La luz del ascensor hizo que los ojos del Tío Yuan brillaran con intensidad: —¿La 36? ¡Pero si esa es la última planta!
Yu Qing no confirmó ni desmintió. A fin de cuentas, desde que abrió los ojos en esa instancia, aún no había visitado la habitación 3601, por lo que no podía estar seguro de si la planta que había soltado al azar era la correcta.
Pero si el Tío Yuan, siendo el “experto en chismes” que era, podía proporcionarle más información para ayudarlo a deducir su situación, no le vendría nada mal.
La última vez, en la instancia del anciano Shou Gong en la Montaña Pan, acabaron sin saber cómo en el papel de titiriteros. Ahora sentía curiosidad por saber qué identidad le había asignado el sistema.
El Tío Yuan lo observó de arriba abajo durante un buen rato, y finalmente expuso sus dudas: —¿En serio estás en la última planta? No tienes pinta de estarlo.
Yu Qing: —¿Y qué pinta debería tener?
El Tío Yuan, que no tenía ni un pelo de tonto, alzó la barbilla y le retó: —Si de verdad estás en la última planta, a ver, dime: ¿cuántas habitaciones hay? ¿Cuántos médicos? ¿Y qué enfermedad tiene el que está ingresado allí?
…
Yu Qing, por supuesto, no tenía ni la más remota idea.
El Tío Yuan sonrió, satisfecho con su deducción: —¡Ajá! Sabía que me estabas tomando el pelo. Qué despiste el mío; si no sabes ni por dónde moverte ni te has puesto el pijama, salta a la vista que acabas de llegar. ¿Cómo iba a creerme que fueras el que está alojado en la última planta?
Yu Qing no se molestó en rebatir las suposiciones del Tío Yuan, solo se quedó con una palabra clave: —¿”El que está”?
El Tío Yuan parpadeó, desconcertado.
Yu Qing: —¿Solo hay una persona ingresada en la planta 36?
—Claro —asintió el Tío Yuan y extendió las manos—: ¿Ves? Ni eso sabes. La próxima vez que intentes engañarme, al menos prepáratelo un poco mejor, ¿no? Si a la primera de cambio te pillan, ¿qué gracia tiene?
Él, que era incapaz de mentir sin que se le notara, intentando enseñarle a Yu Qing a soltar una mentira. A ver cómo se las arreglaba luego, cuando recuperara la memoria o saliera de la instancia.
El viejo mayordomo chismoso tendía a desviarse del tema con facilidad, así que Yu Qing esperó a que terminara su clase magistral sobre cómo mentir para devolverlo fríamente al asunto en cuestión: —Sigue hablando de la planta 36.
El Tío Yuan: —… Ah, sí.
Al mencionar la última planta, los ojos del viejo volvieron a brillar, mostrando la misma cara de codicia que cuando rezaba a los dioses de la fortuna en su tienda.
—Pues verás, para estar alojado ahí arriba hay que tener dinero, ¡pero que mucho dinero! Esa zona es para los VIP con no sé cuántas ‘V’ por delante —describía el Tío Yuan exagerando los gestos y sin apenas respirar.
—Claro que, como no tengo acceso a esa planta, no sé exactamente cómo es por dentro. Hay quien dice que toda la planta es una sola suite. Otros dicen que hay varias habitaciones, pero que les han puesto números bonitos por eso del buen augurio y tal. Pero sea como sea, las habitaciones deben de ser inmensas. Piénsalo, ¿cuántas camas caben en una planta normal? —Mientras hablaba, en el rostro del Tío Yuan se dibujó una clara envidia.
—¿Y cómo sabes que ahora mismo solo hay un paciente? —preguntó Yu Qing.
—¡De oídas, claro! Lo sabe mucha gente. Además, que mis fuentes de información son de primera. Te cuento otra cosa… —El Tío Yuan se acercó a Yu Qing para compartir su chisme—: El que está ingresado ahora mismo es un chaval muy joven. Dicen que ha tenido que dejar los estudios temporalmente por motivos de salud. Y piénsalo, si aún está estudiando, ¿qué edad puede tener? Lo que no tengo claro es si está en el instituto o en la universidad.
El Tío Yuan volvió a repasar a Yu Qing de pies a cabeza: —Oye, por cierto, tú…
Yu Qing le dirigió una mirada de reojo: —¿Yo qué?
—¿Qué edad tienes tú? —acabó soltando el Tío Yuan con cierta vacilación—. En la tienda ya me quedé con las ganas de preguntarte, pero no encontré el momento.
Principalmente porque Yu Qing aparentaba ser asombrosamente joven, pero con su figura alta y esbelta, su tono sosegado y esa aura fría y reservada en cada movimiento, resultaba muy difícil adivinar su edad.
El Tío Yuan lo había estado sopesando durante un rato y al final decidió que lo mejor era preguntar directamente.
Para su sorpresa, Yu Qing le contestó con suma calma: —Es difícil saberlo.
El Tío Yuan: …
—¿Cómo que es difícil saberlo? ¿Acaso no sabes los años que tienes? —La mirada del Tío Yuan se desvió furtivamente hacia la cabeza de Yu Qing.
Pensó para sus adentros: A este chico tan guapo no se le ve ninguna enfermedad física; a ver si lo que tiene mal es la cabeza…
Yu Qing ignoraba por completo lo que pasaba por la mente del viejo. A él, su respuesta le parecía de lo más precisa:
Si se basaba en la edad con la que había entrado a la instancia, podía decir que estaba cerca de los 25. Pero ahora, con el efecto de la instancia que le había acortado un poco el pelo, seguramente su edad, aspecto e incluso altura también habían sufrido algún recorte; a saber cuántos años le habría asignado el sistema.
El Tío Yuan aprovechó para mirarle de reojo un par de veces más y sacudió la cabeza con lástima.
Antes de que Yu Qing se percatara de sus miradas, retomó rápidamente el hilo de la conversación: —En fin, que el chico de la última planta probablemente tenga una edad muy parecida a la tuya. Por eso, al principio, cuando me intentaste engañar diciendo que estabas en la planta 36, por poco me lo creo.
Yu Qing pensó que de “por poco” nada; al menos durante los primeros segundos, se lo había tragado por completo.
—Pero es imposible que seas tú —añadió el Tío Yuan.
Yu Qing: —¿Por qué?
—Porque el carácter del chaval de allí arriba debe ser… mmm —el Tío Yuan buscó la palabra adecuada—: ¿Un poco travieso? ¿Rebelde? O a lo mejor es que está en esa edad difícil, ¿así que tal vez es un poco difícil de tratar?
Yu Qing: ¿?
Mientras observaba al Tío Yuan, que no paraba de soltar adjetivos, el móvil que Yu Qing sostenía vibró con un suave zumbido.
Bajó la mirada y desbloqueó la pantalla; era un mensaje de Mi Xiaobai.
«^ ^: ¿Qué pasa?»
Yu Qing le devolvió un signo de interrogación, y el móvil empezó a vibrar seguidamente.
«^ ^: Es que, antes, cuando me acerqué a hablarte, no sé si te fijaste, pero en la esquina superior derecha de mi visión aparece un pequeño tú.»
Yu Qing le envió otro signo de interrogación.
«^ ^: Ah… ¿No te habías dado cuenta?»
La respuesta de Mi Xiaobai rezumaba una profunda decepción. Yu Qing, un poco molesto, le contestó con una sola palabra: «Me acuerdo.»
«^ ^: Entonces será fácil explicártelo.»
«^ ^: A este personajito no paran de salirle signos de interrogación en la cabeza desde hace un rato. Y aunque es adorabilísimo, la verdad es que despierta bastante la curiosidad. Me preguntaba si te había pasado algo o si estabas hablando con alguien.»
Los dedos de Yu Qing se detuvieron un instante antes de contestar: «Estoy escuchando al mayordomo rebelarse.»
«^ ^: ¿?»
«^ ^: ¿Se ha vuelto loco el viejo?»
Como Yu Qing, al responder los mensajes, le había hecho un gesto con los ojos al Tío Yuan para que continuara, indicándole que le estaba prestando atención, el viejo, impulsado por sus incontenibles ganas de compartir chismes, siguió soltando perlas sobre el paciente de la última planta.
—Dicen que en su casa lo tienen muy mimado. Para estar ingresado, se ha traído a un séquito de gente: chóferes, niñeras, cocineras y yo qué sé qué más, todos amontonados ahí arriba. En su casa no escatiman en nada y le proporcionan de todo por miedo a que lo pase mal en el hospital, pero él no colabora nada, se escapa siempre en el peor momento, y para cualquier tratamiento hay que ir convenciéndolo con mimos, así que el tiempo que lleva ingresado se ha alargado una barbaridad.
—Por eso, he oído decir que si alguien tiene la suerte de toparse con el chaval de la planta 36, y consigue calmarlo y llevarlo hasta donde están los médicos para que se hagan cargo, seguro que le dan las gracias con lágrimas en los ojos y le sueltan un buen fajo de billetes.
Al oír esto, Yu Qing levantó la vista.
El Tío Yuan continuó: —Aunque a mí me parece que eso es un disparate. Primero, porque ni siquiera sabemos qué cara tiene. Y segundo, porque el que acepte ese dinero sería ya de ser demasiado avaricioso.
Yu Qing volvió a bajar la mirada hacia el móvil, pensando que era increíble que a ese avaro le pareciera que ganar dinero era ser “demasiado avaricioso”, como si no fuera él el que hace un momento, al oír “planta 36”, se le hubieran puesto los ojos como platos.
Ajeno a los pensamientos de Yu Qing, el Tío Yuan seguía gesticulando y añadiendo sus propios adornos a los rumores del paciente de la planta 36. Tras regodearse un rato en sus propias historias, volvió a suspirar con envidia: —Oye, tú qué dices, lo demás aún tiene un pase. ¿Pero para qué se trae a su conductor al hospital? ¿Para qué le va a servir aquí?
—Para empujar la silla de ruedas —respondió Yu Qing con frialdad en un intervalo entre mensaje y mensaje.
El Tío Yuan: …
Yu Qing lo había soltado sin pensar, pero el viejo lo analizó dos segundos y se rió: —Pues oye, no vas desencaminado, en un hospital la silla de ruedas cuenta como medio de transporte.
—¡Bah! Serán excentricidades de los ricos —dijo el Tío Yuan—. Por lo visto, los pocos que se alojan en la última planta, sobre todo los más jóvenes, siempre vienen con estos aires de grandeza. Seguro que es porque a las familias les da apuro y quieren replicar aquí su tren de vida habitual con todo lujo de detalles.
—¿Y el hospital lo permite? —Yu Qing recordó lo que el Tío Yuan había contado antes y pensó que las normas de este hospital eran sorprendentemente estrictas.
—¿Que si lo permite? ¡Claro que lo permite! —El Tío Yuan se acercó medio paso más a Yu Qing y, con actitud chismosa, señaló hacia el techo—: El que está ingresado ahora… ¡Es el dueño de todo este hospital! Y eso sin contar con sus otras inversiones e industrias. No te dejes engañar por su edad; es todo un joven ricachón. ¿Qué es lo que no iban a permitirle?
—Y no me vengas con que solo ha traído a unos cuantos sirvientes a vivir aquí. —El Tío Yuan ejemplificaba basándose en su propia visión del mundo—: Él puede hacer lo que le venga en gana en su propio hospital. Apuesto a que, si se le antojara bajar a la tienda y llevárselo todo, no tendría ni que pagar.
…
Al escuchar esto, el dedo de Yu Qing se quedó paralizado sobre la pantalla del teléfono.
Antes le había parecido que se le pasaba algo por alto, pero no lograba recordarlo. Con este comentario del Tío Yuan, por fin cayó en la cuenta:
No había pagado la bebida que cogió en la tienda de conveniencia.
La verdad es que, antes de que apareciera el Tío Yuan, él y Mi Xiaobai estaban debatiendo sobre cómo iban a pagar. Pero con la interrupción del estado de amnesia del viejo, se les había olvidado por completo. Y después, entre sacar a rastras al Tío Yuan para esconderlo de los médicos y librarse de las intubaciones, el tema había quedado relegado al olvido absoluto. Ahora que lo pensaba, de todos los rumores que el Tío Yuan había recabado, la gran mayoría parecían tener bastante fundamento.
Por lo menos eso de “poder llevarse la tienda entera sin pagar” ya se había comprobado que no era mentira.
Entonces, ¿y las demás historias? ¿También serían ciertas?
Por un instante, Yu Qing sintió que era algo novedoso. En la trama de esta instancia, parecía tener una familia.
Durante todo el tiempo que pasó en la ciudad isleña cumpliendo los deseos de sus fieles, había vestido incontables pieles, y la mayoría de esas personas tenían familias.
Al ponerse esas pieles, en medio del espeso manto de amor y odio que las envolvía, también experimentaba los lazos y los apegos familiares. Pero al final del día, esos lazos pertenecían a otros y siempre duraban apenas un instante.
Esta vez, sin embargo, parecía diferente.
A decir verdad, le resultaba bastante incómodo y extraño, pero a la vez sentía curiosidad.
—¡Ay, madre mía! En el preoperatorio para la sonda me dijeron que ni se me ocurriera beber agua, y ahora con tanta cháchara, me muero de sed —se quejó el Tío Yuan, cayendo por fin en la cuenta de que algo no cuadraba en su situación actual.
Miró perplejo el número que mostraba el panel del ascensor, giró la cabeza y le preguntó a Yu Qing: —Un momento. Habíamos parado en la planta 22, ¿verdad? ¡Con la de tiempo que llevo dándole a la sin hueso y esto sigue en la 22! ¿Nos habremos bajado y vuelto a subir sin darnos cuenta?
Yu Qing respondió: —Lo obvio no es que hayamos vuelto a la 22, sino que nunca pulsaste una planta nueva.
El Tío Yuan: ¡¿?!
¡Ostras, pues es verdad! El viejo hizo memoria y recordó que, tras el shock de oír “planta 36”, había retirado la mano y se había puesto a soltar su monólogo sin siquiera pulsar un botón.
Se dio una suave bofetada en la boca, murmurando arrepentido: —¡Por no saber cuándo callar!
Pero, por otro lado, esta pérdida de tiempo les había servido a su favor. A estas alturas, los médicos que lo buscaban en la tienda ya se habrían dado por vencidos y se habrían ido, así que podría volver allí y esconderse un rato más.
—¿Y tú qué? —El Tío Yuan levantó la cabeza y le preguntó a Yu Qing—. ¿Te vienes conmigo a la tienda a seguir charlando, o te vuelves a tu habitación? Por cierto, ¿en qué planta estás?
Esta vez Yu Qing no esperó a que el viejo actuara; con la esquina de su teléfono, pulsó el botón más alto del panel. Al hacerlo, se giró hacia el Tío Yuan y dijo: —36.
El Tío Yuan: …………
Bajo la mirada aterrorizada del viejo, el ascensor comenzó a subir; los números parpadearon rápidamente, saltando de verdad desde el 22 hasta el 36, y entonces se detuvo.
Las puertas metálicas se abrieron con un sonido metálico. Al igual que en las demás plantas, en el suelo frente a la puerta había una línea fina y larga incrustada, hecha de un material metálico con sensores.
El Tío Yuan, con la boca abierta, no le quitaba el ojo a esa línea, pareciendo esperar si Yu Qing la cruzaba y activaba la alarma de planta.
Sin embargo, antes de que Yu Qing se moviera, se escucharon pasos apresurados acercándose hacia el ascensor. Eran varios, tanto que marearon al Tío Yuan. Y sin darle tiempo a cerrar la boca, escuchó a uno de ellos decirle a Yu Qing: —Ay, joven amo, menos mal que ha vuelto.
…
El Viejo Yuan pensó: Joven amo, ¿qué demonios he estado soltando por la boca delante de él?
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