Jaehwan comenzó a ajustar el dispositivo de control temporal instalado en la pared exterior de la torre. El ajuste no tardó mucho.
Contempló durante unos instantes la torre más alta de la fortaleza interior, dónde se encontraban Seolha y Cheongheo, y después desapareció dentro de la torre como si aquello no le interesara.
Seolha, que había estado observándolo, habló:
—¿Es ese sujeto?
—…
—Te estoy preguntando si él fue quien te cambió.
Cheongheo se levantó lentamente y le dijo a Seolha:
—… Dame un poco de ese licor.
Después de vacilar por un instante, Seolha se lo entregó.
Poco después, el rostro de Cheongheo se sonrojó por los efectos de la bebida. Ninguno de los dos habló durante un largo rato.
Sin embargo, había cosas que podían transmitirse sin necesidad de palabras.
La mirada de Seolha se llenó de incredulidad. Le sorprendía que el anciano que tenía delante todavía pudiera mostrar una expresión semejante. Tal vez por esa razón, incapaz de contener aquel impulso innecesario, las palabras salieron abruptamente de su boca:
—Vine para matarte.
Cheongheo contempló durante unos instantes los ojos de Seolha.
La mirada de una mujer cuyo corazón había desaparecido.
Cheongheo pareció sopesar la sinceridad que contenía aquella mirada antes de responder:
—Entonces, mátame.
—Pero he cambiado un poco de opinión.
Seolha dirigió la mirada hacia Carpe Diem, la «Torre de la Pesadilla».
—Parece que va a ocurrir algo interesante.
—¿Piensas interferir?
—¿Interferir?
Una sonrisa desdeñosa apareció en los labios de Seolha. Era como si conociera todo lo que ocurriría en el futuro.
—Fracasarás. Igual que fracasaste hace novecientos años en «Caos» y nuevamente hace setecientos en «La Gran Tierra». Igual que nos abandonaste y huiste de regreso a este lugar.
—Quién sabe. Esta vez será un poco diferente.
Yoo Seolha, segunda comandante de «Fisura», no podía aceptar que el anciano que había estado sumido en una desesperación más profunda que la de cualquier otro durante mil años mostrara aquella expresión.
No quería aceptar que el anciano que lo había abandonado todo y se había marchado hubiera descubierto una nueva esperanza al final de su desesperación.
—«Fisura» los estará observando.
La silueta de Seolha desapareció junto con aquellas frías palabras. El gélido viento nocturno humedeció las mejillas del anciano que se había quedado solo.
Cheongheo bebió el licor que ella había dejado y murmuró como si suspirara:
—… Este licor sabe bastante bien.
♦ ╬ ♦
Caimán, quien había perdido por completo la noción del tiempo después de entrar en la torre, era incapaz de calcular con precisión cuánto tiempo había transcurrido.
Solo conservaba recuerdos fragmentarios. Estocadas repetidas. Y combates de entrenamiento junto a Jaehwan.
Caimán se desprendió de sus novecientos años de vida y aprendió el mundo de Jaehwan.
Entonces, en cierto momento…
Caimán superó la segunda palabra clave del despertar, «Comprensión», y finalmente alcanzó la tercera: «Olvido del Yo».
Su alma, llevada hasta el límite, se desgarró mientras su identidad nacía de nuevo. Era la etapa en la que, después de dudar del mundo y comprenderlo, olvidaba al propio ser que había sido domesticado por aquella realidad.
No sabía cuántas estocadas había repetido.
¿Cien millones? ¿Mil millones? Quizá hubieran sido diez mil millones.
Era una cantidad absurda si se consideraba el tiempo transcurrido, pero Caimán creía realmente haber repetido la estocada todas aquellas veces.
En cierto momento, olvidó todo lo relacionado con el mundo, olvidó los valores numéricos y olvidó las habilidades.
Cuando terminó el entrenamiento, Caimán abrió los ojos.
—Felicidades.
Jaehwan estaba frente a él. Al verlo, Caimán sintió momentáneamente que su mente se alejaba. El nivel de existencia de Jaehwan, que hasta entonces no había conseguido percibir claramente, oprimía con intensidad todo su cuerpo.
“… No puedo medir el poder del señor de la fortaleza”.
Según Cheongheo, Jaehwan también era un Despertado de tercera etapa. A pesar de eso, Caimán percibió un muro enorme entre Jaehwan y él.
En el instante en que sintió aquel muro, una repentina inquietud se apoderó de Caimán.
—¿De verdad me he vuelto más fuerte?
—Considerablemente.
—Pero con solo dos años…
—¿Dos años?
Ante aquella pregunta, la expresión de Caimán cambió de manera extraña.
—El índice temporal del segundo piso, donde estamos nosotros, es diferente al del primero, donde se encuentran los demás líderes.
—Entonces, ¿cuánto tiempo ha transcurrido?
En lugar de responder, Jaehwan le dio unas palmadas en el hombro y dijo:
—Comprueba tu fuerza por ti mismo.
♦ ╬ ♦
El jardín trasero de la fortaleza interior, dónde se encontraba la «Torre de la Pesadilla Carpe Diem».
Un grupo de personas se había reunido allí y murmuraban entre sí. En su mayoría, eran funcionarios de la fortaleza interior, jefes de pabellón y otras personas que ocupaban puestos importantes en la fortaleza Gorgon.
Jurgen, que se encontraba en el centro del grupo, observaba con expresión nerviosa la Puerta de Invocación de Carpe Diem.
—… Finalmente ha llegado el día.
Aquel era el día en que la «Expedición al Abismo», incluido el señor de la fortaleza, regresaría después de completar una semana de entrenamiento. En «Caos» solo había transcurrido una semana, pero dentro de aquella torre debían de haber pasado dos años.
Dos años.
A primera vista podía parecer poco tiempo, pero, al reflexionar al respecto, tampoco resultaba tan breve. Sobre todo, porque el monstruoso señor de la fortaleza había entrado junto con los líderes de los clanes.
El comandante de la Cuerpo Exterminador de Demonios, que se encontraba junto a Jurgen, preguntó:
—El señor de la fortaleza regresará antes de la Reunión de las Tres Fortalezas, ¿verdad?
La Reunión de las Tres Fortalezas.
Ese era el nombre del acontecimiento que se celebraría aquella tarde. Ese día se reunirían en Gorgona los señores de tres fortalezas, excluyendo Mantícora —Gorgona, Garuda y Dríade—, para celebrar un pequeño encuentro.
El problema era que Gorgona no organizaba aquel acontecimiento por voluntad propia.
—Debemos confiar en que vendrá.
Quizá ese fuera precisamente el punto que pretendían aprovechar los señores de Dríade y Garuda. La propuesta para celebrar la Reunión de las Tres Fortalezas había llegado en cuanto el señor de Gorgona se ausentó.
Exteriormente, afirmaban que deseaban debatir el problema de Mantícora, ocupada por el Clan del Cielo Dorado, pero resultaba evidente cuál era su verdadero propósito.
Sin duda buscan apoderarse de la «Expedición al Abismo».
Era la primera vez en novecientos años que se reunía una fuerza de semejante nivel en «Caos».
Seis de los Diez Grandes Facciones se habían sometido y, además, estaban presentes nada menos que dos despertados: el señor de la fortaleza y Cheongheo, el Medico Divino de la Desesperación. Si organizaban un poco mejor sus filas y se preparaban cuidadosamente, aquella fuerza tal vez pudiera conseguir realmente la unificación de «Caos» de la que había hablado el señor de la fortaleza.
¿Cómo podrían los demás no codiciar una fuerza semejante?
Tras comprender las intenciones ocultas de los otros señores, Jurgen había intentado retrasar la reunión tanto como le fuera posible, pero la otra parte se había comportado con una arrogancia absoluta.
—¡Está en juego la seguridad de todo «Caos»! ¿Cómo podríamos aplazarlo durante más tiempo?
Antes siquiera de que pudieran expresar su rechazo, recibieron un halcón mensajero que informaba que la delegación de Garuda ya había partido.
Entonces Jurgen comprendió que la otra parte ya había terminado de hacer todos sus cálculos.
“Señor de la fortaleza, debe regresar pronto”.
No se trataba de personas corrientes, sino de individuos del nivel de señores de fortaleza. Y, en «Caos», los únicos capaces de enfrentarse a un señor eran otros señores.
“…No, si quería ser preciso, no eran señores del mismo nivel”.
Jurgen recordó la voz inexpresiva, pero digna de confianza, de Jaehwan. Al hacerlo, sintió que algo comenzaba a tranquilizarse en lo más profundo de su corazón.
La Reunión de las Tres Fortalezas era inminente y también sufrían la amenaza del Clan del Cielo Dorado.
Algunos señores de «La Gran Tierra» habían comenzado a percibir el extraño ambiente de «Caos» y, quizá para entonces, los rumores sobre la «Expedición al Abismo» ya hubieran llegado al «Palacio de la Resurrección».
No podían saber cuántos horrores les esperaban en el futuro.
A pesar de eso, cuando pensaba en Jaehwan, Jurgen no se sentía inquieto. Poseía la extraña confianza de que, sin importar lo que ocurriera, aquel hombre encontraría la forma de resolverlo.
Seguramente Jurgen no era el único que se sentía así.
La extraordinaria escena de espera que se desarrollaba en el jardín trasero era una prueba de aquella confianza.
En cuanto llegó la hora prevista para el regreso de Jaehwan, los jefes de departamento, incluidos Carlton, Claire y Michael, acudieron al jardín como si lo hubieran acordado y observaron en silencio la Puerta de Invocación de Carpe Diem.
Algunos tenían miradas llenas de expectación y otros, como Jurgen, parecían ligeramente intranquilos.
Sin embargo, todos compartían los mismos sentimientos. Mientras contemplaba distraídamente aquella escena, Jurgen sintió que el pecho se le llenaba repentinamente de emoción.
La puerta lateral del jardín chirrió con exageración y los guardianes de la fortaleza interior entraron corriendo en tropel. El que iba al frente buscó a Jurgen con voz urgente:
—¡Primer Ministro!
En cuanto vio la expresión del guardián, Jurgen comprendió lo que había ocurrido. Los señores de las fortalezas habían llegado antes de lo esperado.
Justo entonces, una luz brillante también comenzó a brotar de la Puerta de Invocación de Carpe Diem.
Los líderes de los clanes estaban regresando.
♦ ╬ ♦
El incidente estalló una hora después y comenzó con Kang Hwang, líder del Clan del Rey de las Llamas.
En la sala de reuniones de la fortaleza interior, Kang Hwang, que había presenciado en silencio la Reunión de las Tres Fortalezas durante un largo rato, se levantó repentinamente de su asiento y golpeó la mesa con estrépito.
—Entonces, lo que están diciendo es que no pueden reconocer a nuestro señor de la fortaleza como comandante de la expedición, ¿no es así?
—No queremos decir eso…
—¿Cómo qué no? ¡Por más que los escuche, eso es exactamente lo que están diciendo!
Yun Yong, líder del Clan del Dios del Trueno, que había estado escuchando a su lado, también liberó una violenta oleada de energía y gritó:
—¿¡La imparcialidad de la elección del comandante!? ¡Permanecieron en silencio hasta que se formó la Expedición al Abismo! ¿Con qué derecho vienen ahora a hablar de imparcialidad?
—¡Qué insolencia, Dios del Trueno!
—¡Qué insolencia ni qué mierda! —El rostro de Yun Yong, líder del Clan del Dios del Trueno, estaba lleno de indignación.
No. Para ser exactos, la mayoría de los líderes presentes mostraba una expresión similar.
Y no era para menos, pues los cabrones que se presentaban como representantes de Dríade y Garuda habían venido a insinuar lo siguiente:
—¡La estructura actual de la expedición es demasiado inestable!
—¡Entregarle el puesto de comandante a alguien ajeno a «Caos» supone un riesgo demasiado grande!
—¡La identidad del actual señor de Gorgona es incierta!
—¡La creación unilateral de una expedición por parte de Gorgona infringe las normas del Pacto de las Cuatro Fortalezas!
Habían sacado a relucir el anticuado Pacto de las Cuatro Fortalezas, roto desde hacía mucho tiempo, e interrogaban acerca de la identidad del señor de Gorgona, algo que ni siquiera estaba relacionado con el tema de la reunión. Ninguno de sus argumentos guardaba relación con el problema urgente del Clan del Cielo Dorado.
Sin que nadie se diera cuenta, el debate se había alejado por completo de Mantícora y del Clan del Cielo Dorado. Jurgen, el Primer Ministro, ya sabía que la conversación tomaría aquel rumbo, pero la atmósfera se volvió mucho más hostil de lo que había imaginado y no pudo ocultar su desconcierto.
—P-parece que el ambiente se está exaltando un poco. Por favor, cálmense todos y regresemos al asunto original…
Jurgen intervino rápidamente e intentó apaciguar los ánimos. Sin embargo, el conflicto de la Reunión de las Tres Fortalezas alcanzó su punto culminante con la repentina declaración del señor de Garuda:
—Así es. Ya que hemos sacado el tema, hablaré con franqueza. Ustedes tienen razón. Como señor de esta fortaleza, propongo que el comandante de la «Expedición al Abismo» sea elegido nuevamente después de una evaluación imparcial.
Jurgen no había imaginado que plantearía el asunto de una forma tan descarada.
Además, el hecho de que quien hubiera pronunciado aquellas palabras fuera Gal Hwidong, señor de la fortaleza Garuda y conocido como el Venerable Dorado de Sangre Fría, intensificó todavía más sus sospechas.
“Esto es extraño…”
La fortaleza Garuda estaba sufriendo en ese momento numerosos problemas por culpa del Clan del Cielo Dorado. Después de la caída de Mantícora, la ofensiva del clan se había dirigido inmediatamente hacia Garuda. Por esa razón, Gal Hwidong, señor de Garuda, debería ser quien más atención prestara al problema del Clan del Cielo Dorado.
—Aunque no estoy completamente de acuerdo con el señor de Garuda, también resulta difícil afirmar que sus argumentos carecen por completo de fundamento.
Cuando incluso Aisa Lindcroft, señora de Dríade, tomó partido por Garuda, la situación se volvió todavía más grave.
Jurgen dejó escapar un gemido pensativo. Desde el momento en que se planeó la Reunión de las Tres Fortalezas había sentido que algo era extraño. Sin embargo, no había imaginado que los señores hubieran alcanzado previamente un acuerdo tan minucioso.
“Resultaría peligroso permitirles continuar hablando”.
No obstante, antes de que Jurgen pudiera abrir la boca, la mirada de Aisa Lindcroft se dirigió hacia él.
—Además, resulta extraño que el señor de Gorgona no haya asistido a la Reunión de las Tres Fortalezas. ¿Dónde se encuentra? Debieron de recibir correctamente la notificación de la reunión.
—Así es. ¿Dónde está el señor de Gorgona?
En realidad, ese era el mayor problema de la reunión que estaba celebrándose.
Aunque todos los líderes del equipo de adaptación habían regresado del entrenamiento, Jaehwan, Caimán, líder del Clan del Mar del Sur, y Cheongheo todavía no mostraban señales de volver.
Como consecuencia, Gorgona carecía de la persona con autoridad para tomar decisiones y la Reunión de las Tres Fortalezas se había convertido en un encuentro controlado unilateralmente por los otros participantes.
Por lo tanto, era natural que los demás líderes de la expedición, incapaces de seguir contemplando aquella situación, intervinieran indignados.
Jegal Myeong fue el primero en responder:
—El señor de la fortaleza se ha retrasado debido a un asunto pendiente. El Primer Ministro está actuando en su representación, así que considero que podemos continuar la reunión sin ningún problema.
—Vaya, me sorprende que el líder del Clan del Bosque de Eruditos defienda a Gorgona—. Gal Hwidong, señor de Garuda, continuó con una sonrisa burlona—: Tampoco lo creí cuando escuché que seis de las Diez Grandes Facciones se habían sometido a Gorgona. Y eso lo incluye incluso a usted, líder del Clan del Bosque de Eruditos, a quien llaman el mejor estratega de «Caos».
—Eso es…
—Por más que lo piense, no consigo comprenderlo. ¿Qué demonios están tramando?
El señor de Garuda examinó uno por uno los rostros de los líderes, hablando con un tono de auténtica incomprensión.
—No estamos tramando nada…
—He oído que el señor de Gorgona es un mocoso que solo ha vivido cincuenta años.
Ante el desarrollo extrañamente familiar de la conversación, varios líderes se cubrieron el rostro con una mano. Los que no lo hicieron comenzaron a encender silenciosamente sus miradas.
—¿Acaso han perdido la cabeza? ¿Quieren organizar una «Expedición al Abismo» porque confían en ese mocoso? ¿Incluso pretenden entregarle el puesto de comandante de la expedición?
Jurgen comprendió demasiado tarde el error y estaba a punto de intervenir para calmar el ambiente cuando…
—Oye, atrévete a repetirlo.
Kang Hwang, líder del Clan del Rey de las Llamas, ya había desenvainado la espada y apuntaba con ella hacia el señor de Garuda.
Como si hubiera estado esperando sinceramente aquel momento, Gal Hwidong, señor de Garuda, mostró una sonrisa blanca.
—Ahora comienza la verdadera reunión.
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