Y aquellos sujetos que le habían llevado la contraria no estaban muertos, claro está. Es más, uno de ellos hasta se atrevía a abusar de su suerte.
Ese era Mi Xiaobai.
Aunque lo único que hacía era escribir en el cristal, cada frase que trazaba parecía resonar con sonido y tono propios.
Para colmo, escribía rapidísimo y sin cansarse en absoluto; con un solo dedo había logrado convertirse en una presencia que Yu Qing no podía ignorar.
¿Cómo demonios lo hacía?
Yu Qing no le encontraba explicación. Y al levantar la vista, vio que el hombrecito de La Impermanencia en la esquina superior derecha había empezado a hacerse la víctima.
Extendía una manita, moviendo el dedo índice de un lado a otro frente a él de forma muy llamativa, intentando captar su atención.
La punta del dedito estaba roja.
Estaba claro: de tanto escribir.
Yu Qing: …
De inmediato recordó cuando en la ciudad isleña alguien no soltaba el celular y le bombardeaba a mensajes sin parar.
En aquel entonces, ese alguien solía hacer lo mismo: le decía que unos fantasmas salvajes le habían arañado el brazo y lo habían dejado ensangrentado, o que sentía que el dedo se le iba a caer.
Cada vez que Yu Qing acudía corriendo, descubría que todo era un invento. Pero aunque rezongara por dentro, siempre terminaba cayendo.
Lo regañaba una vez, y a la siguiente volvía a caer.
Una vez, La Impermanencia le mandó un mensaje diciendo que, al cambiar entre su forma humana y la de espíritu maligno, no había tenido cuidado y se había arañado la cara; y que seguramente le quedaría cicatriz.
—Si me queda cicatriz, va a ser muy difícil que vuelva a atraer a un dios fantasmal como Hua Pi, que se fija tanto en el aspecto físico, ¿verdad?
La Impermanencia se hacía la víctima y, de paso, usaba esas tretas para que Yu Qing le dijera algo bonito.
Pero Yu Qing, con lo terco que era, no iba a ceder tan fácilmente, así que le respondió con frialdad: —Exacto, va a ser muy difícil.
Y acto seguido, el otro lo acorraló en el rincón más oscuro de un callejón y lo besó hasta dejarle sin aliento. Entre beso y beso, La Impermanencia le murmuró: —Qué raro. ¿Cómo es que esta zona es tan suave cuando la muerdo, pero las palabras que salen de aquí son tan duras?
Y antes de que Yu Qing pudiera responder, le preguntó con una sonrisa burlona, como si lo hiciera a propósito: —¿Entonces, de verdad solo te atrae mi cara?
—Hazme caso, dime algo.
Yu Qing, que en ese momento era incapaz de articular palabra: …
Yu Qing no sabía si el Mi Xiaobai de ahora se acordaba de aquellas preguntas.
Porque de ser así, se daría cuenta de que, aunque ahora ni siquiera tenía un rostro definido, alguien muy terco seguía cayendo en sus trampas.
Yu Qing miró de reojo el dedito enrojecido e hinchado del hombrecito de La Impermanencia y mantuvo un pulso silencioso durante un buen rato, con el rostro inexpresivo.
Al final, con el ceño fruncido, encendió el celular, desbloqueó la pantalla y, a la velocidad del rayo, salió del chat del grupo para no ver las tonterías del tal “Wu Jiaren”.
Entró en la pestaña de amigos con la intención de abrir su propio chat privado, pero al ver el nombre de jugador “- -“, del que seguramente alguien se burlaría, salió de inmediato.
Tras pensarlo un momento, Yu Qing encontró la aplicación de notas en el limitado menú del celular de jugador.
La abrió, desplazó el celular un poquito hacia un lado y, con un tono que dejaba claro “en realidad no estoy hablando contigo, pero si me escuchas tampoco puedo evitarlo”, dijo: —¿Solo puedes escribir en el espejo? ¿Puedes tocar el celular?
Su expresión seguía siendo reacia, pero incluso había desplegado el teclado en la pantalla.
Al instante, la tenue presencia de Mi Xiaobai se acercó de nuevo.
Yu Qing notó que esa presencia se detenía a su lado y luego se movía ligeramente, como si buscara una posición desde la cual pudiera usar el celular y a la vez estar más cómodo.
Al poco tiempo, sintió que la presencia lo envolvía desde atrás, y notó una calidez casi imperceptible sobre su hombro.
Era como si Mi Xiaobai lo abrazara por la espalda, apoyara la barbilla en el hueco de su cuello y, desde esa postura perezosa y envolvente, estuviera usando su celular.
Efectivamente, vio que el teclado en la pantalla del celular se movía solo un par de veces, y en la aplicación de notas apareció una frase:
«Vaya, sí que puedo.»
En cuanto Mi Xiaobai descubrió que podía, el teclado no paró de moverse:
«No se me había ocurrido, qué inteligente eres.»
Yu Qing: …
Ahí estaba otra vez ese tono suavemente exagerado.
Que te llamen inteligente por algo así no te hace sentir muy inteligente que digamos. Más bien parecía que el mentiroso estaba pidiendo a gritos que le dieran un buen golpe.
—¿Te estás burlando de mí? —dijo Yu Qing.
Tal vez el tono amenazador en su mirada fue muy evidente, porque el mentiroso se apresuró a explicar a través del celular:
«Claro que no.»
«Cómo crees.»
«No tengo ganas de morir.»
El tono de esas tres frases era demasiado familiar, claramente un intento de calmarle con zalamerías. Tras la broma, las siguientes frases que escribió fueron un poco más serias.
«Antes de verdad solo podía tocar el espejo, y como solo había un espejo aquí, ni se me ocurrió pensar en otra cosa. Creo que he quedado un poco tonto.»
«Pero el hecho de que ahora pueda tocar el celular significa que en este rato mi estado ha mejorado un poco.»
Al leer “mi estado ha mejorado”, la tensión en los hombros y el cuello de Yu Qing disminuyó, aunque casi no se notó.
Estuvo a punto de preguntar: —¿Cuánto tardarás en recuperarte del todo?
Pero antes de que pudiera abrir la boca, vio que ya había una nueva línea en las notas. Y es que cierto individuo escribía muy rápido, y tecleando en el celular lo era aún más:
«¿Acaso cuando has leído que mi estado ha mejorado, has suspirado aliviado en secreto?»
—No.
«De verdad que no te entiendo; si no, ¿por qué iba a moverse tu hombro?»
Tonterías.
Si tenía la barbilla apoyada en su cuello y además no paraba de teclear en el celular, ¡claro que se iba a mover!
Cuando alguien es terco, siempre encuentra mil excusas para rebatir. Yu Qing ya tenía la suya pensada, pero no la dijo.
Vio que el cursor parpadeaba un par de veces y, de repente, la persona que escribía borró todo el párrafo, dejándolo en blanco.
Pasaron unos segundos, y en la nota apareció una palabra:
«Entonces.»
Y ahí se detuvo.
Por instinto, Yu Qing se quedó esperando lo que seguía. El cursor de la aplicación parpadeó, el otro parecía dudar qué palabras usar, borrando y reescribiendo.
Yu Qing observó un rato y no pudo evitar preguntar: —¿Entonces qué?
El teclado se detuvo un instante, como si la respiración de la persona a su lado se hubiera vuelto más superficial.
Poco después, con pulsaciones visiblemente más lentas, la frase se completó en las notas:
«Entonces…»
«Mi pequeño Hua Pi de corazón blando.»
«¿Ya se te pasó un poco el enojo?»
«¿Ya estás dispuesto a recordar quién soy?»
Yu Qing apretó los labios. Se quedó mirando la frase durante un buen rato, y justo cuando iba a responder, vio que las notificaciones del canal de amigos en la parte superior de la pantalla no paraban de saltar.
Seguramente, como ya había abierto el canal de amigos antes y los problemas de conexión habían desaparecido, ahora los mensajes fluían sin problemas y no dejaban de aparecer uno tras otro.
Cada notificación solo mostraba el principio del mensaje, cortándolo a la mitad con puntos suspensivos para invitar a entrar y leer el resto.
Pero incluso con solo leer esas mitades, ya era suficiente para causar… ciertos efectos.
Se veía que Tres K había mandado varios mensajes seguidos. Al parecer, estaba intentando salir de su casita para reunirse con los demás. Y tras quejarse de sabe Dios qué, Wu Jiaren le había respondido con tres frases.
Wu Jiaren: Eso es imposible.
Wu Jiaren: Ya quisieran tener tanta suerte.
Wu Jiaren: Solo sé crear sueños.
Mi Xiaobai: …
Qué maravilla. Maldito sea el Dios de los Paseos Nocturnos.
Había elegido el momento exacto para armar un escándalo, y encima tocando el tema más delicado.
En cuanto Mi Xiaobai vio la palabra “sueños”, supo que estaba frito.
Y en efecto, al leer el “solo sé crear sueños” de Wu Jiaren y luego la frase de la nota: «¿Ya estás dispuesto a recordar quién soy?», Yu Qing se sumió en un profundo silencio.
El silencio duró varios segundos. Luego, con un tono gélido, Yu Qing dijo: —No me acuerdo de nada, ni te recuerdo. ¿Y tú quién eres?
Mi Xiaobai: …
En fin, que gracias al Dios de los Paseos Nocturnos, el terror de los fantasmas se había pasado un buen rato bromeando y mimándolo, y todo para nada.
Aunque Yu Qing llevaba un nombre de jugador que iba a juego con el “^ ^”, miraba de reojo la esquina superior derecha donde supuestamente criaba a un “hombrecito de La Impermanencia”, e incluso al final había tirado la toalla y no ocultaba que conocía la ciudad isleña, al Dios de los Paseos Nocturnos y a Tres K…
Seguía empeñado en fingir que no conocía ni a La Impermanencia ni a Mi Xiaobai.
Llegados a este punto, Mi Xiaobai también tenía unas ganas inmensas de asesinar a Wu Jiaren cien veces.
Yu Qing incluso le confiscó temporalmente la aplicación de notas, negándole a cierto individuo la oportunidad de engatusarlo con palabras. Y, a pesar de los inútiles intentos de Mi Xiaobai por detenerlo, abrió el canal de amigos y leyó la conversación entre Tres K y Wu Jiaren.
Efectivamente, estaban intentando salir de sus oscuras casitas para encontrarse; verse las caras siempre daba más seguridad que hablar a través de un celular.
En ese momento, Tres K debía de estar buscando la salida a tientas, y sus últimos mensajes en el canal decían:
«Creo que fuera de mi casita hay unos túneles subterráneos. Parecen un laberinto; hay un montón de cruces. Pero escucho vagamente el sonido del agua; voy a intentar seguirlo.»
«No sé si estaremos muy lejos los unos de los otros, ¿ustedes pueden oír el agua? Es difícil de explicar, es un sonido muy débil, hay que escuchar con mucha atención.»
«Me va a dar algo, mi mapa no muestra dónde estoy.»
«Ojalá hubiera un botón de “invocación”. Lo apretarían y me arrastrarían directamente hacia ustedes.»
En realidad, Tres K se refería a una función del juego, pero Wu Jiaren debió de pensar que estaba pidiendo un milagro, por eso le soltó esas tres frases:
«Eso es imposible.»
«Ya quisieran tener tanta suerte.»
«Solo sé crear sueños.»
Después de eso, Tres K no volvió a decir nada, y el Dios de los Paseos Nocturnos tampoco siguió parloteando, así que todo el canal se quedó paralizado en la palabra “sueños”.
Sin embargo, estaba claro que a alguien no le hacía ni gracia que se quedara ahí.
Antes de que Yu Qing pudiera echarle otro vistazo a la frase, el teclado de su celular empezó a moverse solo…
No escribió ninguna palabra; lo que apareció fue el emoticono que salía más rápido en el teclado: la cara “sonriente”.
Los mandó de uno en uno, y en apenas dos segundos, una columna de 8 caras sonrientes inundó la pantalla, ocultando los inoportunos mensajes de Wu Jiaren y sacándolos de la vista.
Yu Qing: ¿?
Giró la cabeza hacia la izquierda, hacia el hueco de su hombro, y le preguntó con incredulidad a la persona invisible: —¿Te olvidaste de que es mi celular?
—¿Estás mandando esto desde mi celular?
Al parecer, el Dios de los Paseos Nocturnos también se quedó estupefacto. Tardó un buen rato en responder en el canal.
Wu Jiaren: A ver, un momento.
Wu Jiaren: ¿Me falla la memoria o tú eres Hua Pi? @- –
Wu Jiaren: ¿Desde cuándo Hua Pi tiene este tipo de personalidad? @- –
Wu Jiaren: ¿Acaso La Impermanencia te secuestró? Yo diría que en el hospital no eras así, ¿no? @- –
Y sin querer, volvió a tocar otro tema delicado al mencionar “hospital”. Como resultado, otra columna de 8 caras “inexpresivas” inundó el canal del grupo.
Wu Jiaren: Ah, bueno, esto ya me cuadra más con Hua Pi.
Wu Jiaren: Pero sigo pensando que es La Impermanencia quien está moviendo los hilos. Hola, ¿eres tú, terror de los fantasmas? ¿Amarraste de manos al Hua Pi que venía a ajustar cuentas contigo? @^ ^
Wu Jiaren: No, eso tampoco tiene sentido. Si ya son pareja, no van a pelearse de verdad.
Wu Jiaren: Después de todo este rato, ¿me van a decir que solo me metieron aquí para jugar conmigo?
Wu Jiaren: Me parece que me va a dar un infarto.
Nada más decir esto, Tres K, que llevaba mucho tiempo callado, por fin asomó la cabeza de forma lúgubre.
Tres K: A ver, un momento.
Tres K: A mí me va a dar un infarto ahora mismo.
Tres K: Hay algo que llevo mucho tiempo queriendo preguntar y no me atrevía.
Y mandó una larga fila de caras llorando de pánico: ¿Cuántas personas vivas hay exactamente en este grupo?
Tres K: Y otra cosa…
Tres K: ¡¿Quién dijo que es pareja de quién?! ¡¿La Impermanencia y Hua Pi?!
Tras las palabras de Tres K, el canal del grupo se quedó mudo por un instante. Y entonces, debajo de sus mensajes, apareció de repente un avatar que nunca antes había hablado. No se sabía cuándo se había cargado en el grupo.
El avatar era muy sencillo: un lingote de oro brillando. Y al lado estaba su apodo: “Viejo Yuan”.
El viejo mayordomo Yuan, que había sido arrastrado a la instancia de la nada y estaba más perdido que nunca, no había tenido tiempo ni de preguntar qué pasaba. Solo continuó la frase de Tres K con una larguísima exclamación.
Dijo: ¡¿Pero esto qué demonios es?!
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