Yu Qing no respondió; en su lugar, extendió la mano y sujetó los dedos de Mi Xiaobai.
En realidad, conocía a la perfección tanto su temperatura como su tacto, y al tocarlo no sintió nada inusual. Aun así, se quedó en silencio sintiéndolo durante un rato e incluso se los apretó un par de veces.
Mi Xiaobai, aún en cuclillas sobre el marco de la ventana, miró sus propios dedos siendo sostenidos y sus ojos destellaron levemente.
De forma instintiva, echó un vistazo al pequeño Hua Pi en la esquina superior derecha. Al ver que no había ningún cambio en la afinidad, bajó la mirada con una expresión indescifrable.
Pasaron un par de segundos antes de que moviera la mano atrapada y le preguntara a Yu Qing con su tono habitual: —¿A qué viene apretarme de repente?
Yu Qing: —Estoy comprobando algo.
Mi Xiaobai levantó la vista: —¿Comprobando el qué?
—Si realmente existes en este momento.
Mi Xiaobai se quedó atónito y preguntó: —¿Y por qué de repente quieres comprobar eso?
—Porque hay algo raro —dijo Yu Qing.
Hizo una pausa y, en un raro gesto de dar explicaciones, añadió: —Me he dado cuenta de que, en cuanto ignoro a alguien, desaparece por un momento. Y en cuanto me acuerdo de él, vuelve a aparecer al instante.
Cualquiera en su lugar querría comprobar si lo que tenía delante era real.
Mi Xiaobai asintió, comprendiendo rápidamente: —Ah… conque es por eso.
Yu Qing, una vez hecha la comprobación, estaba a punto de soltarle, pero Mi Xiaobai le agarró la mano. Atrapando el punto clave en un segundo, bajó la cabeza y le preguntó: —O sea que hace un momento te acordaste de mí, ¿verdad?
Yu Qing lo miró fijamente durante dos segundos, se agachó para recoger al pequeño esqueleto que se frotaba contra sus piernas y dijo: —Pues no, la verdad.
—¿De verdad que no?
—No.
—Yo creo que sí. —Mi Xiaobai seguía en cuclillas sobre el marco de la ventana que le llegaba casi a la cintura. Aprovechando su posición, mientras hablaba, su mano libre no dejaba de darle toquecitos en el hombro a Yu Qing, y con ese tono perezoso y haciendo preguntas cuyas respuestas ya sabía, le dijo—: Si no pensaste en mí, ¿por qué lo primero que hiciste al verme aparecer fue comprobar si yo era real?
…
Abrazando al gato, Yu Qing estaba dispuesto a darse la vuelta e irse, pero los molestos toques en el hombro le hicieron detenerse. Sujetó la ventana abierta y le preguntó a Mi Xiaobai: —¿Vas a bajar o no? Si no bajas, cierro la ventana.
Mi Xiaobai entró de un salto con una sonrisa.
Yu Qing murmuró un par de maldiciones en silencio y se dio la vuelta con expresión gélida…
Solo para encontrarse con una fila de caras totalmente perplejas.
Yu Qing: ¿?
Ya fuera la tía Luo que quería darle de comer, el Viejo Chen que parecía el mayordomo, el hijo mayor de los Chen encargado de limpiar el suelo o Xiao Tian la de las sábanas; todos lo miraban boquiabiertos.
La única excepción era el hijo menor de los Chen, el delgaducho, que por su timidez solía llevar siempre la cabeza gacha; por respeto, o quizás por suerte, no había levantado la vista.
¿Pero de qué servía eso?
La mirada fija de ocho ojos era más que suficiente para hacer pedazos algunas cosas, como por ejemplo, la dignidad de un dios fantasmal.
El rostro de Yu Qing permaneció inexpresivo, e incluso se percibía cierta apatía en sus facciones. Con una mirada profunda recorrió al grupo y preguntó: —¿Pueden ver lo que hay a mi lado?
“Lo que hay a su lado”, al escuchar esto, alzó una ceja con interés.
Ojalá alguno hubiera dicho que sí, pero para su desgracia, todos negaron con la cabeza frenéticamente: —No, no, no, no.
Yu Qing: …
Guardó silencio un instante y, resistiéndose a creerlo, volvió a preguntar: —¿No lo ven de verdad o fingen no verlo?
El grupo frente a él siguió negando con la cabeza y respondieron al unísono: —De verdad que no lo vemos, de verdad.
Yu Qing: …
¿Cómo puede haber gente con menos tacto que el Tío Yuan?
Al final fue la tía Luo la primera en reaccionar. Dejó de mover la cabeza como un muñeco de resorte y, con voz suave y comprensiva, intentó consolar a Yu Qing: —No pasa nada, joven amo, de verdad que no pasa nada. A veces, cuando la tía Luo está sola en la cocina preparando la comida, también murmura un par de cosas para sí misma. Es solo para pasar el rato, ¡es de lo más normal!
Dicho esto, dio un paso largo hasta llegar junto al Viejo Chen y le dio un buen pellizco en el brazo.
El Viejo Chen soltó un silbido de dolor.
La tía Luo, con un tono totalmente opuesto al que había usado con Yu Qing, le susurró al Viejo Chen: —¡A ver si dices algo tú también!
El Viejo Chen se apresuró a decirle a Yu Qing: —Así es, no tiene por qué preocuparse. De hecho, el doctor Wu ya nos había avisado antes de que estas situaciones podrían darse de vez en cuando. Con un buen tratamiento… eh… con descanso, todo irá bien.
Se lo pensó un momento y, queriendo excusar a sus hijos y a la joven Xiao Tian, añadió: —Además, no es la primera vez que ellos ven algo así. Jamás saldrán por ahí a contar chismes, ya lo sabe usted.
Esa frase fue la gota que colmó el vaso para la poca dignidad que le quedaba al dios fantasmal.
Yu Qing hizo un gesto con la barbilla hacia la puerta del dormitorio: —Largo.
Cualquiera con oídos se daría cuenta de que su temperamento y su humor en ese momento no eran precisamente de lo mejor, y quedarse allí no serviría de nada, solo para molestar más. Así que todos dieron media vuelta y salieron en fila india; ni siquiera la tía Luo se atrevió a quedarse para insistirle con la comida.
Solo antes de salir, no pudo evitar mirar a Yu Qing un par de veces con preocupación, suspiró y cerró la puerta en silencio tras de sí.
En cuanto se cerró la puerta con llave, Yu Qing se giró para fulminar con la mirada a Mi Xiaobai.
Tras un momento, frunció el ceño y dijo: —De verdad que no te ven.
A pesar de lo caótica que fue la situación de hace un momento, Yu Qing seguía manteniendo la mente lo bastante clara como para fijarse en las expresiones y hacia dónde dirigían la mirada.
Es muy difícil para una persona no sentirse atraída por la presencia de un extraño espectacular, pero de principio a fin, ninguno de ellos miró ni por asomo en dirección a Mi Xiaobai.
Para ellos, todo lo que acababa de pasar era simplemente Yu Qing hablando con el aire.
Si hubiera sido el Tío Yuan, ya se habría muerto del susto. Pero, miedo aparte, seguro que también le habría preguntado a Yu Qing qué es lo que estaba viendo.
Esa es la curiosidad normal de cualquier persona.
Pero la reacción de ese grupo fue muy diferente. Según lo que dijo el Viejo Chen, no era la primera vez que presenciaban algo parecido.
Y si no era la primera vez que lo veían, pero aun así se quedaban boquiabiertos, solo significaba una cosa: gracias a la intervención de cierto bastardo, esta vez su “enfermedad” debía haberles parecido extraordinariamente grave y extraña.
Yu Qing intentó imaginar cómo se veía todo desde su perspectiva, y cerró los ojos, desesperado.
—¿Qué demonios pasa con esta instancia? —Yu Qing se volvió hacia Mi Xiaobai—. Si compartimos la misma identidad de jugador, ¿por qué no eres tú el que está aquí haciendo el papel de loco?
Con esa expresión y ese tono, a los ojos del grupo de antes o del Tío Yuan, aquello parecía un reproche lleno de disgusto.
Pero a los ojos de Mi Xiaobai, sonaba más bien a una queja.
Sobre todo teniendo en cuenta que el pequeño Hua Pi de la esquina superior derecha estaba con los brazos cruzados y un símbolo de enfado sobre la cabeza.
—Ojalá fuera yo, la verdad —parpadeó Mi Xiaobai—. Pero si yo estuviera en tu lugar, al que le habría tocado aparecer tirado en la calle y tener que trepar por la ventana sería a ti.
Yu Qing: …
El dios fantasmal Hua Pi no solía soltar palabrotas, pero cada vez que sentía una fuerte insatisfacción o enfado, movía los labios, como si maldijera en silencio.
Apretó ligeramente los labios y soltó un bufido frío: —¿Te has vuelto loco? Yo no pienso trepar por ningún lado.
Por el rabillo del ojo, Mi Xiaobai se quedó observándolo, ladeando la cabeza durante un buen rato, y de pronto le preguntó con voz profunda: —Ya que los demás no me pueden ver, ¿podrías tú también hacer como que no me ves?
Yu Qing: ¿?
Antes de que pudiera reaccionar, Mi Xiaobai ya se había inclinado para abrazarlo. Sintió que una calidez lo envolvía por completo y, tras un instante de desconcierto, se dio cuenta de que era la temperatura corporal del otro.
—Finge que no puedes verme por un momento. —El tono de Mi Xiaobai tenía ese rastro de su habitual forma de engatusar, como un susurro capaz de hechizar, y al hablar, su pecho vibraba ligeramente—. Quiero abrazarte.
Yu Qing se quedó paralizado, pero al poco tiempo sus hombros y su cuello se fueron relajando poco a poco, y apoyó la barbilla en el hombro de Mi Xiaobai.
En sus momentos más íntimos del pasado, solían besarse a menudo; La Impermanencia siempre soltaba sus tonterías y él solía responder con palabras que no sentía, pero durante los besos era cuando se mostraba más ferviente y sincero.
Sin embargo, abrazos como este no habían sido tan frecuentes.
—¿Qué te pasa? —Yu Qing se dejó abrazar, sin apartarse. Podía sentir la nariz de Mi Xiaobai rozando su cuello y, sin saber por qué, le pareció que el otro estaba un poco triste.
De pronto, alguien llamó a la puerta; el Viejo Chen abrió una rendijita con mucho cuidado para que se le oyera: —Han llegado el doctor Wu y su equipo para revisar su estado actual, ¿pueden pasar?
…
Quedaba claro que su estado actual no era para nada apto para ser revisado.
Yu Qing contestó por instinto: —No.
El Viejo Chen: …
¿Acaso era decisión del paciente el negarse?
El Viejo Chen miró hacia atrás con cara de preocupación. Las personas que estaban tras él le sonrieron con comprensión, pero no hicieron ningún amago de marcharse.
Sin más remedio, el Viejo Chen se tragó el orgullo y volvió a hablar hacia dentro: —Ya están en la puerta.
Pues que se larguen también, pensó Yu Qing.
Con solo recordar la escena de cuando despertó en esta instancia, con un grupo de gente a punto de meterle mano con bisturís y agujas, no tenía ninguna intención de dejar que ningún médico se le acercara, mucho menos dejarlos entrar en el dormitorio.
Pero claro, dar una negativa así sonaba mucho a que no quería que el abrazo terminara.
Yu Qing guardó silencio un par de segundos y se removió ligeramente.
La voz profunda de Mi Xiaobai resonó en el hueco de su cuello, haciéndole cosquillas, y continuó engatusándole como un demonio susurrante: —No pasa nada, si total, no pueden verme.
El tono era de un auténtico bastardo.
Yu Qing: ¿?
—Ellos no pueden verte, pero yo sí —dijo Yu Qing con un tono que helaba la sangre—. ¿Así que no importa si me comporto de una forma muy extraña, verdad?
Mi Xiaobai levantó la mirada hacia la puerta. El Viejo Chen no era tan chismoso como el Tío Yuan y no andaba pegando el ojo a la ranura de las cartas ni a la rendija de la puerta.
Pero la vista de Mi Xiaobai era asombrosamente buena; a través de la rendija, pudo ver el destello de más de una bata.
Chasqueó la lengua y se separó a regañadientes. Al volver a mirar el rostro de Yu Qing, volvió a su tono complaciente y sonrió: —Vale, vale. Me portaré bien y no molestaré por ahora.
El Viejo Chen volvió a llamar a la puerta, alzando más la voz: —Esto… que el doctor Wu y los demás ya van a entrar.
Justo en el momento en que empujaba la puerta, Yu Qing se teletransportó y la abrió a medias de un tirón.
—¡Ay! —El Viejo Chen estuvo a punto de chocar con él, soltó un grito y frenó en seco, murmurando—: Madre mía, joven amo, ¿si su voz venía desde el fondo de la habitación, cómo es que de repente está aquí?
A ti qué te importa.
Con la mirada por encima de él, Yu Qing observó fríamente a las personas que estaban detrás.
El que iba a la cabeza debía ser el doctor Wu; llevaba mascarilla, unas gafas finas apoyadas en la nariz y, por lo poco que se veía de sus ojos y cejas tras los cristales, era sumamente joven. Tal vez por pasar todo el tiempo encerrado sin ver la luz del sol, su palidez le daba un aire algo enfermizo.
Incluso parecía menos sano que el Viejo Chen que tenía al lado, ¿y él era el médico?
Pero la atención de Yu Qing no se centró tanto en él, sino en alguien que estaba detrás del doctor Wu.
Esa persona tenía pinta de estudiante; también llevaba mascarilla, una identificación de estudiante en prácticas colgada al pecho, era de complexión muy delgada y las ojeras moradas bajo sus ojos eran muy evidentes.
Yu Qing tenía muy buena memoria para los rostros; a menos que fueran de esos que siempre andan cabizbajos, normalmente los reconocía de un solo vistazo.
Y mucho más cuando los ojos y cejas de esa persona le resultaban sumamente familiares; hasta hace muy poco, había estado acompañándoles a él y a Mi Xiaobai en un par de instancias seguidas…
Era Shan Bei, el mismo que le había creado la cuenta de jugador a Mi Xiaobai.
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