—¿Shan Bei? —soltó Yu Qing al instante, mirándolo fijamente.
El grupo que seguía al doctor Wu estaba compuesto, solo en ayudantes formales, por cinco personas; además, había cuatro estudiantes con la acreditación de prácticas. En medio de tanta gente, Shan Bei iba siempre a la zaga, probablemente el menos llamativo de todos.
Y sin embargo, fue precisamente a él a quien Yu Qing llamó por su nombre.
Todos se giraron al unísono hacia el final del grupo y clavaron la mirada en Shan Bei. Uno de ellos le susurró a su compañero: —Increíble, sabe el apellido de Shan, ¿de qué se conocen? Apuesto a que ni siquiera sabe cómo se llama el doctor Wu.
Aunque fue un susurro, para los oídos de un dios fantasmal no era nada difícil captarlo.
Yu Qing pensó que bien podían ahorrarse el “apuesto”, porque, en efecto, no tenía ni idea de cómo se llamaba el doctor Wu.
La expresión de Shan Bei era la más perdida de todas. Esquivando las miradas de los demás para fijarse en Yu Qing, ni siquiera sabía qué contestar: —… ¿Ah?
Tras el “ah”, se dio cuenta de que sonaba un poco maleducado y se apresuró a añadir: —¿Me conoces?
Nada más decirlo, a él mismo le pareció absurdo. ¿De qué iba a conocerle un joven ricachón alojado en la última planta? ¿Qué clase de conexión podrían tener?
Su rostro, pálido de tanto trasnochar, fue adquiriendo poco a poco un color rojizo que no pasó desapercibido para nadie.
Yu Qing lo miró fijamente y preguntó: —¿O sea que tú no me conoces?
Shan Bei se quedó aún más descolocado: —No, no, claro que te conozco, por supuesto que te conozco…
Antes de terminar la frase, notó las miradas del resto y, percatándose de lo mal que podía sonar aquello, agitó las manos para explicarse: —No es que nos conozcamos de fuera, quiero decir que, como he acompañado al doctor Wu en las rondas, es imposible que no te conozca.
Al ver su reacción, Yu Qing lo entendió todo. Inclinó levemente la cabeza en dirección a Mi Xiaobai.
Aunque nadie podía verlo, Mi Xiaobai estaba justo al lado de Yu Qing. Al notar su movimiento, bajó la cabeza con gran obediencia y adoptó una postura de estar escuchando atentamente.
…
Yu Qing no tenía intención de decir nada en ese momento, pero era evidente que cierto bastardo ya estaba esperando. Bajó la mirada hacia esa esbelta oreja a tan solo unos centímetros y, tras unos segundos de debate interno; finalmente dijo sin apenas mover los labios: —Parece que le pasa lo mismo que al Tío Yuan.
La frase sonó más bien como un murmullo de confusión. Incluso para aquellos que no podían ver a Mi Xiaobai, no debió de resultar especialmente extraño; a fin de cuentas, entraba dentro de lo esperable para el comportamiento de Yu Qing.
Pero para su sorpresa, Mi Xiaobai asintió y le contestó: —Sí que se parece. Probablemente él también sea uno de los compañeros y le hayan asignado un papel. ¿Quieres que echemos otro vistazo al canal del equipo?
Yu Qing: …
¿Por qué demonios tienes que responder con una pregunta? ¡Ahora me toca contestar!
Yu Qing le dirigió una mirada asesina a Mi Xiaobai y emitió un sonido apenas perceptible que pareció un «Mmm».
Por suerte, esta vez Mi Xiaobai no dejó asomar ese toque travieso de querer provocar. Rápidamente sacó el móvil del jugador y, desbloqueando la pantalla en un lugar donde Yu Qing pudiera verlo bien, pulsó sobre el canal del equipo.
De momento, en la instancia ya habían aparecido el Tío Yuan y Shan Bei. Como Yu Qing y Mi Xiaobai compartían un mismo puesto de jugador, del grupo de cinco aún quedaban dos personas, y Yu Qing, desde luego, quería saber quiénes eran.
Pero el circulito de carga giró y giró en la pantalla del móvil, y el canal del equipo seguía sin cargar.
Al final, saltó la misma advertencia de antes: Error. Anomalía en el canal, conexión temporalmente no disponible; inténtelo de nuevo más tarde.
¿Otra vez con lo mismo?
Yu Qing frunció el ceño, pensando que en esa instancia había demasiadas cosas raras.
Hasta ahora, no solo no tenían los datos completos de sus compañeros, sino que encima no se reconocían entre ellos. En la instancia del anciano Shou Gong, al menos había alguien como el Pequeño Zhou o la Pequeña Tao que les guiaba y les decía qué hacer. Pero en esta, ni siquiera les habían dado un objetivo.
Todo era extrañísimo.
¿De verdad esto es una instancia normal?
Cuanto más lo pensaba, menos le cuadraba a Yu Qing. Quería poner en orden la situación con Mi Xiaobai, pero con la puerta abierta de par en par y rodeado de tantas miradas, no era precisamente el momento ideal.
Al fin y al cabo, quería mantener cierta decencia.
…
El Viejo Chen demostró ser un mayordomo bastante considerado. Aprovechando el silencio de Yu Qing, se apresuró a explicar a los médicos con buena intención: —El señorito es de los que le dan muchas vueltas a las cosas y a veces se queda abstraído en sus pensamientos. No es que los esté ignorando a propósito; ya verán cómo en cuanto vuelva en sí los invita a pasar y… eh, eh, eh.
Estaba a medias de su explicación cuando el joven amo, con aire pensativo, intentó cerrarle la puerta en las narices.
El Viejo Chen fue rápido de reflejos y metió el pie en el resquicio de la puerta.
—Joven amo, ¿no le parece que cerrarles la puerta en las narices es un poco…? —apretado contra la rendija y aprovechando que los médicos no lo veían, el Viejo Chen le puso cara de circunstancias a Yu Qing y le advirtió en voz muy baja, con expresión afligida.
A fin de cuentas, el Viejo Chen era un personaje de la instancia, sin ningún vínculo emocional previo con él, y ni mucho menos tenía la confianza que había con el Tío Yuan. Yu Qing podría haberlo ignorado sin más, pero cuando vio al hombre juntar las manos en señal de súplica y decirle: —Hágales caso esta vez, no puede pasarse la vida huyendo. Se lo digo de corazón, a veces cuando le veo pasar esos dolores, nosotros también sufrimos. A fin de cuentas, usted no es mucho mayor que mi hijo menor. Llevamos años cuidándole y, aunque decir que somos su familia o incluso más que eso sería pasarnos de listos, en el fondo es así como lo sentimos.
Se detuvo un momento y añadió en voz aún más baja: —Lleva un par de días sin comer, y eso tiene a la tía Luo histérica; no hay quien la aguante, esta mañana ya me ha echado la bronca tres veces por tonterías.
Y le aconsejó con tono sincero: —Todos queremos que se recupere pronto y pueda volver a casa cuanto antes.
Yu Qing se quedó inmóvil por un instante.
Tal vez porque en el pasado había llevado tantas pieles de distintas personas y había escuchado tantas veces palabras como esas, todo le resultó familiar.
Pero esas historias habían sido de otros. Escuchar a alguien decírselo directamente a la cara le provocó una sensación extraña a la que aún no lograba acostumbrarse.
De forma instintiva, giró la cabeza y vio que Mi Xiaobai estaba justo detrás de él, a escasos centímetros.
A pesar de que el Viejo Chen no podía verlo, sí podía oírle; debió de resultarle algo novedoso e inusual, porque lo miraba con una expresión muy atenta.
Sintiendo la mirada de Yu Qing, Mi Xiaobai reaccionó de golpe, curvó los labios en una sonrisa y le susurró en voz baja: —Pues deberías escuchar al Viejo Chen, pórtate bien un rato.
No sabría decir si fue por esa sonrisa o por las palabras del Viejo Chen, pero el caso es que, cinco minutos después, Yu Qing fue escoltado por el grupo de médicos hasta el pasillo norte, donde había toda clase de equipos de exploración.
Su expresión seguía siendo de pocas ganas, con un aire gélido y apático. A simple vista, parecía el típico paciente que pone pegas a cualquier tratamiento. Sin embargo, en la práctica, su actitud había sido bastante cooperativa.
Quería ver qué pasaba si seguía la corriente del papel que le habían asignado y qué situaciones se iban desencadenando.
Pensó Yu Qing para sí mismo.
El doctor Wu llevó a un par de ayudantes para calentar los aparatos, mientras los estudiantes se ajustaban las gafas y se quedaban observando y anotando el procedimiento desde fuera.
Shan Bei sacó el teléfono para apuntar un par de notas breves, cuando de repente sintió que alguien le tocaba el hombro.
Al girarse, vio al joven rico mirándolo con ojos insondables, y él ni siquiera había oído sus pasos al acercarse.
Aparecía como un fantasma.
Shan Bei pegó un respingo y preguntó con timidez: —Eh… ¿pasaba algo?
¿Acaso los pacientes no deberían estar esperando mansamente a que los pasaran por las máquinas? ¿A qué venía a asustarle?
—Como estás de estudiante, seguro que tienes el historial de los pacientes a mano —dijo el joven ricachón.
Shan Bei se quedó de piedra: —¿De quién?
El joven rico: —Mío.
Shan Bei: …
Si en ese momento decía que no lo tenía, el otro no se lo creería ni de broma. A Shan Bei no le quedó más remedio que balbucear: —Tenerlo lo tengo, pero…
Iba a soltarle de carrerilla alguna norma no escrita que solía evitarles problemas, como por ejemplo, que a petición de la familia no se le podía dar el diagnóstico directamente al paciente, y cosas así.
Pero el joven rico extendió la mano hacia él: —Déjame verlo.
Shan Bei: …
Si hay tantos estudiantes a los que podrías estar molestando, ¿por qué tenías que elegirme precisamente a mí?
Shan Bei se armó de valor y le preguntó: —¿Y para qué quieres verlo?
El joven ricachón: —Para ver qué enfermedad tengo y qué partes tengo estropeadas.
Partes estropeadas…
Era la primera vez que Shan Bei escuchaba a alguien describir su propio cuerpo de esa manera, como si hablara de una cosa sin importancia. Empezó a sospechar que el joven ricachón estaba tan enfermo que ya había perdido el contacto con la realidad.
—Solo soy un estudiante y las normas dicen que no podemos andar enseñando esto así porque sí —se excusó Shan Bei con ganas de llorar y, sin pensarlo dos veces, le echó el muerto a su supervisor—. Si quieres, pídeselo al doctor Wu; él tiene los datos mucho más completos.
El joven ricachón contestó fríamente: —No sé quién es.
Shan Bei se dio por vencido, pensando: ¡Y yo tampoco te conozco a ti!
—Además, estos datos no están del todo actualizados. —A Shan Bei se le encendió la bombilla y cambió rápido de táctica—. En realidad, hace tiempo que tendrían que haberse renovado.
El joven ricachón: —¿Y por qué no lo han hecho?
Shan Bei lo miró incrédulo, pensando: ¿Y todavía lo preguntas? ¿Acaso no tienes ni idea de por qué no se pueden renovar?
Llevaban dos semanas. Según decían, en dos semanas enteras no habían conseguido que ni un solo cable de los aparatos aguantara conectado a él un ciclo completo de pruebas.
Pero Shan Bei no era alguien que tuviera lengua viperina o que le gustara faltar al respeto. Se lo pensó un momento y le dijo al joven ricachón: —Eh… bueno, en cuanto terminemos todas las pruebas de hoy, ya tendremos los datos actualizados.
Tras decirlo, y para no buscarse más problemas, se apresuró a añadir: —Cuando terminemos, se lo puedes pedir al doctor Wu.
Pero justo mientras decía eso, el joven ricachón sacó el móvil y, quién sabe a quién, le empezó a mandar un mensaje. Sin siquiera levantar la vista y sin que Shan Bei supiera si lo había oído o no, soltó un «Mmm» y asintió.
Yu Qing le estaba enviando un mensaje a Mi Xiaobai.
El muy astuto señor Hua Pi había encontrado la forma de hablar con Mi Xiaobai de manera normal y corriente sin que los demás pensaran que estaba como una regadera.
El primer mensaje que le envió a Mi Xiaobai fue una queja tajante y seca: Es un incordio enorme que los compañeros no nos reconozcan.
Un instante después, el móvil zumbó: había llegado la respuesta de Mi Xiaobai.
«^ ^: Sí que es un incordio.»
«^ ^: Antes no me había dado cuenta de que esa almeja fuera tan difícil de engañar.»
Al ver la respuesta, un matiz peculiar asomó en la mirada de Yu Qing. Por el rabillo del ojo, vio que Mi Xiaobai seguía tecleando.
Yu Qing se quedó unos segundos en silencio y, sin poder contenerse, le mandó otro mensaje: ¿Por qué estás escribiendo si puedes hablar sin más?
Mi Xiaobai: …
De repente, por el rabillo del ojo, Yu Qing vio que la persona a su lado se quedaba congelada un par de segundos.
Yu Qing apretó un poco los labios.
Como en ese momento tenía la cabeza agachada mirando el móvil, ni Mi Xiaobai ni nadie podía verle la cara. De haberlo hecho, habrían descubierto que en esa fracción de segundo había sonreído.
Al darse cuenta de la estupidez que acababa de hacer, Mi Xiaobai soltó una carcajada con el teléfono en la mano.
Yu Qing volvió a escribir: Otra pregunta. ¿Por qué el Tío Yuan sí puede verte y los demás no?
Mi Xiaobai pareció pensarlo un instante, pero antes de que respondiera, Yu Qing mandó otro mensaje: No.
Mi Xiaobai, al leerlo, preguntó sorprendido: —¿Hmm?
Yu Qing: Cuando estábamos abajo en la tienda, no solo el Tío Yuan debía de poder verte.
Mi Xiaobai lo meditó y respondió: —Aún no termino de entender el patrón, déjame observarlo un poco más.
Los aparatos de análisis por fin estaban calibrados.
Tal vez queriendo que los estudiantes practicaran, o tal vez el doctor Wu tenía buen oído y había captado la conversación entre Shan Bei y Yu Qing. Con la mirada tras sus gafas fijada en Shan Bei, le hizo un gesto con la mano y dijo: —¿Te han enseñado cómo poner esos cables y las agujas, ¿verdad? Hazle tú las pruebas; yo me mantendré al margen.
…
Shan Bei se preguntaba qué pecado habría cometido para merecer aquello.
Se trataba de un complejo equipo de diagnóstico integral con decenas de cables, y la conexión entre ellos ya de por sí era todo un desafío.
Pero al final, todos esos cables desembocaban en dos agujas, una para la sangre arterial y otra para la venosa. Y lo que Shan Bei tenía que hacerle a Yu Qing era precisamente insertar esas dos agujas en sus venas.
Considerando el largo historial de “no colaboración” del joven ricachón, Shan Bei estaba casi seguro de que su supervisor lo estaba enviando al matadero.
Pero no tenía forma de negarse, así que se armó de valor y se acercó. Con sumo cuidado y sin prisa, fue conectando todos los cables uno por uno, sin cometer ni un solo error.
Tras eso, se quedó sin más excusas para alargar el proceso, así que, con las dos agujas en la mano, se colocó junto a Yu Qing…
Y esperó.
Vio a Yu Qing enviando un mensaje tras otro en el móvil, giró la cabeza con expresión inocente y miró a su supervisor en busca de ayuda.
Por suerte, esta vez el doctor Wu no lo abandonó a su suerte; miró a Yu Qing un rato y, con solo una frase, logró que el señor Hua Pi guardara el móvil por el momento.
Bromeando, le preguntó: —Mandando mensajes sin parar en un momento así… no estarás en medio de un lío amoroso, ¿verdad?
…
Al guardar el móvil, Yu Qing por fin le lanzó una mirada gélida al doctor Wu. Se daba cuenta de que ese hombre era probablemente igual de chismoso que el Tío Yuan.
Shan Bei aprovechó la oportunidad y le dijo a Yu Qing: —¿Me permites pincharte ya?
Según los historiales médicos anteriores, el joven ricachón solía ser extremadamente reacio a colaborar, razón por la cual su revisión completa se había retrasado una y otra vez.
Shan Bei ya se había mentalizado para usar una mezcla de diplomacia, fuerza bruta y algún que otro forcejeo, pero para su sorpresa, el otro le extendió un brazo con toda tranquilidad: —Pincha.
Shan Bei: …
¡¿Así de fácil?!
¿Entonces qué demonios estaban haciendo los demás médicos todo este tiempo?
¿No será verdad que este joven ricachón me conoce de algo? pensó Shan Bei.
—Bueno, pues allá voy —dijo Shan Bei, confirmándolo una vez más con mucho cuidado antes de proceder.
Con los guantes puestos, palpó la vena, desinfectó la zona, apuntó bien y hundió la aguja con pulso firme…
Y se oyó un finísimo y casi imperceptible chasquido.
La punta metálica de la aguja se partió con un clanc, y al otro ni siquiera se le había roto la piel.
Shan Bei sintió que estaba viendo fantasmas.
Yu Qing, en cambio, seguía con el brazo extendido con toda naturalidad, con cara de “puedes pinchar donde quieras”.
Shan Bei no sabía dónde meterse.
Y justo en ese momento, con un sonido de “¡Ding!”, una pantalla holográfica se abrió frente a los ojos de Yu Qing, activando el primer aviso de esta extraña instancia:
Felicidades al jugador por desbloquear la misión 【Un informe de análisis completo】.
Eres un paciente bastante difícil, pero tienes a familiares y amigos que esperan con ansias tu pronta recuperación y regreso a casa. Tu médico responsable no sabe qué hacer contigo, y los estudiantes en prácticas casi se echan a llorar en tu presencia.
¿De verdad vas a quedarte mirando cómo sus esfuerzos fracasan una y otra vez? Por favor, coopera con ellos para completar un examen, obtén el informe de análisis completo e intenta ser una persona común con corazón blando por una vez.
Era la primera vez que Yu Qing veía una misión de este estilo, y su intuición le decía que allí había gato encerrado.
Pero cuando cerró el panel con rostro inexpresivo y levantó la mirada, se encontró con que el doctor Wu, el responsable, le miraba lleno de preocupación, tal como describía la misión. Y esa ostra en prácticas que no reconocía a nadie, en efecto, estaba a punto de echarse a llorar.
Yu Qing: …
¿Pero esto qué es?
Desde la perspectiva de Mi Xiaobai, el pequeño Hua Pi en la esquina superior derecha de su visión había rodado los ojos con tanta fuerza que tardó un buen rato en volverlos a la normalidad.
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