Después de que las comisuras de sus labios se crisparan durante unos instantes, Jaehwan respondió:
—Dos mil años.
—¿E-Es verdad?
—Si lo fuera, ¿al menos comenzarías a hablarme con respeto?
Ante las palabras de Jaehwan, la expresión de Cheongheo se endureció.
Se había dado cuenta de que era mentira.
—… ¿Te estás burlando de mí? ¿Cuánto tiempo estuviste exactamente dentro de la torre…?
—No pude quedarme tanto como imaginas.
Había cierto cansancio impregnado en la manera de hablar de Jaehwan, así que Cheongheo se guardó la réplica.
Sin importar cuántos años hubiera entrenado Jaehwan, la última semana no podía haber sido un periodo tranquilo. Debía haber sido un intervalo capaz de desgastar terriblemente incluso al alma más resistente.
Aunque no hubieran permanecido juntos durante todo el periodo de entrenamiento, Cheongheo ya había compartido cerca de cien años con Jaehwan.
En vez de insistir con sus preguntas, Cheongheo dijo:
—Hmph, hayas vivido mil o dos mil años, para mí sigues siendo un mocoso. Después de todo, yo nací primero.
—Aunque vivas otros doscientos años, no cambiarás en absoluto, viejo—. Pese a sus palabras, había una extraña calidez en la voz de Jaehwan—. Ya es hora de levantarnos.
Cheongheo y Jaehwan se pusieron de pie y comenzaron a avanzar.
¿Cuánto tiempo habrían corrido? Cheongheo empezó a sentir que se acercaban poco a poco a su destino.
Había llegado el momento de comprobar la razón por la que habían ido hasta allí.
—¿De verdad piensas llegar hasta el «Palacio de la Resurrección» de esta manera?
—Sí.
—¿Tú solo?
—No estoy solo. Somos dos.
Aunque habían pasado nada menos que cien años juntos, Cheongheo seguía sin comprender de dónde provenía aquella confianza.
—El «Palacio de la Resurrección» no es un adversario sencillo. Todavía no conoces la fuerza de los señores.
—…
—No será demasiado tarde si primero incrementamos un poco más nuestras fuerzas. Podemos atacar el «Palacio de la Resurrección» después de que aparezcan más despertados en Gorgona.
Jaehwan todavía no había visto Adaptados de la décima etapa o superior. Sin embargo, Cheongheo sí.
Adaptados que habían alcanzado la décima etapa. Señores que superaban a los generales medios y alcanzaban el rango de generales marciales. Cheongheo sabía demasiado bien lo poderosos que eran. Por mucho que Jaehwan se hubiera fortalecido, siendo únicamente ellos dos…
—No tenemos tiempo.
—¿Tiempo?
—¿Crees que esos malditos señores nos esperarán?
No se trataba de cualquier clase de seres, sino de Despertados. Era evidente que ellos no permanecerían de brazos cruzados si descubrieran que una gran cantidad de despertados estaba apareciendo en «Caos».
—Obviamente esperarán que reunamos a los Despertados antes de actuar. Por eso tenemos que atacarlos mientras mantienen la guardia baja. Cuando todavía no estén empleando todas sus fuerzas.
Ciertamente, en aquellos momentos, el «Palacio de la Resurrección» no debía contar con tropas debidamente preparadas.
Probablemente habría bastantes personas esperando para resucitar, pero, por muy fuertes que fueran, solo alcanzarían el rango de general medio. Después de todo, quienes se encontraban en el rango de general marcial o superior no morían con facilidad y, aunque lo hicieran, acostumbraban a revivir de inmediato mediante los «Frutos».
Sin embargo, la situación cambiaría si continuaban demorándose de aquella manera.
Si el Palacio de la Resurrección descubría que en «Caos» estaba reuniendo despertados, existía la posibilidad de que llevara a «Caos» a los señores que continuaban ‘vivos’ mediante un método especial.
La «Puerta Estrecha», el tesoro de los demonios de los sueños (Mongma) capaz de transformar a los vivos en muertos sin arrebatarles la vida.
El Palacio de la Resurrección era el lugar donde se encontraba aquel tesoro.
Jaehwan continuó:
—Además, no pienso enfrentarme a todos los tipos del «Palacio de la Resurrección». Solo voy a deshacerme de las cosas más importantes que poseen.
Las cosas más importantes del «Palacio de la Resurrección».
Cheongheo comprendió de inmediato aquellas palabras.
—Piensas robar los «Frutos».
Aunque él mismo lo había dicho, a Cheongheo le costaba creerlo.
¿Arrebatarles los «Frutos» que les habían robado?
¿Sería posible hacer algo semejante?
—Y hay una cosa más.
—…No me digas que también piensas destruir la «Puerta Estrecha».
Jaehwan asintió.
—Si la destruimos, ya no podrán atravesarla para llegar a «Caos».
—Eso es cierto. Siempre y cuando podamos destruirla.
Si conseguían recuperar todos los «Frutos» y destruir la «Puerta Estrecha», los señores de «La Gran Tierra» ya no podrían interferir a su antojo en «Caos».
—Por supuesto, todavía podrían llegar muriendo, pero serán pocos los que tomen esa decisión.
«La Gran Tierra» se encontraba permanentemente en estado de guerra.
Como los señores de rango de general marcial o superior podían decidir el resultado de una guerra, debían conservar sus vidas en todo momento. Una vez destruido el «Palacio de la Resurrección», ningún de los señores mataría imprudentemente a sus subordinados para enviarlos a «Caos».
Por supuesto, todo aquello solo tendría sentido bajo la suposición de que Jaehwan y Cheongheo lograrían apoderarse del «Palacio de la Resurrección» sanos y salvos.
Cheongheo dejó escapar un pequeño suspiro y continuó:
—Si pudiéramos conseguirlo, sería el mejor método. Pero ni siquiera el camino hasta allí será sencillo. El «Palacio de la Resurrección» se encuentra en el extremo de la zona desértica del este. Y para llegar allí…
—Tenemos que atravesar la Fortaleza Mantícora, ocupada por el Clan del Cielo Dorado. Por eso vinimos hasta aquí.
A lo lejos comenzaba a revelarse la imponente apariencia de la Fortaleza Mantícora.
Almenas de varias decenas de metros de altura. Desde lo alto de aquellas torres, enormes figuras de leones provistos de alas contemplaban altivamente a los dos hombres. Había tantas figuras de leones incrustadas sobre las almenas a intervalos regulares que resultaba imposible contarlas.
La expresión de Cheongheo se volvió extraña.
Si se consideraba únicamente su superficie, era más grande que Gorgona.
Ya lo sabía, pero contemplarlo con sus propios ojos hizo que cobrara verdadera conciencia de ello. Por mucho que se hubieran vuelto más fuertes, su adversario era toda una fortaleza. En aquellos momentos, los dos pretendían enfrentarse solos a una fortaleza entera.
—El líder del Clan del Cielo Dorado no nos dejará pasar dócilmente. ¿Qué piensas hacer?
Los guardias, que habían descubierto a los dos hombres aproximándose a una velocidad extraordinaria, hicieron sonar sus silbatos. Se había activado la habilidad «Advertencia».
Jaehwan habló sin expresión alguna:
—Lo mismo de siempre.
Cheongheo soltó una risita.
—Sí, eso es propio de ti.
El Dokbul de Jaehwan escupió fuego. Una lluvia de estocadas cayó sobre las almenas de la fortaleza. Tras ella llegó el poderoso corte de Cheongheo, que dividió el desierto en dos.
Los guardias, aterrados, huyeron entre gritos, mientras la tierra dejaba escapar un pesado rugido. Un estruendo resonó por los alrededores y una sección entera de las almenas exteriores salió volando.
Era el instante en el que comenzaba a escribirse la primera línea de aquella deslumbrante historia que, tiempo después, recibiría el nombre de La Guerra de la Resurrección.
♦ ╬ ♦
El estrépito de la destrucción que había hecho vibrar toda la fortaleza, atravesó la puerta exterior occidental de Mantícora y llegó hasta el recinto interior.
En el instante en que la vibración alcanzó su punto culminante, todos los Adaptados de la fortaleza lo comprendieron. Uno de los monstruos más destacados de todo «Caos» acababa de llegar a la puerta exterior occidental.
—…
¿No puede ser?
Im Jinhong, líder del Clan del Cielo Dorado y recientemente nombrado nuevo señor de Mantícora, también lo percibió.
Incluso estaba contemplando la escena con sus propios ojos.
¡Cruuum, cruuum, cruuum, cruuum, cruuum!
En la pantalla holográfica instalada en su despacho privado del recinto interior, las afueras de la fortaleza estaban siendo literalmente destruidas hasta quedar reducidas a la mitad.
Era una escena para la que ninguna palabra resultaba más apropiada que ‘violencia’.
¿Qué ataque en este mundo podía ser más feroz y brutal que aquel?
Dentro de la pantalla, Jaehwan repetía sus estocadas en silencio. Cada vez que movía la mano, la muralla exterior se desplomaba hasta quedar destrozada.
—Es la primera vez que siento que los rumores no eran exagerados.
Tiempo atrás, cuando la organización de inteligencia que había enviado a Gorgona fue aniquilada, Im Jinhong, líder del Clan del Cielo Dorado, percibió que la situación estaba tomando un rumbo extraño.
Por si acaso, incluso había enviado a los Gules, entre cuyas filas había desplegado una gran cantidad de adaptados de sexto nivel. Que todos ellos hubieran sido exterminados resultaba increíble. Esto se debía a que la fuerza de los Gules enviados con ellos bastaba para enfrentarse sin dificultades a dos o tres de las Diez Grandes Facciones de Caos.
Una fuerza semejante había sido masacrada de la noche a la mañana.
Por supuesto, no había regresado completamente con las manos vacías.
Aunque resultaba lamentable que la división norte del Clan del Cielo Dorado hubiera desaparecido, había conseguido información importante sobre el señor de Gorgona, incluido el incidente conocido como el ‘Camino de las Olas’.
Pensar que aquel sujeto resultaría ser el mismo hombre.
Im Jinhong abrió una pantalla secundaria y revisó las imágenes que le había enviado el Monarca de la Oscuridad Absoluta.
En ellas aparecía un hombre que lanzaba repetidas estocadas contra un gigantesco dragón de hielo.
[ Encuentre al «producto» que escapó del Tutorial].
Aquellas imágenes habían llegado junto con ese mensaje.
Cuando examinó las imágenes por primera vez, Im Jinhong maldijo su propio destino. Si tan solo las hubiera revisado un poco antes, muchas cosas habrían sido diferentes.
—Parece que tienes muchas cosas en las que pensar, líder del Clan del Cielo Dorado.
La voz de una mujer llegó desde algún lugar.
Im Jinhong frunció el ceño ante la peculiar resonancia que envolvía aquella voz. La dueña era una mujer a quien conocía bien. No, en realidad, llamarla ‘mujer’ no era adecuado para ella.
—Puedo entender por qué la Oscuridad Absoluta lo desea. Me hormiguea la nuca con solo mirarlo.
El espacio se distorsionó y apareció una mujer que llevaba el cabello rosado firmemente recogido hacia atrás. Los pequeños cuernos que sobresalían entre su cabello resultaban muy llamativos. Vestía una camiseta negra de tirantes y unos pantalones cortos muy ceñidos. Era un atuendo que no encajaba con «Caos».
Im Jinhong habló:
—Esto es «Caos». Limítate a usar esas prendas vulgares en la morada de los tuyos.
La mujer recorrió de arriba abajo con la mirada la larga túnica amarilla que llevaba Im Jinhong y respondió entre risitas:
—¿En serio vas a criticar el sentido de la moda ajeno mientras llevas puesto un harapo color mierda?
—…
—Como sea, los tipos de «Caos» creen que este lugar es el Murim. Parece que quienes provienen de allí pretenden comportarse como dueños del lugar solo porque consiguieron establecerse aquí. ¿Acaso creen que en Caos únicamente existen personas del Murim?
La expresión de Im Jinhong quien se había quedado sin palabras, se deformó de manera terrible. Sin prestarle atención, la mujer se dedicó a contemplar con admiración a Jaehwan dentro del holograma.
—Guau, mira eso. ¿Qué clase de técnica es esa?
—…
—Con un solo golpe está derribando a todos los Gules. Vaya, es increíble.
—Siren, ¿has venido a irritarme?
Im Jinhong, quien llevaba un buen rato reprimiendo su enojo, terminó por estallar. Comparado con su temperamento habitual, su reacción apenas podía considerarse un arrebato de ira.
No podía ser de otra manera, pues el líder del Clan del Cielo Dorado no se encontraba en una posición que le permitiera tratar imprudentemente a la mujer frente a él.
Ella era prácticamente la responsable de haber creado el clan actual.
Aunque su poder personal no era tan grande, no existía nadie en todo «Caos» que pudiera tratarla a la ligera.
Después de todo, pertenecía a la especie más escasa de la «La Gran Tierra».
La demonio de los sueños Siren Mongma.
Era una de los apenas quinientos «Maestros Artesanos» que existían incluso en «La Gran Tierra».
—¿Irritarte? Vine porque escuché que estaba ocurriendo algo interesante. —Siren contempló en silencio la pantalla holográfica y habló con tono casual—: ¿Escuchaste que el Maestro Rostro de Jade apareció en «Caos»?
—…Lo escuché.
—¿Sí? Entonces será más sencillo explicártelo. Por lo que sé, ese tipo, el Maestro Rostro de Jade, anda diciendo que es un señor independiente, pero en realidad pertenece a la Quinta Región. Lo sabes, ¿verdad?
Im Jinhong asintió.
Unos días atrás había ocurrido una desgracia en Garuda, la fortaleza occidental donde se ocultaban los gules. Un individuo extraordinariamente poderoso apareció de repente, mató a todos y dejó la fortaleza medio destruida.
Un ser lo bastante poderoso como para masacrar a los Gules, quienes poseían una fuerza similar a la de los Adaptados de sexta etapa.
Im Jinhong no descubrió hasta más tarde quién era.
Un general medio de la Quinta Zona.
Bang Cheonil, el Maestro Rostro de Jade.
Sorprendentemente, las fuerzas de un señor habían comenzado a alzarse en la zona occidental del «Caos» que él había ocupado.
El líder del Clan del Cielo Dorado apretó los dientes y dijo:
—No imaginé que, después de la Oscuridad Absoluta, incluso el Acero intervendría. Escuché que seguía vigente ese supuesto ‘Pacto de los Grandes Señores’, pero no se mantiene una mierda. Parece que todos se lo están pasando en grande.
Caos estaba adoptando la apariencia de una guerra por delegación entre los monarcas «La Gran Tierra». En esos momentos, él era el representante de la Oscuridad Absoluta. Entonces, ¿quién era el representante del Acero?
Im Jinhong pensaba que existía una gran posibilidad de que el hombre del holograma fuera aquel representante.
En ese momento, Siren volvió a hablar:
—Pero dicen que a ese Bang Cheonil, el Maestro Rostro de Jade, lo mató a golpes uno de los lideres de los clanes.
—Eso es algo muy bue…
Im Jinhong dejó de murmurar a mitad de la frase y contempló a Siren con expresión estúpida. Poco después, volvió a preguntar:
—¿Quién dijiste que murió?
—Bang Cheonil, el Maestro Rostro de Jade.
—¿A manos de quién?
—De uno de las Diez Grandes Facciones. Ah, ¿no lo sabías?
¿Una sola de las Diez Grandes Facciones había matado a Bang Cheonil, un general medio de «La Gran Tierra»?
Aunque muriera y despertara varias veces, algo semejante no podía ocurrir. La diferencia entre uno líder del clan y un general medio era incluso mayor que la existente entre un dragón y un ser humano.
Bang Cheonil, el Maestro Rostro de Jade, era un ser al que ni siquiera las Diez Grandes Facciones de Caos juntos podrían derrotar…
—Sabes que el señor de Gorgona está reuniendo a un grupo llamado «Expedición al Abismo» o algo parecido, ¿verdad? Uno de sus integrantes, un tipo de un tal Clan del Mar del Sur, mató a Bang Cheonil, el Maestro Rostro de Jade.
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