Una vibración sorda, difusa e indistinta, lo alcanzó desde un lugar muy lejano, como si llegara amortiguada a través de aguas profundas.
Shen Zhuo.
Despierta, Shen Zhuo.
Como si el alma, desde lo más hondo de la conciencia, llamara al yo verdadero, el temblor se volvió cada vez más nítido, cada vez más violento, hasta que la lucidez estalló de golpe.
Shen Zhuo abrió los ojos de repente.
Ante él se extendía un espacio oscuro y amplio; a su espalda debía de haber una pared áspera contra la que estaba apoyado. A lo lejos se filtraban explosiones y estruendos de un combate feroz. Shen Zhuo cerró los ojos un instante y, en apenas unos segundos, recuperó la claridad mental. Comprendió que Rong Qi lo había encerrado mediante algún tipo de restricción espacial y que, en el exterior, alguien ya había logrado abrirse paso.
Un S de nivel normal no tenía capacidad para causar semejante devastación en territorio de Rong Qi. Tenía que ser Bai Sheng.
Apretando los dientes, Shen Zhuo se puso en pie e intentó gritar, pero el agotamiento y la deshidratación le habían dejado la garganta ronca; no logró emitir apenas sonido. Probó a golpear la pared: la barrera espacial no reaccionó en absoluto.
Tras la evolución, todo el mundo podía percibir dónde se concentraban sus puntos de habilidad. Shen Zhuo, por el uso frecuente de interferones genéticos, estaba más que acostumbrado a esa sensación. Tal como Rong Qi había dicho antes, su evolución a nivel S había invertido casi un ochenta por ciento en inteligencia genética; el veinte por ciento restante había ido, básicamente, al Fatal Strike y a la inversión del eje temporal.
De las otras cuatro direcciones evolutivas, la fuerza mental ya había alcanzado de forma innata su cima absoluta, sin margen para seguir evolucionando; las feromonas eran muy tenues y, además, estaban ya impregnadas del aroma de Bai Sheng.
Quedaban la calidad muscular y la potencia de habilidad, ambas muy limitadas. Si había que pelear a puñetazos, no tendría problema en traer a Chen Miao y darle una paliza; pero frente a tipos como Yue Yang, Noda Shunsuke o Antonio —capaces de desnudarse y lanzarse encantados a un campeonato de boxeo— aquello era directamente otra liga.
La evolución intelectual era rara y valiosísima, porque daba lugar a toda una serie de habilidades cerebrales, aunque ninguna orientada al combate. Ahora, atrapado y con la necesidad urgente de romper una pared, se encontraba bastante atado de manos.
No podía ni soñar con algo como Bai Sheng cayendo del cielo como un trueno colosal y haciendo añicos el espacio de un golpe. Shen Zhuo apoyó los dedos contra la pared; sus cejas largas y elegantes se fruncieron levemente. Tras unos instantes, una idea empezó a tomar forma en su mente. Inspiró hondo, dio unos pasos atrás y extendió ambas manos hacia adelante…
El aire comenzó a condensarse, a estirarse y a comprimirse, solidificándose frente a él hasta formar un enorme y magnífico arco semitransparente.
Habilidad de clase B: control de presión atmosférica.
Un ligero cambio en la presión; cuanto menor el rango, mayor la intensidad. Exigía al usuario un control microscópico y una gran estabilidad.
La flecha fue tensada hasta el límite. La punta giró y se comprimió al máximo, concentrando toda la energía posible, hasta que el extremo se redujo a un punto más afilado que la cabeza de una aguja, reflejado en los ojos de Shen Zhuo, tan fríos y profundos como un estanque helado.
¡Zas!
Un leve silbido cortó el aire. La flecha salió disparada como un meteoro y, al tocar la pared lejana, se disolvió en una corriente de aire, dejando apenas una diminuta marca blanca.
El rostro de Shen Zhuo permaneció impasible. Con los diez dedos firmes, volvió a tensar el arco y disparó de nuevo. ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas!
Incontables flechas surcaron el aire en una lluvia cegadora. Cada una reproducía exactamente la misma trayectoria, como si siguiera un programa de precisión milimétrica, concentrando presión una y otra vez, miles de veces, en ese punto más pequeño que la punta de una aguja. Tras cientos y cientos de repeticiones, se oyó de pronto un sonido seco…
¡Crac!
La pared de la restricción espacial se abrió con una finísima grieta.
Las pestañas de Shen Zhuo no se movieron. Tensó de nuevo la cuerda hasta formar una luna llena y soltó otra flecha…
¡Pum!
Bai Sheng, fuera de sí, lanzó con violencia al último A que se había negado a hablar hasta la muerte. El cadáver se estrelló contra una pared, desparramando sesos y sangre. Acto seguido, desplegó de un manotazo un escudo de vacío para proteger a los investigadores, que huían despavoridos no muy lejos, y avanzó entre saltos y sacudidas de tierra, rugiendo:
—¡Shen Zhuo! ¿¡Dónde estás!?
Los escombros caían como lluvia torrencial. No había rastro alguno de Shen Zhuo; ni siquiera las feromonas devolvían respuesta. Rong Qi se retiraba a toda velocidad por el laberinto subterráneo, mientras Bai Sheng lo perseguía sin darle tregua. Cualquiera que intentara interponerse era abatido de un solo golpe: dios o demonio, daba igual. Tras él quedaba un río de sangre, como un largo pergamino desplegando un paisaje infernal.
Con un estruendo, Rong Qi clavó la lanza en el suelo. Un patrón negro en forma de cadena se extendió automáticamente desde su muñeca, enlazando su mano izquierda con la Lanza del Tiempo. Alzó una ceja y dijo con frialdad:
—Vamos, pruébalo. Nueve contra uno. A ver si la ley de la causalidad se atreve a borrar también la Lanza del Tiempo.
Bai Sheng estuvo a punto de perder los nervios. La bruja rugió sin voz en su mente:
«¡Puede! ¡No! ¡Cálmate!»
—¿Entonces qué hacemos ahora? —gruñó Bai Sheng.
«¡Encuentra a Shen Zhuo! Solo si Shen Zhuo recupera la Lanza del Tiempo podremos volver al pasado».
—No sirve de nada. No te molestes —intervino Rong Qi con desdén—. Shen Zhuo está aquí mismo, dentro de un radio de tres mil metros. Si activas la causalidad, nos borrarás a mí, a Shen Zhuo y a la Lanza del Tiempo a la vez, porque no tienes forma de encontrarlo.
—…
Rong Qi se encogió de hombros con burla, cada vez más descarado.
—Qué lástima. Deberías ser ahora mismo la única persona en la que Shen Zhuo puede confiar, y aún así estás tan cerca… e impotente. ¿Y ahora qué vas a hacer?
Una oleada de ira le subió directa a la cabeza. Bai Sheng, furioso hasta el extremo, soltó una carcajada cargada de violencia; sus ojos rebosaban de intención asesina.
—He oído que, gracias a tus habilidades, te crees muy resistente a los golpes…
En un parpadeo desapareció del sitio y apareció suspendido frente a Rong Qi, lanzándose a arrebatarle la Lanza del Tiempo.
—¡Pues voy a comprobar yo mismo cuán resistente eres!
Rong Qi retrocedió como un relámpago. Pero justo cuando el combate estaba a punto de estallar, no muy lejos…
¡BOOM!
La tierra tembló con violencia. ¡Una flecha atravesó el vacío y destrozó el espacio!
La fortaleza espacial, supuestamente indestructible, se vino abajo. Una figura surgió empuñando un gran arco, como un dios de la guerra descendido del cielo, rompiendo el aire ante las miradas incrédulas de Rong Qi y Bai Sheng.
Bai Sheng creyó estar alucinando.
—¿Shen Zhuo?!
Shen Zhuo no tuvo tiempo de explicaciones. Con el dobladillo de la ropa ondeando hacia atrás, giró el cuerpo y tensó la cuerda con una sola mano.
—¡¡Apártate!!
En una milésima de segundo, cada uno reaccionó de forma distinta:
Bai Sheng, sin entender nada, alzó el brazo. La sincronía entre ambos era absoluta: Shen Zhuo apoyó con fuerza un pie sobre el codo firme de Bai Sheng para estabilizarse, encajó la flecha y apuntó, bajando las largas pestañas con concentración letal.
Rong Qi comprendió al instante lo que Shen Zhuo pretendía hacer. Sin otra opción, desató un colosal rayo hacia la espalda de Shen Zhuo, que Bai Sheng interceptó a la fuerza con un escudo de vacío.
El rayo chocó contra el escudo con un estruendo que sacudió los cielos.
En medio de aquella luz blanca y cegadora, Shen Zhuo soltó la cuerda.
La flecha invisible salió girando, atravesando montañas de cadáveres y lluvias de escombros, salvando en el vacío una distancia de cientos de metros.
¡Plop!
En la lejana sala principal, la bolsa de sangre S de 500 cc explotó al ser alcanzada, hecha añicos.
El rayo estalló al mismo tiempo. El suelo tembló violentamente; enormes bloques de hormigón armado cayeron desde lo alto como una tormenta. Todo el complejo subterráneo se derrumbó por completo.
Con ese disparo, Shen Zhuo eliminó el mayor peligro oculto. El arco de su mano se deshizo en el aire. No había tenido tiempo ni de darse la vuelta cuando Bai Sheng lo protegió sujetándole la nuca y, de un solo movimiento, se lo echó al hombro.
Entre el colapso ensordecedor y la tierra desplomándose a su alrededor, Bai Sheng gritó con urgencia:
—¡Vámonos!
No había nadie que pudiera detenerlos; la carnicería reciente hablaba por sí sola. Bai Sheng cubrió a Shen Zhuo, corriendo entre los escombros:
—¡¿Cómo rompiste el confinamiento?!
Shen Zhuo, cubriéndose la boca y la nariz del polvo, apenas pudo responder:
—¿Qué crees? Soy un S ahora… muy fuerte.
—No lo pareces, cariño —dijo Bai Sheng—. ¿No habrás puesto todo en inteligencia, verdad?
—La presión atmosférica también es fuerte. ¡No preguntes y salgamos de aquí!
Un estruendo final los hizo emerger; ante ellos se abrió el panorama.
La fortaleza subterránea de Rong Qi estaba sepultada; árboles caídos habían llenado los vacíos del terreno, y un río de tierra y escombros corría hacia el acantilado, elevando polvo al cielo. Shen Zhuo reconoció el lugar: alrededores de Quanshan. Rong Qi había permanecido oculto cerca de Shenhai, en montañas deshabitadas.
—Acabo de… —Shen Zhuo no terminó la frase; una fuerza sobre su nuca lo obligó a girar. Bai Sheng lo besó con intensidad, como si quisiera fundirse en él.
Ambos cayeron de rodillas, con la frente apoyada, respirando agitados. Bai Sheng, con dedos en el cabello de Shen Zhuo, forzó una sonrisa temblorosa:
—…Lo siento. Hice todo lo posible por llegar antes, pero no encontraba manera…
Shen Zhuo, demacrado tras días de tortura, besó suavemente el labio de Bai Sheng y dijo:
—Ya hiciste suficiente.
—Si no me hubiera poseído Rong Qi… si no hubieras mostrado la Lanza del Tiempo…
—Ya hiciste suficiente —repitió Shen Zhuo—. No revertí el tiempo por otra razón que no fuera recuperar a mi amor…por voluntad propia, Bai Sheng.
Shen Zhuo sacó de su camisa una fina cadena con un anillo simple, a juego con el de Bai Sheng:
—Siempre estuve dispuesto.
Era como si un vacío en su alma se llenara; el corazón bombeaba ardiente, y él murmuró:
—Te protegeré, te seguiré, hasta que un día futuro enfrentemos juntos la muerte…¿Quieres que yo también sea tuyo?
Todas las noches de sumisión, los gestos de amor y humildad, promesas no dichas… todo se disolvía en ese instante. Tras una vida de persecuciones y calamidades, su compromiso finalmente reposaba entre sus manos.
A lo lejos, un silbido cortante entre los árboles trajo un rastro frío y sangriento.
Rong Qi finalmente logró escapar del colapsado domo subterráneo.
—Acabo de destruir esa bolsa de sangre; Rong Qi está condenado a no obtener la habilidad de invertir la línea temporal. Ahora no tiene otra opción más que matarme sin importar nada, para evitar que la Lanza del Tiempo vuelva a mis manos —pensó Shen Zhuo.
No es de extrañar que hubiera invertido un ochenta por ciento de sus puntos de evolución en su inteligencia: en cuanto salió del confinamiento, comprendió de inmediato lo urgente que era destruir la bolsa de sangre. Por un lado, eliminaba la posibilidad de que Rong Qi se llevara tanto la habilidad como la Time Gun; por otro, le mostraba la situación que menos quería ver: el poder de invertir el tiempo había vuelto a Bai Sheng.
La única ruta que le quedaba ahora era matar a Shen Zhuo, llevarse su cuerpo y extraer el suero. De lo contrario, si Bai Sheng decidía usar la Ley de Causalidad en un radio de tres mil metros sin discriminar, todos los planes de Rong Qi fracasarían, y él jamás se arriesgaría a eso.
Shen Zhuo se apoyó en el suelo, apretando los dientes mientras intentaba ponerse de pie, pero su cuerpo agotado lo hizo tambalear. Bai Sheng se levantó y lo abrazó con fuerza.
—No pasa nada. Estoy aquí, no tengas miedo —dijo.
Aunque la situación era de vida o muerte, la familiaridad de su presencia era tan profunda que el simple contacto del brazo de Bai Sheng le llenaba los pulmones, tentándolo a dejarse llevar y hundirse en aquel momento.
Shen Zhuo cerró los ojos, respiró hondo y se obligó a recuperar la concentración, soltando una sonrisa ahogada:
—¿De qué debería tener miedo? Aunque hubo alguien que juró que siempre protegería mi vida…
Bai Sheng giró la cabeza; en lo profundo de sus ojos brillaba un fuego intenso mientras miraba el rostro de su amado, tan cerca, tantas veces entrelazado y besado.
—Yo también lo deseo, Shen Zhuo.
Podían verse reflejados el uno en el otro. Bai Sheng susurró:
—Tienes todo de mí, incluyendo mi fe, mi fuerza, mi coraje y mis ideales, hasta el último día de mi vida.
Un aura violenta se acercaba.
Rayos y truenos descendieron desde el cielo, iluminando el mundo al instante.
Bai Sheng empujó a Shen Zhuo detrás de él, levantando un escudo invisible sobre sus cabezas, mientras Rong Qi aparecía silenciosamente en el aire, cuatro dedos juntos como cuchillas, apuntando al corazón de Shen Zhuo.
¡Crac! El látigo eléctrico de Shen Zhuo desvió a Rong Qi, el arco de electricidad iluminó sus ojos fríos; el rostro siempre sereno mostraba una irritación apenas contenida:
—¿Tú solo?
Rong Qi agarró el látigo con fuerza, intentando atraer a Shen Zhuo hacia él, pero Bai Sheng se abalanzó, lanzando a Shen Zhuo lejos y golpeando con un puño que hizo retroceder a Rong Qi sin piedad:
—¿Tú solo?!
Shen Zhuo retrocedió más de diez metros, apoyando un pie en la punta de un árbol para estabilizarse:
—¡Cuidado, puede devolverte el daño!
Si la clave de Bai Sheng contra Rong Qi era la Ley de Causalidad, la contra de Rong Qi era el daño reflejado. Debido a esta habilidad casi divina de invulnerabilidad, Bai Sheng no podía infligir daño directo, solo esquivar, desplazarse y esperar el momento adecuado. En varias ocasiones estuvo a punto de tocar el arma del tiempo, pero Rong Qi la recuperaba, atravesando el hombro izquierdo de Bai Sheng con la lanza.
¡Puf! La sangre brotó violentamente. Bai Sheng sujetó la lanza con fuerza. Rong Qi dijo con frialdad:
—Hay algo que probablemente no sepas…
Un proyectil de fuego se lanzó hacia Bai Sheng. Rong Qi retiró la lanza, salpicando sangre.
—La Ley de Causalidad y la Time Gun son incompatibles; atacarse mutuamente reduce sus atributos. En un universo paralelo, quien portaba la Time Gun fue borrado accidentalmente por la Ley de Causalidad, y desde entonces nunca más apareció en ese universo —explicó Rong Qi. —De la misma forma, si la Lanza del Tiempo atraviesa tu cuerpo, su efecto se reduce. Adivina qué pasaría si murieras bajo esta lanza.
El dolor despertó la ferocidad de Bai Sheng; sonrió con violencia:
—¡Mejor adivina qué pasaría si mueres en mis manos!
¡Boom!
Sus puños colisionaron en un vendaval de golpes. Cientos de choques de brazos y codos rasgaron el aire, transformándolo en cuchillas que despedazaban la roca alrededor.
Miles de trayectorias de ataque se proyectaban en los ojos de Shen Zhuo como datos veloces, formando un modelo dinámico. Tensó su arco; una flecha giró y salió disparada:
¡Fiu!
Rong Qi la atrapó con dos dedos:
—Simple habilidad B…
Pero al mirar los fríos y penetrantes ojos de Shen Zhuo, de repente se sintió confuso.
Habilidad X: Supresión Mental: Se activaba al superar el 400% de carga cerebral; nunca antes vista en la Tierra, por eso no estaba clasificada. Al recibirla, la inteligencia disminuye un 90%, provocando lentitud de reacción, desorientación y delirios temporales; la duración dependía del nivel de inteligencia del afectado. Sin tiempo de recarga.
La flecha de Shen Zhuo aplicó la fuerza correctamente: Rong Qi sintió su mente ralentizarse, incapaz de reaccionar al puño de Bai Sheng.
—¿Habilidad de supresión mental? —exclamó Rong Qi al recuperar la conciencia.
Su primer impacto total desde que llegó a la Tierra. Sacó un cuchillo, lanzándolo hacia Shen Zhuo, pero Bai Sheng lo desvió.
En ese instante, Shen Zhuo disparó tres flechas consecutivas, aunque Rong Qi esquivó todas con su increíble destreza. Al mismo tiempo, Bai Sheng bloqueó sus ataques directos.
—¿Crees que caeré dos veces en la misma trampa? —gruñó Rong Qi.
—¡Shen Zhuo, esquiva! —gritó Bai Sheng.
Miles de agujas surgieron alrededor de Rong Qi, atacando a Shen Zhuo. Bai Sheng protegió con su escudo, pero Rong Qi intentó superar la defensa y atacar.
Shen Zhuo analizó viento, flujo de aire, tiempo y ángulo; once rutas de predicción se dibujaron en su mente.
¡Fiu!
Nueve flechas pasaron de largo. La décima fue esquivada, pero la undécima alcanzó el cuello de Rong Qi: la supresión mental funcionó. Su cerebro se congeló, reduciendo su inteligencia y reacción un 90%.
El cuchillo que había lanzado hacia Shen Zhuo cayó; Bai Sheng lo atrapó y cortó sin dudar:
¡Pum!
La lanza y medio brazo de Rong Qi volaron.
Shen Zhuo atrapó el arma del Tiempo; un segundo después, Rong Qi recuperó la consciencia, activándose el reflejo de daño. El brazo roto de Rong Qi se restauró, pero Shen Zhuo clavó la lanza en el suelo, activando la inversión temporal.
—Tic-tac.
El tiempo retrocedió un segundo. La sangre brotó de su brazo, y Bai Sheng, sin perder tiempo, lanzó un golpe SS que lanzó a Rong Qi cientos de kilómetros lejos. La tierra tembló, y Shen Zhuo, jadeando, dijo:
—Rápido, no dejes que escape…
Bai Sheng abrazó a Shen Zhuo con fuerza, ambos temblando mientras él depositaba un beso urgente en su frente. La adrenalina y el miedo apenas comenzaban a ceder.
—Tranquilo, no tengas miedo, estoy aquí —dijo Shen Zhuo con voz ronca, calmado.
A pesar de la batalla y el peligro, mientras estuvieran juntos, nada podría detenerlos; siempre serían el apoyo más fuerte del otro.
—Ese Rong se está escapando hacia el sur, rumbo a Shenhai —dijo Bai Sheng, soltándolo al fin. Entrelazó los dedos con los de Shen Zhuo y tiró de él—. Seguro que va a buscar a Noda Shunsuke para abrir un túnel espacial. Esta vez no podemos dejar que huya. ¡Vamos!
El vendaval a gran altura rugía con violencia, silbando a sus espaldas al pasar rozándoles los oídos. Bai Sheng sujetaba a Shen Zhuo con un brazo, apretándolo contra su costado, y cruzó a toda velocidad un barranco tras otro. La silueta de la ciudad se acercaba rápidamente en el horizonte.
Las corrientes de aire se dispersaron, y la vasta extensión de la próspera ciudad de Shenhai empezó a desplegarse ante ellos.
—Los dos niños han logrado retener a esa gente en el laboratorio HRG. Yang Xiaodao se jugó la vida con ese cabrón de Noda Shunsuke —dijo Bai Sheng, entrecerrando los ojos. De pronto, su mirada, afilada como la de un halcón, se clavó en un punto concreto—. ¡Ahí está!
A lo lejos, el centro urbano de Shenhai había caído ya en un caos absoluto, completamente colapsado. Cuatro grandes avenidas, con el laboratorio HRG como epicentro, estaban despejadas y acordonadas. Una figura de espaldas, con el brazo izquierdo amputado y manchada de sangre, avanzaba hacia la ciudad con una fuerza imparable.
Era Rong Qi.
En un momento así, en realidad, nada más importaba. Mientras la Lanza del Tiempo, ese artefacto divino, siguiera en juego, no importaban las víctimas ni la devastación, ni siquiera que el sol explotara y la Tierra quedara reducida a cenizas: bastaba con invertir el eje temporal y todo podría deshacerse.
En todo el tablero de la batalla solo había un punto verdaderamente crucial…
Proteger a Shen Zhuo.
La vida de Shen Zhuo no podía perderse. Si caía, todo estaría acabado.
El brazo de Bai Sheng se tensó, estrechando a Shen Zhuo con fuerza contra su pecho. En la otra mano, una lanza blanca y deslumbrante estalló en un relámpago de luz. Justo cuando estaba a punto de lanzarse sin reservas contra Rong Qi, el suelo bajo sus pies tembló sin previo aviso.
¡BOOM!
La tierra se sacudió, montañas y edificios parecieron estremecerse, y una nube de polvo cubrió el cielo. El edificio de diez plantas del Hospital Especializado en Evolución se derrumbó.
Ambos se quedaron congelados al mismo tiempo. Desde el aire miraron hacia las ruinas. Incluso el rostro siempre imperturbable de Shen Zhuo cambió ligeramente. Bai Sheng, en cambio, soltó un juramento en el acto:
—¡¿Yang Xiaodao?!
Nota del autor:
Lo estoy corrigiendo frase por frase… tengo la sensación de que la parejita ya no está peleando contra Rong Qi, sino directamente contra mi propia masa cerebral.
El próximo capítulo será el final del combate. Probablemente me lleve bastante tiempo, así que voy con calma; no esperen despiertos, kowtow incluido. (NT: kowtow significa pido disculpas, perdón…) (NE: es la reverencia de arrodillarse e inclinar el cuerpo tanto hasta tocar el suelo con la frente como muestra de respeto o sumisión).
Después de invertir el eje temporal, en realidad mucha gente conserva los recuerdos, porque esta vez el ojo del huracán se abrió enorme. Cameron, en cambio, se queda sin memoria, jajaja, porque el pobre estaba custodiando la ONU… demasiado lejos de Shenhai.
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