra vez.
Aunque regresan medio enloquecidos por el dolor de ‘arrancarse sus pecados’, la persona misma siempre regresa.
—Mientras va arrancando trozos de carne equivalentes a su pecado y los va dejando en el pasillo.
Comiendo. Vomitando. Derramándolos…
—Creo que eso es el sacrificio.
Ese dolor agonizante.
Aquel espantoso ardor proporcional al pecado. El eco que resonaba dentro de la cabeza.
…Al contemplar desde esa perspectiva los montones de carne podrida acumulados en el pasillo, uno empieza a entenderlos de otra manera.
No eran simples restos grotescos. Eran sacrificios ofrecidos constantemente al altar que se acumulaban allí.
—Por eso creo que la forma más segura es que quienes tienen pecado caigan al altar para ofrecer precisamente ese pecado. …Eso es todo.
—…
—…
Palm. Palm. Palm.
Detrás de mí la supervisora Delfín aplaudió suavemente.
La subgerente, sin embargo, ni siquiera se movió.
—Por supuesto, puede que mi deducción sea errónea. Pero ¿no sería razonable elegir el camino más seguro por si resulta ser correcto?
Mirándola fijamente a los ojos, hablé con toda sinceridad.
—Por favor. Con la intención de completar esto de la forma más segura, permítame convencer a los pasajeros…
—Tú. —La subgerente abrió la boca—. También sabes mentir bastante bien.
—¡…!
—Bueno. Al menos es mejor que sepas hablar.
—Sub…
—Ya es la tercera vez.
¡Golpe!
Me agarró del cuello de la ropa y me levantó en el aire.
—¡Precursor!
—¡Aaaaah!
—¿No tienes límite porque te he dejado hacer? Después de bajar en Mokpo todavía tendremos que entrar en la Oscuridad, ¿y tú quieres seguir desperdiciando energía aquí?
Desde el vagón número dos, al otro lado del acoplamiento, los pasajeros corrieron gritando.
Pero la subgerente Jin Nasol ni siquiera parpadeó; cerró la puerta del primer vagón delante de todos ellos y la aseguró.
Clac.
—Agradece que esté perdiendo el tiempo con esta tontería y escucha. —Acercó su rostro al mío—: ¿Dices que el sacrificio es la carne que la gente se arranca? Oye. Entonces, los que tú lanzaste después de ponerles analgésicos salieron perfectamente sin ofrecer carne alguna.
—¡…¡
—Según tu teoría, no ofrecieron ningún sacrificio, y aun así avanzaron sin problemas hasta el siguiente altar, ¿no?
Eso…
—Lo sabías y aun así mentiste.
«Me descubrió».
—¡Dios mío!
Así era.
Había intentado engañar a la subgerente.
«Aunque no esperaba que lo descubriera tan rápido.»
Sudando frío, sonreí. Sin embargo, casi todo lo que había dicho era cierto.
«Salvo una sola cosa.»
La conclusión.
—Así es.
La presión sobre mi cuello aumentó todavía más.
—Entonces basta con lanzar a cualquiera al altar, ¿verdad?
—Agh… sí.
Lo admití sin resistirme.
—En realidad, probablemente no importe cuánto pecado se ofrezca… Incluso si no se ofrece ninguno. Lo importante será que el ser humano… venga al altar trayendo una ofrenda.
Y además…
—Después de todo… parece que, en este tren con destino a Tamra, consideran que todos los seres humanos tienen pecado.
¿No lo habíamos visto?
«Incluso el dueño de un Corazón de Plata tan bondadoso terminó arrancándose la carne en el altar.»
Según el criterio de esta maldita historia de terror… No existe ningún ser humano sin pecado.
Todos son pecadores. Lo único que cambia es el grado.
Así que, si el objetivo es completar el escenario, no había ninguna necesidad de buscar específicamente a los peores.
—Por fin dices algo con sentido.
La subgerente soltó mi cuello. A duras penas recuperé el equilibrio al tocar el suelo y respiré con dificultad.
—Bien. Entonces deja de decir tonterías y haz que todos cooperen rápido. Con eficiencia.
—…
Sonreí con esfuerzo.
—Eso es extraño.
—¿Qué?
—Subgerente. Acaba de tomar una decisión ineficiente.
¡Bang! ¡Bang!
Miré hacia los pasajeros que golpeaban la puerta, la supervisora Delfín y a Baek Saheon.
—Si sigue su método, tendrá que enfrentarse a tres empleados.
—¡!
—Y, además, los pasajeros acaban de verla agarrándome del cuello. Haga lo que haga a partir de ahora, se resistirán con todas sus fuerzas.
—…
Tal y como habían quedado las cosas, lo que la propia subgerente consideraba ‘el movimiento más eficiente’ iba a encontrarse con una oposición enorme.
¡Porque los pasajeros ya no cooperarían! Y, llegados a este punto, la supervisora Delfín sin duda se pondría de mi lado e intentaría reducir a la subgerente.
—Claro, usted probablemente podría someterlos a todos… pero sería una molestia enorme. ¿No es cierto?
—¡Ah! ¡Qué buen punto de vista, supervisor! —La supervisora Delfín sonrió mientras se acercaba—. Exacto. ¿Para qué hacer algo tan molesto? Mejor échese una siesta y nosotros tres nos encargamos.
Detrás de él, Baek Saheon puso cara de ‘¿Yo también?’, pero en lugar de apoyar a la subgerente, simplemente desvió la mirada y permaneció callado.
Siendo del mismo Equipo de Élite, se pondría del lado que tenía más probabilidades de ganar. Así que…
—Subgerente. ¿No podría simplemente hacer la vista gorda esta única vez?
—…
—No es un trabajo de la empresa. Solo es una situación en la que terminamos involucrados por casualidad. Me gustaría utilizar un método un poco más tranquilo y seguro. Solo llevará un poco más de tiempo.
¡Por favor!
«La subgerente Jin Nasol es una persona racional.»
Era alguien que consideraba estúpido montar un escándalo por orgullo y elegir deliberadamente el camino más complicado. No me quedaba otra que confiar en eso.
«Pero… sigue siendo humana. Puede enfadarse y actuar impulsivamente.»
Sobre todo, siendo una superior del Equipo de Élite; dos supervisores llevándole la contraria no debía de sentarle nada bien…
Tragué saliva.
—Como usted misma dijo… esto no es trabajo.
—…
—…
Tras un largo silencio… La subgerente Jin Nasol echó a andar y entonces… Se sentó en uno de los asientos vacíos del primer vagón.
—…Muchas gracias.
No respondió.
Simplemente cerró los ojos con el rostro completamente inexpresivo. Era evidente que estaba conteniendo la rabia.
La verdad es que enfrentarse así a la superior durante un viaje de trabajo era una auténtica locura.
«Fiuuu…»
Lo siento mucho, subgerente… Pero, según mis cálculos, cuando todo terminara, hasta ella consideraría que el resultado había sido eficiente.
Solo que ahora mismo todavía no podía explicarlo de forma racional.
Por el momento… Había que actuar.
—…Pongámonos manos a la obra.
Estábamos a punto de entrar en el primer altar.
La supervisora Delfín pareció pensar lo mismo y fue directamente a quitar el seguro de la puerta.
—¡Sí! ¡Vamos! ¡Salgamos rápido a escoger a cuarenta y cinco personas malas!
Mmm…
—Supervisor… sobre eso.
—¿Sí?
—¿No podríamos hacerlo de otra manera?
—¿Oh?
*** ** ***
Rrrrk.
Abrí la puerta del primer vagón.
—¡Ah! ¡Se abrió…!
—¿Q-qué es esto?
Los pasajeros, que llevaban rato golpeando la puerta y seguramente discutiendo si derribarla o no, primero se alegraron y luego palidecieron al ver el estado espantoso del interior del vagón.
Pero al verme sano y salvo respiraron aliviados… Porque pensaban que yo era la respuesta a este tren.
Incliné la cabeza.
—Muchas gracias por esperar.
—¿Se… se encuentra bien, Precursor?
—Hace un momento ese, esa mujer….
—Estoy perfectamente.
Miré deliberadamente a la subgerente Jin Nasol y sonreí con amargura.
— Ella me estaba ayudando a reaccionar después de descubrir algo impactante.
—¿Algo impactante?
Respiré profundamente.
—Tengo algo que decirles. —Miré a los cientos de personas que me observaban—. Esta vez… no existe límite para quienes pueden salir por la ventana.
—¡¡¡Ooooooh!!!
—Y esta será la última vez.
—….
—¿Eh?
—¿Qué significa eso…?
—Exactamente lo que he dicho. —Hablé despacio—: Esta prueba termina aquí.
Los pasajeros comenzaron a murmurar, preguntándose qué significaba aquello.
¿No se suponía que todos debían pasar por la ventana?
—Originalmente sí. Todos debían ir saliendo poco a poco por la ventana. Pero… la situación ha cambiado.
Todos guardaron silencio para escucharme.
—Porque todos ustedes ya están cualificados. Han reunido los requisitos.
—¡E-entonces!
Asentí.
—Sí. Cualquiera de ustedes puede salir por la ventana y superar la prueba.
—¡Dios mío!
—¡Entonces yo…!
Detuve a quienes ya levantaban la mano.
—Sin embargo… esta vez será doloroso sin excepción.
—¡!
Lo dije con absoluta franqueza.
—Cuando caigan, sentirán un dolor abrasador mientras avanzan caminando. Quizá les duela tanto que quieran arrancarse la carne. Tendrán que luchar contra el dolor y contra la voz que resonará en su cabeza mientras avanzan, paso a paso, hacia la luz…
Los pasajeros quedaron en silencio. Congelados, comenzaron a intercambiar miradas y a murmurar.
Entonces alguien gritó desde atrás.
—¡Eso no fue lo que prometiste!
—¡Exacto! ¡Dijiste que nos protegerías!
Asentí.
—Por supuesto. Si no desean participar, no pasa absolutamente nada.
—¿Eh…?
—Pero hay una cosa que sí puedo prometerles con absoluta certeza.
En realidad… Según los documentos internos de la Agencia de Gestión de Desastres sobre el antiguo tren con destino a Iksan, cuando esta historia de terror termina sin incidentes…
Los pasajeros despiertan sobresaltados en el punto de partida del tren, como si acabaran de salir de una pesadilla.
Luego continúan viviendo con normalidad, pensando simplemente: ‘Vaya… solo fue una pesadilla.’
Todo lo ocurrido en el tren con destino a Tamra desaparece poco a poco a lo largo de medio día, igual que un mal sueño desagradable que uno acaba olvidando por completo.
Pero… Se observaron varios cambios en quienes declararon haber saltado voluntariamente por la ventana.
Recordaba perfectamente aquella frase.
—-
Un pasajero que insultaba de forma habitual a sus subordinados pidió perdón nada más bajar del tren y nunca volvió a hacerlo.
Otro que cruzaba siempre la calle imprudentemente abandonó ese hábito porque, según sus propias palabras, ‘de alguna manera empezó a avergonzarse de sí mismo’.
Otra pasajera comenzó por fin el voluntariado limpiando un centro juvenil que llevaba tiempo posponiendo.
Incluso un estafador que participaba en un fraude a una aseguradora abandonó el plan y entregó la información a la policía.
—-
En términos generales, se observó una mejora tanto de la moralidad como de la autoestima y del orgullo personal.
Sí.
Siempre que esta historia de terror terminara de forma segura, sin repetir cientos de bucles espantosos, el sufrimiento acabaría reducido a una breve pesadilla que terminarían olvidando.
Pero lo bueno permanecería.
«Por eso, cuando esta historia de terror correspondía al tren con destino a Iksan, la Agencia de Gestión de Desastres la clasificó como un fenómeno y no como un desastre, limitándose a redactar un informe interno…»
Así que… Exagerándolo un poco.
—Quienes salgan esta vez por la ventana… cuando finalmente abandonen el túnel, se sentirán orgullosos de sí mismos.
Continué hablando.
—En lugar de arrepentirse de lo que hicieron ayer, serán personas capaces de dar un paso al frente en el momento oportuno. Se encontrarán con una versión mejor de ustedes mismos, sin sentir vergüenza.
Una voz pequeña surgió entre la multitud.
—…Disculpe. ¿Esa es la recompensa?
La miré directamente y asentí despacio.
—Sí.
—…
—Pero al menos de eso puedo responder con absoluta seguridad.
Los pasajeros volvieron a guardar silencio.
—Entonces volveré a preguntarles. ¿Hay alguien que desee salir por la ventana, soportando ese dolor?
—Yo.
Giré la cabeza.
Era la supervisora Delfín, con la mano levantada y después…
—Yo también bajaré.
Uno tras otro comenzó a levantar la mano.
—Yo.
—¡Yo también…!
En todos aquellos rostros había un extraño entusiasmo que superaba incluso al miedo.
La psicología de masas.
Una espada de doble filo.
Pero la cohesión y la influencia acumuladas durante catorce vueltas estaban revelando ahora su forma más solemne. La capacidad de dejarse inspirar por el valor de quienes tienen al lado.
En un abrir y cerrar de ojos, casi la mitad de los pasajeros del tren había levantado voluntariamente la mano.
El final que durante catorce vueltas había intentado contemplar, incluso convirtiéndome en líder de una secta si era necesario, estaba ahora mismo delante de mis ojos.
—…Gracias a todos.
Entrada al primer altar.
—Muchas gracias.
Yo también saldré con ustedes.
Tal como el dueño del Corazón de Plata lo había imaginado una vez.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Fuaaaa está resolución me llena de sentimiento, esto es lo que originalmente el dueño del corazón de plata quería pero no tuvo manera de lograrlo. Es un poquito agridulce.