Con el traslado de aquella tanda de camillas por los ascensores especiales, el caos en el vestíbulo se calmó por un momento.
Conversaciones sueltas llegaron a oídos de Yu Qing:
—Ese hombre que iba corriendo detrás de la camilla, ¿no es de esa empresa de videojuegos tan famosa, M?
—Es IMM, amiga, ¿cómo se te olvida la I y la M? Esa empresa es famosísima; su publicidad está por todas partes.
—Sí, esa misma. Yo que soy malísima para las caras, lo he reconocido, ¿no ha venido al hospital un montón de veces?
—Es normal que te suene. Tienen un acuerdo de patrocinio y asistencia social con el hospital, así que siempre están en contacto. Debe ser algún jefe de equipo o algo así, porque ha venido a acompañar un montón de veces.
—Vaya, qué pena, siempre había venido por trabajo y esta vez por un asunto personal… He visto a la niña en la camilla; era muy pequeña, tendría cinco o seis años a lo sumo, más pequeña que tu hermana.
—… Amiga, mi hermana ya va al instituto.
—¡¿Ya va al instituto?! ¡Qué rápido! Yo me quedé en la época en que la traías en brazos para visitar a tu abuela. Me acuerdo de que tú eras muy pequeño y no muy alto, y casi ibas arrastrando a la niña por el suelo.
…
Esa voz que corregía el nombre de la empresa de videojuegos IMM le resultaba demasiado familiar. Yu Qing miró en esa dirección y vio a un chico con una acreditación de “Voluntario” charlando con una enfermera del mostrador de triaje.
No era muy alto, pero tenía la complexión delgada y fibrosa típica de un estudiante universitario, y llevaba una gorra blanca con la palabra “Guía”. Tal vez de tanto correr de un lado a otro le había dado calor, porque se quitó la gorra para abanicarse, dejando a la vista un cabello corto y puntiagudo que parecía un rambután.
—Ese color de pelo llama demasiado la atención, da hasta calor solo de verlo en esta época del año. ¿No puedes teñírtelo de otro color? —le dijo la enfermera.
—El rojo da mucha vida, parezco sano, enérgico y con buen color —respondió el chico riendo y rascándose la cabeza.
¡¿Tres K?!
Justo cuando Yu Qing iba a acercarse para comprobar si ese compañero lo reconocía, un recuerdo de una conversación pasada cruzó por su mente.
Escuchó a alguien preguntar: —¿Cambian mucho los voluntarios de la planta baja? Me suena que hay un chico pelirrojo que viene todos los años.
Cada vez que bajaba en aquel ascensor semitransparente, de vez en cuando podía distinguir desde lejos esa melena roja alborotada cerca del mostrador de información.
—Ah, él. Su caso es un poco especial —respondía probablemente una enfermera—. Su abuela se trató aquí hace mucho tiempo y, gracias a un programa de asistencia social, no le cobraron las facturas médicas. Aunque al final no se salvó, él viene todos los veranos a trabajar de voluntario un tiempo.
—Parece que lo conoce mucha gente.
—Es que es muy alegre y tiene labia. Da igual la edad que tengan, a todos los llama “hermano” o “hermana”. Y la verdad, no lo ha tenido fácil. A su hermana y a él los adoptó su abuela de un orfanato, y cuando ella falleció, se quedó él solo a cargo de la niña.
—El pelo antes lo tenía negro. Cuando falleció su abuela, siendo tan joven, se le volvió gris de la noche a la mañana por el disgusto. Y luego, para no tener ese aspecto tan deprimente, se lo tiñó de rojo.
—Vaya, con razón.
—Es un chaval muy leal y agradecido. Tengo su contacto, y fíjate si hace años que murió su abuela, que su apodo sigue siendo KKK.
—¿Qué significa eso?
—Él y su hermana llevan el apellido de la abuela, Ke. Así que son los tres Ke de la familia, tres K.
…
Yu Qing se quedó inmóvil, mientras el incesante flujo de gente del hospital pasaba a su lado rozándole…
De pronto, se sintió confundido.
Tres K era solo un compañero que habían conocido en el juego y con el que habían compartido un par de instancias. En ninguna de las instancias alguien se pondría a contar asuntos personales fuera del juego.
Todo lo que sabía de este chico pelirrojo se reducía a su apodo “Tres K”.
Entonces, ¿de dónde venían todos esos recuerdos que acababan de aparecer en su mente?
¿Eran imaginaciones suyas creadas de la nada en un instante o eran reales?
Como si quisiera comprobar la veracidad de esos recuerdos, Yu Qing se acercó a Tres K.
Tal como esperaba, Tres K, al igual que el Tío Yuan y Shan Bei en este hospital, no lo reconoció en absoluto.
Se enderezó, parpadeó con entusiasmo y le preguntó a Yu Qing muy amablemente: —¡Hola! ¿Necesitas ayuda con algo? ¿No encuentras la consulta a la que vas o…?
Yu Qing le preguntó con voz serena: —¿Cómo te llamas?
Tres K se rascó la cabeza, totalmente confundido: —¿Eh?
Intercambió una mirada de perplejidad con la enfermera que tenía al lado, quien le dio un empujoncito. Se giró rápidamente y contestó: —Este… me llamo Ke Yan. Pero no “Yan” de investigar, sino “Yan” de prolongar.
Igual que en el recuerdo, su apellido era Ke.
Yu Qing se quedó en silencio.
Tres K lo miró con cierta preocupación: —No tienes buena cara, estás muy pálido. ¿En qué departamento tienes cita? Te acompaño.
—No hace falta —dijo Yu Qing de repente, dándose la vuelta y alejándose del mostrador de información.
Se dirigió a grandes zancadas hacia el ascensor y pulsó el botón de la planta 34; ese era el despacho del doctor Wu y aún conservaba el permiso temporal para acceder a él.
Durante el breve tiempo que duró la subida, la duda que había tenido antes volvió a asaltarle.
¿De verdad esto es una instancia?
Al entrar en la instancia, la pantalla holográfica había mostrado una vez:
Lo que indicaba que el límite de jugadores para esta instancia era de cinco personas.
Él y Mi Xiaobai compartían un mismo puesto, por lo que contaban como uno. Pero además había visto al Tío Yuan, a la almeja Shan Bei, a Bar de Sushi en el historial médico, a No Dejaré Que Pase persiguiendo la camilla de su hija y a Tres K en el mostrador de información.
Como era de carácter frío, no solía relacionarse mucho con la gente. Casi todas las personas con las que había hablado más a menudo en la ciudad isleña y en las últimas instancias estaban allí reunidas.
¿De verdad esto es una instancia?
Antes de entrar en el despacho del doctor Wu, Yu Qing volvió a fijarse en la pantalla dinámica de la pared del pasillo.
No hacía mucho, Mi Xiaobai se había quedado frente a esa pantalla y le había dicho que estaba leyendo los paneles informativos del hospital.
Pero cuando Yu Qing se acercó, la pantalla ya había cambiado y mostraba la lista de miembros de la “Fundación Vida Carmesí”.
De pronto se dio cuenta de algo: no había llegado a ver los paneles informativos completos del hospital, por lo que, lógicamente, no debería saber cómo se llamaba.
Sin embargo, al ver la larga lista de miembros de la fundación, sus ojos habían captado de inmediato el nombre “Biotecnología Hengyuan”, aunque estuviera discretamente colocado en la parte inferior.
Como si ya conociera ese nombre de antemano y lo tuviera grabado a fuego en la memoria.
El doctor Wu, que ya había terminado una breve reunión, regresó a su despacho y se quedó de pie junto a su escritorio.
La ventana del despacho estaba entreabierta; el viento de los pisos altos se colaba por la rendija, haciendo tintinear suavemente el carillón de viento.
Al entrar Yu Qing, el doctor Wu se giró, observándole la expresión a través de sus gafas. Tras un largo rato, midió sus palabras y dijo: —Se te ve a ratos bien y a ratos mal, ¿te ha pasado algo?
Yu Qing le preguntó: —¿Alguna vez hubo aquí una paciente apellidada Ke?
El doctor Wu: —… Habrá habido muchísimas; esto es un hospital. Otra cosa no, pero personas sobran.
Aunque lo dijo así, su mirada se desvió hacia el espacio junto a Yu Qing; se detuvo un segundo, pareciendo comprender el porqué de tan repentina pregunta.
El doctor Wu abrió una pantalla holográfica, escribió el apellido “Ke” en la base de datos de pacientes y los resultados comenzaron a desplazarse sin cesar por la pantalla.
El doctor Wu preguntó: —¿Hombre o mujer?
Yu Qing respondió: —Una anciana.
Pero pensando en la edad de Tres K, añadió: —Fue hace muchos años, a lo mejor no era tan mayor.
—¿Algún detalle más? —dijo el doctor Wu—. No soy adivino, no puedo buscar a ciegas en un registro tan enorme.
Yu Qing apretó los dedos, tirando de la persona que llevaba de la mano.
La presencia de Mi Xiaobai se hizo más evidente. Yu Qing apretó su agarre, intentando ignorar con todas sus fuerzas ese estado intermitente en el que el otro aparecía y desaparecía.
Escuchó a Mi Xiaobai sugerirle en voz baja: —¿Quizás el hospital tenga alguna anotación sobre Tres K?
—Su nieto trabaja aquí de voluntario —dijo Yu Qing—. Se llama Ke Yan.
—Ah, haber empezado por ahí, así es mucho más fácil.
El doctor Wu tecleó un par de cosas y no tardó en sacar el historial médico de hacía años para enseñárselo a Yu Qing: —Ay, la de veces que habré roto las normas por ti.
De un vistazo, Yu Qing vio la foto y el nombre en la pantalla. La anciana se llamaba “Ke Miaolai”; tenía un aspecto refinado y culto, y una sonrisa muy dulce.
Era idéntica a Meng Po, la señora del restaurante en la casa de estilo occidental.
Y en la sección de familiares, figuraban los nombres de sus nietos: Ke Yan y Ke Man.
Efectivamente, una familia con tres K.
Yu Qing se quedó mirando la pantalla en silencio, mientras el doctor Wu le observaba.
Poco después, el doctor Wu dio en el clavo y preguntó: —¿Qué pasa? ¿Te preguntas por qué la gente de tus alucinaciones coincide tanto con la de aquí?
Yu Qing levantó la vista de golpe: —¿Qué quieres decir con eso?
—No te pongas a la defensiva; este tipo de situaciones es bastante normal. —La voz del doctor Wu era pausada y, acompañada por el suave sonido del carillón de viento, no resultaba nada irritante ni agobiante.
—Ya te dije que tu estado es muy grave y que tienes alucinaciones visuales y auditivas. No sé qué tipo de alucinaciones tienes, pero intuyo que has llegado a crear un mundo entero y complejo, con experiencias que parecen muy reales y… personas.
El doctor Wu hizo especial hincapié en la palabra “personas”, hizo una pausa y prosiguió: —A muchos pacientes les pasa. Las alucinaciones no surgen de la nada, siempre tienen una base real. Por ejemplo, en tu mundo imaginario, ¿hay algún edificio que se parezca a donde vives?
…
Como el ático de la ciudad isleña y la habitación 3601 del hospital.
—Las personas que conoces en tus alucinaciones, ¿no podrías encontrarlas a casi todas a tu alrededor?
…
Como el Tío Yuan, que siempre se esconde en la tienda del hospital; Tres K, que viene todos los años de voluntario; Bar de Sushi, que estuvo en la planta VIP; y No Dejaré Que Pase, el hombre que le pedía al médico que salvara a su hija.
La voz del doctor Wu era muy tranquila, como si no quisiera interrumpir su momento de revelación: —Muchos pacientes tienen estos momentos de lucidez repentina y se preguntan qué es real y qué es falso.
—En realidad, es muy fácil saberlo. —El doctor Wu lo miró profundamente a los ojos—. A las personas del mundo real las puede ver todo el mundo; a mí, por ejemplo, o al resto de la gente que va y viene por el hospital. Y las personas de tus alucinaciones deberían poder vernos a nosotros.
—Pero, por el contrario, nosotros no podemos ver a las personas que tú imaginas.
Yu Qing apretó los dedos en torno a la mano de Mi Xiaobai.
No hizo ningún intento de ocultar su gesto. El doctor Wu le miró la mano, se detuvo un instante y dijo: —Creo que, con este criterio, tú mismo puedes juzgar qué es una alucinación.
—No es verdad que nadie más pueda verle —dijo Yu Qing de repente. Su voz era grave, y su rostro, de una palidez gélida.
El doctor Wu se sorprendió: —¿Cómo?
Yu Qing: —Alguien sí que puede verle.
El doctor Wu: —… ¿Quién?
El Tío Yuan.
El Tío Yuan podía ver a la persona a la que le daba la mano.
El doctor Wu se lo pensó un momento, levantó dos dedos y dijo: —Dos cuestiones. Primera: La persona que dices que puede ver tus alucinaciones, ¿no forma parte también de ellas?
Yu Qing guardó un silencio sepulcral.
—Quizás suene un poco lioso, y decirlo sin rodeos puede ser un poco doloroso… pero esa escena tal vez también sea una alucinación tuya, o al menos una parte de ella.
—Segunda… —El doctor Wu parecía no saber qué decir, pero no pudo evitar preguntar—: ¿Y quién es esa persona? ¿También es paciente de aquí? ¿En qué planta está?
Yu Qing recordó el número de cama 1212 que había mencionado el Tío Yuan, y respondió con frialdad: —En la 12.
—¿La 12? —El doctor Wu puso cara de haberlo entendido todo—. Entonces no me extraña. La planta 12 es la de neurología y psiquiatría.
Echó un vistazo a la expresión de Yu Qing y puso un ejemplo: —En la planta 12 ha habido varios pacientes muy famosos con alucinaciones mucho peores que las tuyas, ¿y tú les crees a ellos?
Empezó a buscar en la información de la planta 12 en la pantalla holográfica con la intención de enseñársela a Yu Qing, pero al parecer, por motivos de confidencialidad, no le convenía detenerse en ella, así que optó por resumírselo de palabra: —En la planta 12 hay un paciente llamado Yuan Hai. Le han hecho tantos trasplantes y sustituciones que, en comparación contigo, lo único que tiene sano es el corazón. No sé si lo habrás visto alguna vez, pero como no absorbe los nutrientes, está en los huesos.
Yu Qing: …
—Pero ya sabes, tener tantos trasplantes y un rechazo tan severo acaba provocando problemas psiquiátricos. Así que ese señor se pasa el día asustándose por todo; siempre se cree que los médicos lo van a electrocutar, intubar o meterle el bisturí sin motivo. Por eso se esconde constantemente en la tienda de conveniencia de abajo y no sale.
Yu Qing, con expresión indescifrable: —¿Los médicos saben qué se esconde allí?
—Claro que lo sé, ¡menuda pregunta! —replicó el doctor Wu, algo molesto—. Como nunca cambia de escondite y siempre va al mismo sitio… A veces, para no asustarle más de la cuenta, los médicos le dejan quedarse allí un rato. El hombre es muy observador; con tal de darle conversación a alguien, te sigue la corriente en lo que sea, te da la razón en todo y hasta se inventa cosas para seguirte el juego.
Yu Qing: …
El doctor Wu terminó de hablar y lo miró: —… Te veo mala cara. Ese que dices que puede ver tus alucinaciones, ¿no será él?
A Yu Qing le dio un tic en la ceja. Tras unos segundos de silencio, dio media vuelta y salió del despacho.
Poco después, se encontraba en la tienda de conveniencia, arrastrando a Mi Xiaobai.
La distribución de la tienda era parecida a la de la ciudad isleña: una puerta de cristal daba a la calle y la otra al interior del edificio. Cerca de la puerta de la calle había dos neveras enormes colocadas una al lado de la otra, llenas de botellas de todo tipo de bebidas y licores perfectamente alineadas.
Las bebidas de la nevera que daba al exterior solían estar más frías, mientras que las de la nevera interior estaban un poco menos frías.
Cuando entraba un cliente, en la caja registradora sonaba un suave «ding dong».
La única diferencia era que, en la tienda de la ciudad isleña, después del «ding dong», se escuchaba: —Viejo Yuan, despierta, ha entrado un cliente.
Y en ese preciso momento, el Viejo Yuan estaba encogido en un rincón junto al mostrador.
La luz del exterior ya anunciaba el anochecer, tiñendo el cielo de tonos grisáceos. El viejo miraba absorto el crepúsculo, envuelto en una inexplicable sensación de soledad.
En ese momento no había clientes en la tienda. El Viejo Yuan, tras un largo rato ensimismado, se dio cuenta de que tenía compañía.
Se giró hacia Yu Qing y de pronto se le llenó la cara de arrugas al sonreír: —¿Otra vez te has escapado para abajo? ¿Te aburrías mucho ahí arriba?
Yu Qing lo miró de arriba abajo.
Resultaba extraño; por más argumentos y pruebas que el doctor Wu le hubiera dado, sus palabras no habían logrado alterarle demasiado.
Pero en ese momento, viendo al viejo mayordomo levantar la vista hacia él, sin que su mirada se desviara lo más mínimo hacia Mi Xiaobai, algo cayó a plomo en el pecho vacío de Yu Qing.
Dobló un dedo, apretando con fuerza la mano del que estaba a su lado, y le preguntó al viejo mayordomo: —Tío Yuan, hay una persona a mi lado, ¿puedes verla?
En la ciudad isleña, Yu Qing pasaba por delante de la tienda del Tío Yuan a todas horas, ya fuera al amanecer o al anochecer.
Aunque el viejo nunca lo había sabido, él había estado presente en cada momento de aquellos dos: desde su primer encuentro hasta su apasionado romance, desde su ruptura hasta su reencuentro.
El Viejo Yuan era el tipo de persona que no quería decepcionar a nadie.
Con un atisbo de sorpresa, miró rápidamente a ambos lados de Yu Qing y sonrió con ternura: —¿Claro que lo veo! Es tu amigo, ¿no?
Yu Qing parpadeó levemente, sin decir nada.
El Viejo Yuan lo miró con preocupación: —Lo veo, de verdad que lo veo. ¿Alguien te ha dicho algo? A estos médicos les encanta eso, soltarte cosas desagradables y decirte que tu amigo es una alucinación y cosas por el estilo. Yo estoy harto de oírlo; ya ni les hago caso.
Aunque el Viejo Yuan intentaba consolarle, lo que decía era exactamente lo mismo que le había contado el doctor Wu sobre su comportamiento.
—Ay, no… no te pongas triste.
De no ser por las palabras del Tío Yuan, Yu Qing ni siquiera se habría dado cuenta de que esa repentina sensación de vacío en el pecho era, en realidad, tristeza.
El Viejo Yuan seguía intentando consolarle: —Culpa mía, culpa mía. Lo siento, lo siento mucho. Como no ando muy bien de salud, a veces la vista me falla.
Yu Qing frunció levemente el ceño, tragó saliva y le dijo al Viejo Yuan en voz baja: —No pasa nada si no lo ves, solo te lo preguntaba por saber.
No hace falta que te disculpes tan asustado.
Y de verdad, no pasa nada.
Porque incluso él mismo estaba empezando a dejar de ver a la persona a la que le daba la mano; por más fuerte que la apretara, la presencia del otro seguía siendo intermitente.
Su existencia se desvanecía y cada vez hablaba menos.
Y eso que era alguien a quien a veces tenía que pellizcarle las alas a la mariposa cian para conseguir que se callara un poco. Alguien a quien, aunque estuviera fuera del balcón, detrás de la puerta de cristal, era imposible ignorar.
Pero ahora parecía que iba a desaparecer de verdad.
Como si todo lo vivido hubiera sido solo la ilusión de un sueño.
Yu Qing evitó la mirada inquieta del Tío Yuan, que miraba hacia todos lados, y agarrando la mano de Mi Xiaobai, salió de la tienda.
De figura esbelta y rostro pálido, caminaba a paso ligero, como quien huye de un chaparrón repentino.
Por un instante, Yu Qing sintió que bajo sus pies no estaban las frías baldosas del hospital, sino los altos muros del patio de La Impermanencia.
Cuando La Impermanencia desapareció aquella vez, y él se marchó pisando los muros y los tejados de aquel patio, sintió el mismo vacío abismal que ahora.
Así que esto era la tristeza.
Cuando la presencia del que estaba a su lado volvió a desvanecerse hasta casi desaparecer, Yu Qing se detuvo en seco y, tras un momento de silencio, llamó: —Mi Xiaobai.
—¿Mmm? —respondió el otro—. Aquí sigo.
—¿Podrías no dejar de hablarme en ningún momento?
No pares.
Mi Xiaobai se detuvo, sorprendido, y le miró.
Un momento después, sintió que alguien se inclinaba y lo abrazaba con fuerza. Con la barbilla apoyada en el hombro de Mi Xiaobai, pensó…
¿Acaso esto es una alucinación?
Pero el abrazo se sentía tan real.
Estaban en el concurrido vestíbulo del primer piso del hospital, rodeados por una ruidosa y apretada marea de gente que no dejaba de fluir. Ese edificio de 36 pisos de altura parecía no tener fin. Decenas de ascensores semitransparentes subían y bajaban en todas direcciones.
En aquel atrio, a la vista de todos, no había ni una sola persona mirando al Mi Xiaobai que le estaba abrazando.
Si un abrazo no bastaba para llamar la atención.
Entonces, un beso, ¿quizás…?
Yu Qing se separó unos milímetros, levantó la mano para agarrar a Mi Xiaobai por el cuello de la camisa y tiró de él hacia abajo.
En el instante en que sus respiraciones se cruzaron, Yu Qing levantó los ojos a medias, miró a Mi Xiaobai y lo besó.
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