Qi Yu, evidentemente, no esperaba que el príncipe heredero dijera algo así, y se quedó pensando con intensidad.
¿Que el príncipe heredero también sabía ser “atrevido”?
¿Alguien que ni siquiera entendía el romance sabía ser “atrevido”?
¿Cómo sería el príncipe heredero cuando se volviera “atrevido”?
Era demasiado trampa. ¡Esa faceta no estaba en el libro!
Qi Yu comparó mentalmente al príncipe heredero inocente con el príncipe heredero desenfadado, y no pudo evitar sentir cierta fascinación. Tragándose las palabras de consejo que iba a decir, preguntó con timidez:
—¿C-cómo piensa usted ser “atrevido”?
Murong Jun: “…”
El príncipe heredero inocente sabía lo que era ser “atrevido” por una razón. Después de años de sequía, el emperador recién coronado estaba a punto de elegir por fin a su primera consorte, y el eunuco jefe Jiang, temiendo que la primera noche fuera un desastre, le había metido a escondidas en la manga un montón de libros de cuentos y manuales ilustrados de alcoba.
Murong Jun era un hombre inteligente, y con la edad que tenía, después de hojear unas páginas, lo comprendió todo.
Jiang He era meticuloso; había puesto juntos tanto los manuales para principiantes como los avanzados, por si acaso a su señor le faltaba material. Murong Jun, naturalmente, aprovechó para leerlos todos en sus ratos libres.
Dejando de lado los manuales ilustrados más explícitos, algunos de los cuentos estaban escritos con bastante estilo. Murong Jun los hojeó y memorizó frases como “Si el hombre no es atrevido, su mujer no lo quiere”. Estaba convencido de que esos dichos debían tener razón, pues de lo contrario Jiang He no se los habría dado. Y si quería que Tian Tian* lo amara, naturalmente tenía que ser un poco más “atrevido”.
(Nota: Anteriormente su apodo estaba traducido como “dulzura” en este caso y en adelante se utilizará el Tian Tian)
Al recordar aquellas frases de los cuentos, las orejas de Murong Jun se tiñeron de un leve rubor. Pero ya que era Tian Tian quien lo pedía, ¿por qué no?
Murong Jun sonrió con suavidad:
—Bien, en un momento sabrás lo “□□” (*) que puede ser tu esposo.
—¡¡¡Príncipe heredero!!!
Qi Yu se rió tanto que casi se cae de la cama. ¿Cómo podía ser tan ocurrente? Esos “□□”, ¿acaso esperaba que los rellenara yo solo?
En aquella dinastía, los cuentos no podían tener palabras demasiado explícitas; si las tenían, las censuraban y las sustituían por “□□” antes de publicarlos. Murong Jun solo había visto “□□” y, por tanto, solo podía pronunciar “□□”.
Y en el fondo de su corazón, Murong Jun estaba convencido de que no había nada más “atrevido” que esos “□□”.
Qi Yu temblaba de risa:
—¡Esposo, usted es increíble, ja, ja, ja, ja!
[(*) Nota del traductor: En las novelas populares de la antigua China, las expresiones demasiado explícitas eran censuradas durante la impresión y se sustituían por los caracteres «口口» (literalmente, «boca boca»), equivalentes a un espacio en blanco o una palabra tachada. Murong Jun, al haber aprendido de esos libros censurados, cree que «口口» forma parte de la frase y lo pronuncia literalmente, sin darse cuenta de que representa las palabras censuradas. Ahí reside el chiste].
Murong Jun, imperturbable, dijo:
—Esta vez sí lo has dicho bien.
Qi Yu cayó de inmediato en la cuenta de lo que había dicho, y, con la conciencia intranquila, desvió la mirada:
—No sé de qué está hablando…
Murong Jun sonrió con malicia:
—Si hasta puedes decir que me quieres, ¿por qué te da tanta vergüenza? Ya que nunca consigues cambiar el tratamiento, ¿qué te parece si me llamas “esposo”?
A diferencia de Tian Tian, que siempre lo negaba todo, el príncipe heredero se adaptó a su primer “atrevimiento” con toda naturalidad.
Qi Yu, con el rostro encendido, respondió tajante:
—¡No!
Llamarlo “príncipe heredero” era pura alegría; llamarlo “esposo” era pura provocación.
Murong Jun propuso:
—Entonces, yo te prometo ser “romántico”, y tú prométeme que a partir de ahora dejarás de usar el tratamiento formal. ¿Qué te parece?
Qi Yu soltó una risita, y por algún motivo sintió una mezcla extraña de emociones:
—¿Pero usted no solo sabe ser “atrevido” y no sabe lo que es el “romance”?
—… Pues no, no lo sé.
Murong Jun esbozó una sonrisa, pero notaba claramente que el muchacho no estaba muy dispuesto a compartir el lecho con él. Sentía más curiosidad que enfado. Después de tanto esfuerzo para que Tian Tian se decidiera a buscarlo por iniciativa propia, ya se daba por satisfecho con que en esta vida pudiera ganarse su afecto. No podía apresurarse y volver a espantarlo.
—Yu’er, ¿acaso no deseas…?
—No es eso—, Qi Yu negó con la cabeza—. Solo quiero esperar un poco más. Yo… yo quiero con usted…
De repente, recordó algo, y con los ojos brillantes de humedad, corrigió:
—Quiero decir, contigo. Quiero que sea poco a poco, que me quieras un poco más cada día. Me da miedo que si todo va demasiado rápido, te canses.
Lo que atemoriza a un joven que se enamora por primera vez no es el largo camino por delante, sino no poder envejecer juntos.
Qi Yu no era una persona inconstante. Ya que había decidido querer, quería que fuera para siempre, y deseaba que el otro sintiera lo mismo.
Tan tierno, tan considerado. Murong Jun, al escucharlo, también se sintió conmovido.
Así que ese pequeño listillo no sabía cuánto lo quería, y se preocupaba sin motivo.
—¿Cómo podría cansarme?
Murong Jun bajó la cabeza y besó la punta de la oreja enrojecida de Qi Yu, y luego susurró dos frases más:
—Desearía tenerte en la cama, esconderte en mi manga, abrazarte mientras doy audiencia, hacerte llorar en el trono, hacerte perder la razón entre gemidos. Así nunca podrías dejarme.
Qi Yu se quedó paralizado y forcejeó sin control:
—¡Tú, tú…!
¡Bestia, lobo con piel de cordero! Con esa cara de hielo y apariencia ascética, y sin embargo, capaz de decir semejantes cosas. Realmente había subestimado el nivel de “atrevimiento” de este hombre.
Qi Yu no pudo evitar sentir una profunda preocupación por su propio futuro, y al pensarlo bien, hasta le temblaron un poco las piernas.
El príncipe heredero inocente, Murong Jun, añadió:
—Por ti, ¿cómo no iba a averiguar qué significan realmente esos “□□”? Ahora ya deberías saber cuánto te quiero.
—¡Tú…!
Qi Yu perdió los ánimos. Lo abrazó con fuerza, con la barbilla apoyada contra la frente del otro.
—¿Tienes sueño? Tu rostro aún muestra cansancio. ¿Quieres dormir un poco más?
Murong Jun, sin alterarse, disipó la inquietud del muchacho en un instante. En apenas un segundo, contuvo todo deseo y solo dejó un beso de preocupación en su entrecejo.
Al oírlo decir eso, Qi Yu sintió de verdad que le entraba sueño. Acarició la mano de Murong Jun, pensó que aquel hombre ya era suyo, y no pudo contener la alegría. Añadió algunas palabras sin importancia, y entonces, apoyado dócilmente en el brazo de su acompañante, bostezó y se quedó dormido, arropado por el calor.
Murong Jun, que apenas había dormido durante la noche, lo observó un rato, le ajustó la colcha y también se recostó para descansar un poco.
No sabía cuánto tiempo había pasado cuando llegaron voces desde fuera del palacio.
Se oía la voz aguda de un eunuco, mezclada con una femenina que decía:
—¿Seguro que está aquí?
—Sí, nuestra gente oyó voces.
—Qué extraño. Este palacio Rizhu, Su Majestad nunca ha permitido que nadie entre. ¿Por qué de repente está iluminado y se oyen voces?
—Hum, quién sabe si alguien se está citando aquí a escondidas. ¡Qué falta de decoro!
Qi Yu estaba soñando que el príncipe heredero quería arrebatar el trono, y al oír aquellas voces a medio despertar, dio un respingo y se incorporó.
¡Ay, no! ¿Que su cita a escondidas con el príncipe heredero la habían descubierto?
Lleno de angustia, empujó a la persona que tenía a su lado:
—¡A Jun, despierta rápido!
Murong Jun abrió los ojos, lo miró de reojo y, satisfecho con el apelativo, extendió el brazo para abrazarlo.
¡¿Y aún así quiere abrazarlo en un momento como este?!
Qi Yu estaba desesperado. Sin miramientos, pellizcó con fuerza el brazo de Murong Jun.
Murong Jun terminó de despertarse del todo a base de pellizcos.
Qi Yu le lanzó una túnica que estaba al pie de la cama:
—¡Rápido, alguien viene, lárgate!
Murong Jun: “…”
—¿Irme? ¿Adónde?
Qi Yu se dio una palmada en el muslo:
—¡Ya no hables más, no hay tiempo!
El armario era demasiado pequeño para esconder a una persona. Qi Yu se llevó un dedo a los labios, le hizo un gesto para que guardara silencio y lo hizo tumbarse, extendiendo la colcha de brocado para cubrirlo bien, y luego bajó el dosel de la cama, cerrándolo por completo.
Murong Jun: “…”
Qi Yu se sentó solo en el borde de la cama. Poco después, la gente de fuera entró. La primera que reconoció fue la emperatriz, acompañada también de la concubina Zhang.
La emperatriz vio primero al hermoso joven que tenía delante, y se quedó asombrada:
—¿Quién eres tú? ¿Cómo has llegado aquí?
Qi Yu se sobresaltó y se llevó la mano a la cara. ¡Se había dado cuenta de que no llevaba la gasa!
La concubina Zhang no dejaba de hacerle señas para que se escabullera de alguna manera, pero las ancianas que acompañaban a la emperatriz lo observaron un buen rato y musitaron algo al oído de esta. Por fin, la emperatriz lo reconoció, y con una expresión sombría dijo:
—¿Eres el concubino Qi? No te había reconocido…
Y es que Qi Yu había aparecido una vez ante la emperatriz con el rostro aún amoratado, y ella, asustada por el feo tono amoratado que cubría media cara del muchacho, no había reparado en su esbelta belleza, oculta bajo las magulladuras.
Un destello de celos cruzó el corazón de la emperatriz, y preguntó:
—Concubino Qi, ¿qué haces aquí?
Qi Yu, después del breve sobresalto, se tranquilizó enseguida.
Tenía que proteger al príncipe heredero. ¡No podía permitir que la emperatriz lo encontrara!
Haciendo caso omiso de las advertencias de la concubina Zhang, Qi Yu hizo una reverencia con las manos juntas y dijo con tono disculpado:
—Este humilde servidor solo descansaba un momento, y no esperaba molestar a Su Majestad la emperatriz.
Uno de los eunucos, con ojo avizor y creyendo poder ganarse el favor de su señora, lo reprendió de inmediato:
—Si solo descansaba, ¿por qué se mantiene junto a la cama? ¿Acaso esconde a alguien en ella?
Precisamente aquel eunuco había notado que en el palacio Rizhu alguien se citaba a escondidas. ¿Cómo iba a ser solo una persona?
Por su agudo instinto, el eunuco presentía que en la cama se ocultaba otra persona.
La concubina Zhang, desde que vio a Qi Yu, ya presentía que algo iba mal. El eunuco estaba insinuando directamente que el concubino Qi se estaba citando con alguien. Cómo sabía que Qi Yu tenía un “amante”, la concubina Zhang temía de verdad que estuviera con él. Reprendió al eunuco sin titubear:
—¡No son más que suposiciones! No lo has visto con tus propios ojos, y sin embargo hablas como si fuera cierto. Si calumnias a alguien, ¿podrás asumir la responsabilidad?
—¡Exacto!— Qi Yu añadió con frialdad—. Yo descanso aquí y uso la cama. ¿Qué norma del palacio prohíbe hacerlo? ¿Quién te crees que eres para atreverte a hablar con tanta insolencia, faltando el respeto a un superior? ¿Acaso quieres que te envíen al tribunal de castigos?
Qi Yu nunca usaba su posición para humillar a nadie. Aunque la condición de concubino varón fuera humilde, no era para que cualquier criado lo insultara.
Pero para proteger al príncipe heredero, ya no podía andarse con contemplaciones.
El eunuco, ciertamente, se sintió intimidado por la actitud fría y cortante que mostraban tanto la concubina Zhang como el concubino Qi, y no se atrevió a moverse.
La emperatriz ordenó registrar los alrededores, pero no encontró nada. El concubino Qi siempre se había comportado con mesura, y la emperatriz, cuya posición ya no era la de antes, tampoco quería buscarse problemas, así que pensó en retirarse.
Entonces, la anciana que la acompañaba le susurró al oído:
—Señora, ¿ha visto últimamente al concubino Qi en el palacio Shoukang? ¿No le parece extraño?
La emperatriz se quedó perpleja. En efecto, no recordaba haber visto al concubino Qi en absoluto. Sabía que las concubinas del emperador depuesto ahora vivían juntas en un mismo palacio. Veía con frecuencia a la concubina Zhang, pero ¿por qué no había visto nunca al concubino Qi, que solía andar siempre con él? Además, la sorpresa que había mostrado la concubina Zhang al verlo no parecía fingida.
—¿Quieres decir…?—la emperatriz frunció el ceño.
—Un concubino varón, en lugar de quedarse donde debe, anda vagando por todas partes. Esto es el interior del palacio imperial. Aunque el nuevo emperador aún no ha tomado consortes, hay muchos eunucos, sirvientes y guardias, y hay muchas cosas que están prohibidas.
La emperatriz, que ahora se encarga de todo lo relacionado con el palacio Shoukang, había oído rumores de que algunas concubinas del emperador depuesto, incapaces de soportar la soledad, mantenían relaciones ilícitas con los guardias del palacio. No quería causarle problemas al nuevo emperador, así que pensó que debía investigar. Como la concubina Zhang era hombre y aparentaba más autoridad, la llevó consigo, sin importarle si ella quería o no.
Pero no encontró a ninguna concubina infiel, y en cambio se topó con el concubino Qi.
—Señora emperatriz, usted es bondadosa y magnánima, pero puede que haya sinvergüenzas que, aprovechando su amabilidad, cometan actos reprobables en el palacio —dijo la anciana con segundas intenciones. Siempre acompañaba a la emperatriz, no soportaba a las concubinas jóvenes y siempre aprovechaba cualquier oportunidad para criticarlas.
—¿Qué quieres decir con eso?— la concubina Zhang se enfadó.
La anciana no le tenía ningún respeto a la concubina Zhang. La miró de reojo y, con gran seriedad, aconsejó a la emperatriz:
—Señora, ya que estamos aquí, mejor sería echar un vistazo más. Si no hay nada, se podrá restaurar la inocencia del concubino Qi. Si lo hay, no habrá nada más que decir.
La emperatriz se dejó convencer y ordenó a un eunuco que registrara. Qi Yu, dispuesto a morir antes que dejar que tocaran la cortina, se interpuso y se negaba a apartarse. De repente, Murong Jun tomó su mano que tenía detrás y le rozó suavemente la palma.
Qi Yu: “…”
Qi Yu entendió que eso significaba que debía apartarse. El eunuco, que ya sospechaba, lo miró desafiante y, con gran ímpetu, levantó el dosel de la cama.
Por un momento, el aire pareció congelarse.
Nadie fuera sabía lo que el eunuco había visto. Solo vieron que, con manos temblorosas, volvió a cerrar la cortina, retrocedió unos pasos con el rostro pálido y cayó de rodillas, diciendo con voz temblorosa:
—Este humilde sirviente… ha sido descortés.
La emperatriz, horrorizada, supo que de verdad había alguien en la cama. Pero antes de que pudiera reprenderlo, la persona que estaba dentro apartó el dosel. La emperatriz levantó la cabeza y se encontró cara a cara con él; le flaquearon las piernas y casi se desmaya.
El hombre salió lentamente de la cama.
Tanto la concubina Zhang como la anciana abrieron los ojos de par en par. La anciana reaccionó rápido y se arrodilló al instante:
—Esta humilde servidora es imperdonable. No sabía que Su Majestad estaba aquí. ¡Perdone que hayamos perturbado su descanso!
Era increíble. Detrás de la cortina del concubino Qi estaba nada menos que el nuevo emperador. Es decir, el emperador y el concubino Qi estaban juntos en el palacio Rizhu. Esto, esto…
La anciana reflexionó un momento y sintió que, muy probablemente, se había metido en un gran problema.
La concubina Zhang, que sabía más que la anciana, miró a Qi Yu con una expresión indescriptible y también se arrodilló en silencio.
Murong Jun recorrió con la mirada a todos los presentes, y sus ojos, como llamas, se posaron al fin en la emperatriz. Dijo con indiferencia:
—Si no estuviera aquí, no sabría que en mi propio palacio hay gente tan prepotente… Estos días he estado de mal humor, y pensé que con dejarla en el palacio Shoukang sería suficiente. Pero he descuidado a la emperatriz viuda del emperador depuesto.
La emperatriz sintió un escalofrío. Quería suplicar clemencia, pero como no había sido ascendida a emperatriz viuda y aún ostentaba el título de emperatriz, al encontrarse con el nuevo emperador, que en realidad era su hijastro, no sabía cómo dirigirse a él. Pero, ¿qué más podía hacer sino suplicar?
Con el corazón encogido, la emperatriz se arrodilló:
—Majestad, yo no tenía intención de ofender…
—Cállate— la interrumpió Murong Jun con frialdad—. ¿Quién te ha dado permiso para llamarte “yo” en mi presencia? Ya que el emperador depuesto ha perdido su título, no veo razón para que tú conserves tu puesto de emperatriz. Entrega el sello de oro y los pergaminos de investidura.
La emperatriz creía que, ya que el nuevo emperador no la había destituido aún, aún tendría una oportunidad de llegar a ser emperatriz viuda. Después de todo, alguien tenía que encargarse del harén, y no había nadie más adecuado que ella. Por eso se había tomado algunas atribuciones. Pero nunca imaginó que, por salir a cazar una adúltera, perdería el sello, los pergaminos y el título de emperatriz.
La emperatriz sintió un odio profundo. Perder el título significaba perder la única esperanza que le quedaba. ¿Qué podía haber entre el nuevo emperador y el concubino Qi estando a solas en una habitación? Lo sabía incluso sin pensarlo. En estos días ya había empezado a sospechar que el emperador depuesto había sido envenenado por el nuevo emperador, pero como este era más poderoso, no le quedaba más que agachar la cabeza.
En ese momento, entre el odio viejo y el nuevo, la emperatriz, haciendo caso omiso de las advertencias de su anciana, apretó los puños y gritó:
—Su Majestad, al castigar a una mujer desechada como yo, no tendrá piedad, claro está. Pero permítame recordarle que el concubino Qi también fue concubino del emperador depuesto. ¿Acaso usted también puede mancharse las manos con él? Parece que el actual emperador no solo destituyó a su propio padre, sino que también codicia… ¡mmm, suélteme!
La anciana tapó la boca de la emperatriz depuesta con fuerza y la abrazó, temiendo que si seguía hablando, todos perderían la vida.
La concubina Zhang, a punto de hablar, finalmente optó por guardar silencio.
—Menos mal que saben cuándo callar —dijo Murong Jun con una sonrisa serena—. Puedo decirle a cualquiera que no hay nada vergonzoso entre Yu’er y yo. El primer día de mi reinado anulé su antiguo título. Ya no tiene nada que ver con el emperador depuesto. No solo voy a casarme con él, sino que lo nombraré emperatriz. Por él, no solo puedo ser indulgente, sino que hasta puedo ser débil de corazón.
Qi Yu: ¡¡¡!!!
Qi Yu estaba aún aturdido por el sueño, y pensaba que soñaba que el príncipe heredero quería arrebatar el trono. En ese momento lo recordó todo: el príncipe heredero ya había ascendido al trono, se había convertido en emperador y en su novio. ¿Qué dificultad había en enfrentarse a la emperatriz depuesta? Y él ni siquiera lo había entendido; había querido que su novio huyera y lo había escondido.
Qi Yu sintió una vergüenza inmensa. Parecía una joven esposa encontrándose a escondidas con su amante. La emperatriz seguramente también lo había malinterpretado.
Murong Jun llamó a los guardias secretos para que se llevaran a los testigos molestos y solo quedó Tian Tian.
Murong Jun sonrió y tomó la mano de Qi Yu:
—¿Acabas de tener una pesadilla? Querías que huyera, y hasta me cubriste con la colcha de brocado.
Murong Jun no entendía qué estaba tramando Qi Yu, pero poco a poco fue viendo el panorama. Sin embargo, el hecho de que Qi Yu se interpusiera varias veces para protegerlo hizo que Murong Jun considerara que valía la pena, incluso con las molestias. Los guardias secretos le habían pedido instrucciones varias veces, pero Murong Jun fingió no verlos, solo para seguir mirando a su Tian Tian enfurecido.
Qi Yu deseaba que la tierra se lo tragara:
—No te burles de mí. Ya sé que estaba medio dormido, pero tú te quedaste mirando a propósito. Y además, ¿por qué tuviste que decirles a la emperatriz… a todos ellos, que vas a nombrarme emperatriz? ¿No es demasiado precipitado?
Qi Yu sabía que Murong Jun ya había escrito el edicto imperial, y sabía que era sincero con él. En el libro, Murong Jun era fiel y constante, y no lo dudaba. Pero él ni siquiera había compartido el lecho con el emperador; todavía estaban en la etapa de conocerse. ¿Con qué méritos podía ser nombrado emperatriz? ¿No era demasiado vergonzoso?
Murong Jun respondió:
—No es precipitado. Así debe ser.
Murong Jun ya había prometido darle romance a Tian Tian. Podía prescindir de compartir el lecho, pero el título debía otorgárselo. No podía permitir que su tesoro más preciado volviera a ser humillado por un puñado de sirvientes.
¿Qué concubino Qi? Hacía mucho que había sido destituido de ese título. Solo los del palacio Shoukang estaban tan desinformados. Los que habían sido originalmente del palacio del príncipe heredero sabían muy bien que Tian Tian era suyo.
—Pero nombrar a alguien emperatriz no es un juego de niños. Si realmente lo haces, y luego decides que no soy adecuado, ¿qué harás?
Aunque Qi Yu estaba muy conmovido, después de pensarlo bien, seguía sintiendo que no era del todo correcto. ¿Y los ministros lo aceptarían? ¿Y la sucesión? Esos no eran problemas que se resolvieran con unas pocas palabras.
En el libro, Murong Jun solo había nombrado a Feng Rulan como concubina Lan. Feng Rulan podía tener hijos, y allí no había habido complicaciones. Pero ahora que él y Murong Jun estaban saliendo, si él, que estaba destinado a ser un personaje secundario sin importancia, se convertía en emperatriz, ¿no se descontrolaría todo?
Qi Yu sintió cierto miedo retrospectivo. ¿Era demasiado grande el cambio?
Pero ya había dado ese paso, y retirarse ahora, dejar a su novio que tanto le había costado conseguir, era completamente imposible.
Murong Jun sonrió y lo tranquilizó:
—No te preocupes. Pase lo que pase, yo estaré ahí. No te dejaré de lado. No importa cuándo, siempre serás el mejor.
𐙚⋆°。⋆♡
Nota de la autora: En realidad, siempre quise escribir una escena de descubrimiento de infidelidad con el emperador, ¡jaja!
Tian Tian estaba medio dormido, así que pensó que estaba teniendo una cita a escondidas con el príncipe heredero, y olvidó que su esposo ya había ascendido al trono xx.
Tian Tian y el príncipe heredero tienen aún muchas, muchísimas cosas dulces por compartir. Después incluso tendrán hijos. Por favor, no me abandonen, ¡ñi ñi!
¡Gracias a los ángeles por sus suscripciones y comentarios! ¡Seguiremos con sorpresas en los comentarios!
Aquí abajo hay una historia de un amigo, fantasía y danmei. Por favor, échenle un vistazo, ¡muchas gracias por la colección!
“Transmisión en vivo: mimado por el mundo”, de Qing Yue Dao.
Múltiples identidades y personalidades impredecibles de un atormentado x un hermoso receptor con una capacidad de combate asombrosa.
En el año 2204, la Tierra está devastada y el mundo virtual en línea “Arca” se ha convertido en el refugio de la humanidad. Chaoxi es un streamer que transmite en vivo sus partidas completando mazmorras. Un día, en una mazmorra de escape, encuentra a un hombre y, en un momento de impulso, le salva la vida.
Desde entonces, el estilo de su transmisión cambió.
Fan 1: ¿La música de fondo de la mazmorra del hermano Xi suena como una canción de amor? ¿Y el suelo está cubierto de flores? ¿Es un efecto del filtro?
Fan 2: ¡El hermano Xi es increíble! ¡Con un solo ataque el jefe cae! ¿Y hasta está haciendo un corazón con los dedos a escondidas?
Fan 3: Hermano Xi… ¿no estoy viendo mal? ¡El jefe del otro lado se está sonrojando!
Chaoxi: …
Hasta que un día vio una pista de la misión: “Bésame y te dejaré ir”.
¡Demonios! ¿Y así se puede hacer una transmisión en vivo?
El hombre que recogió, que en realidad es la voluntad del mundo virtual “Arca”, Fu Linyuan, mira a Chaoxi fijamente. Tras un largo rato, la punta de sus orejas se tiñe de rojo: “Enojado, siempre tan adorable como siempre”.
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