Para un jugador normal, un dios fantasmal no puede ser venerado, y el candelabro frente a su estatua debería estar roto o ser imposible de encender.
Sin embargo, el candelabro frente a La Impermanencia parpadeó un par de veces y finalmente se iluminó.
Un panel de información apareció ante Yu Qing, y unas letras de color azul fluorescente fueron surgiendo línea por línea:
【Enhorabuena, has seleccionado al dios al que deseas venerar y así comienzas un nuevo ciclo.】
…
Esa línea de puntos suspensivos parpadeó durante mucho tiempo, sin que apareciera el resto. Parecía que el sistema estaba totalmente desconcertado con este jugador que estaba creando su perfil.
El bloqueo duró medio minuto, hasta que por fin apareció el resto del contenido:
Ciclos completados: 2
Tipo de ciclo: Error (No se puede determinar)
Recursos iniciales: Error (Límite inicial alcanzado)
Dios venerado: La Impermanencia
Tipo de dios: Dios Fantasmal
Vínculo con el dios: Bloqueado
Rumores del dios: Bloqueado
Nivel de Afinidad: Bloqueado
Poder de Bendición: Ninguno
【Naciste en la opulencia, rodeado de riqueza. Por pura casualidad, presenciaste un milagro y decidiste entregarle tu corazón a un dios. El dios que has elegido es escurridizo e impredecible; muchos de sus devotos jamás llegan a verlo en toda su vida. Pero no te preocupes, quizás tú seas la persona más especial o afortunada.】
Yu Qing dejó todas las opciones de la cuenta de jugador por defecto. El aspecto y el físico se generaron automáticamente según su apariencia real, exactamente igual que antes.
Lo único que cambió fue la sala de espera.
La sala de espera predeterminada por el sistema estaba en un edificio de alquiler barato en los suburbios de la ciudad isleña. Yu Qing ya sabía lo pequeño y cutre que era aquel apartamento, y también sabía que no se podía salir de allí hasta alcanzar el nivel 10.
Cambiar la sala de espera costaba recursos, pero los de Yu Qing eran más que suficientes.
Deslizó el dedo un par de veces, buscó el distrito de Wangchuan en el centro de la ciudad y seleccionó el edificio más alto.
En el momento en que pulsó “Confirmar”, su visión se oscureció de repente.
Cuando la luz volvió, Yu Qing se encontraba en el apartamento del último piso que también conocía desde hacía casi diez años.
Por instinto, miró hacia el gran ventanal…
No había nadie.
Pero por el rabillo del ojo captó una figura delgada y seca que daba cabezadas de sueño junto al escritorio, con una vela en la mano.
Era el viejo mayordomo.
El Tío Yuan nunca entraba al dormitorio si no era necesario, y mucho menos se quedaría allí dormido; ni aunque le dieran mil vidas se atrevería.
Además, al viejo siempre le había parecido que esa habitación estaba demasiado limpia y carecía del calor humano, así que prefería quedarse en su propio cuarto leyendo el Diario de las Rosas para matar el tiempo.
Yu Qing giró la cabeza sorprendido y, al ver la pequeña estatua que el viejo custodiaba junto a él, por fin comprendió su extraño comportamiento.
Se quedó paralizado un buen rato.
Al ver al Tío Yuan en ese momento, por la mente de Yu Qing no solo pasaron los recuerdos de los últimos años en la ciudad isleña.
También los de mucho antes, fuera de la ciudad, en el hospital central de Jinchuan.
Cuando estuvo ingresado en aquel hospital, efectivamente había un paciente en la planta 12 llamado “Yuan Hai”.
Era un hombre mayor, hablador y de buen corazón, que le encubría cuando Yu Qing se escapaba a la planta baja.
En la tienda del hospital había unas mesas largas para comer. Yuan Hai se sentaba allí y se empeñaba en contarle a Yu Qing todos los chismes que oía por ahí.
El Yu Qing adolescente era tan frío como de pequeño, y sentía que en su cara llevaba escrito en letras gigantes: NO-ME-INTERESA.
Pero Yuan Hai estaba convencido de que sí.
Así que, bajo esa fachada de indiferencia, Yu Qing terminó escuchando un montón de historias. La verdad es que no sabía cómo tratar con la gente tan extrovertida.
La mayoría de las veces, Yuan Hai le contaba chismes de otros como si fuera un cuentacuentos, con todo lujo de detalles. Solo una vez, cuando habló de sí mismo, su tono fue más tranquilo y menos exagerado.
Se alisó el pelo, que incluso en el hospital llevaba impecable, y dijo: —La verdad es que antes yo también era alguien respetable, ¿a que no se nota? Mi familia era de las que tenían mucho dinero de varias generaciones atrás, pero era una vida aburridísima, así que me fui de casa muy joven. Aunque no me ha ido de maravilla, al menos he podido ganarme la vida. Ay… lo malo es que no tengo muy buena suerte y la salud siempre me da problemas. Yo… aquí, aquí y aquí…
Señaló varias cicatrices grandes y pequeñas en su cuerpo y dijo: —Todas estas partes se me han ido estropeando poco a poco y me las han tenido que reemplazar. Cuando te han cambiado tantas cosas, el rechazo te pega fuerte cada vez que llueve o está nublado. Si alguna vez me oyes decir tonterías, no me hagas mucho caso; seguro que es por culpa de eso.
—Pero no creo que tú lo hagas. —Le repitió esta frase a Yu Qing más de una vez—. Mucha gente se cree que estoy loco, pero tú eres el único que tiene buen corazón y está dispuesto a escucharme parlotear.
Yu Qing pensaba que en realidad tampoco le hacía mucha ilusión escucharle. Pero nunca llegó a decírselo de verdad.
—En realidad, tengo un hijo de tu edad. Pero las visitas en mi planta están muy controladas y casi no dejan entrar a los familiares. Ay…
Soltó un largo suspiro y continuó: —A veces pienso que, si esto sigue así, al final casi ni le veré. Pensarlo me da mucha pena… Cuando alguien se va, por muy fuerte que sea el vínculo, se rompe de golpe.
—Y da mucha pena… de verdad.
—Pero bueno, supongo que hay cosas que no se pueden evitar, es lo que hay. —El viejo Yuan se pasó los dedos por el pelo como si fuera un peine, con un tono entre burlón y esperanzado—. A veces fantaseo con que, si de verdad existiera un mundo después de la muerte, y los que han tenido vidas caóticas fueran allí a saldar sus deudas… con un poco de suerte, los que no pudieron verse, si el destino lo quiere, podrían reencontrarse.
—Si de verdad hubiera un lugar así… —El viejo Yuan señaló el mostrador de la tienda y soltó una carcajada—, pues montaría una tiendecita como esta. Eso sí, no en un hospital, que da mucho mal fario. La pondría en una zona céntrica, por donde pase mucha gente. Y esperaría a que mi hijo envejeciera y viniera a visitarme…
Importara o no si se conocían en ese otro mundo, la sola idea de poder verse una vez más era suficiente para darle sentido a todo.
Mirando al Tío Yuan, Yu Qing recordó de pronto aquel silencioso atardecer en el que el anciano se negó a cruzar al más allá y se empeñó en seguirle…
Tal vez fue precisamente para esperar a aquella persona que no pasaría por el hospital, que aún no había llegado.
El viejo mayordomo, que seguía dando cabezadas, ignoraba todo esto. Tras un cabeceo más brusco, por fin se despertó sobresaltado y vio a Yu Qing en la habitación.
Yu Qing asintió y lo llamó: —Tío Yuan.
El Tío Yuan abrió la boca de par en par.
Y de repente soltó una retahíla de pitidos de censura. Se levantó de un salto y, con una agilidad sorprendente para su edad, se plantó frente a Yu Qing: —¡¿Señorito?! ¡¿No estaré soñando?! ¡¿Es una alucinación?!
Yu Qing le tranquilizó: —Claro que no.
—¿De verdad? Es que antes soñaba a menudo que volvías a casa de repente y me preguntabas qué mes era. —El viejo, que era muy propenso a emocionarse, se soltó con sus típicas palabras conmovedoras.
Yu Qing movió los labios, a punto de decir algo, pero el viejo mayordomo se le adelantó: —¡No me lo puedo creer! ¡¿Puedo pellizcarte?!
Yu Qing respondió de inmediato: —No.
Yu Qing: —Pellízcate tú.
—¡Faltaría más! —aceptó el viejo mayordomo con entusiasmo, y mientras se pellizcaba el brazo, murmuró—: Sí, con esa forma de hablar, seguro que es él.
Yu Qing: …
El viejo se dio un buen pellizco sin piedad, hizo una mueca de dolor, pero sonrió de oreja a oreja: —¡Ay! ¡Sí que duele, es verdad, es de verdad!
Estaba loco de alegría. Agarró a Yu Qing y lo miró de arriba abajo, por delante y por detrás, y al final empezó a frotarse los ojos: —Qué alegría, qué alegría. Pero, señorito, ¿cómo es que te veo… mmm… un poco más joven? Pareces no tener ni dieciocho o diecinueve años.
…
Y eso que el viejo tiraba por lo alto.
En realidad, aparentaba unos diecisiete.
Pero Yu Qing no iba a dar explicaciones en ese momento, así que le despachó con un: —Por ciertas razones, pero no importa.
—¡Sí, sí, claro que no importa! ¡Lo importante es que has vuelto, que has vuelto! —El Tío Yuan, abrumado por las emociones, se frotó los ojos y suspiró—. Qué alegría me das. El muy bastardo de La Impermanencia se empeñaba en decir que te habías ido solo y que no me llevarías contigo.
Al oír “La Impermanencia”, la mirada de Yu Qing cambió.
—¿Dónde está? —preguntó.
—¿Quién? —El Tío Yuan, con los ojos llorosos, tardó un segundo en entender—. ¿La Impermanencia?
—Mmm.
Al mencionar a La Impermanencia, al Tío Yuan le volvió a salir su vena chismosa. Entre preocupado y acusica, dijo: —¡Ha vuelto a desaparecer!
Yu Qing frunció el ceño.
El Tío Yuan siguió echando leña al fuego: —Después de que te fueras, se quedó pasmado fuera de la ventana un par de días, me dejó esta estatua tuya para que te la guardara… ¡Y volvió a desaparecer! No he vuelto a saber nada de él en dos meses y medio.
Ni el propio viejo entendía por qué lo hacía: le tenía un miedo atroz a La Impermanencia, pero al soltar todo eso, parecía que quería que Yu Qing fuera a buscarle.
¿Acaso estaba preocupado?
No, eso es imposible…
El viejo se lo pensó y decidió que lo que sentía era puritito regocijo malévolo.
Estaba convencido de que Yu Qing encontraría a La Impermanencia sin problemas. Y que La Impermanencia iba a pasarlo muy, muy mal.
Dicho y hecho.
El viejo mayordomo vio que Yu Qing se quedaba en silencio un instante antes de decir con rostro inexpresivo: —Tío Yuan, voy a salir un momento.
El Tío Yuan se puso un poco nervioso, pero sabiendo que Yu Qing no le mentiría, asintió y preguntó: —¿Solo un momento, verdad? ¿Vas a volver? ¿A dónde vas?
Yu Qing: —A ajustar unas cuentas.
Diez minutos después, en el canal mundial, que llevaba días en completo silencio por el cierre del juego, apareció de repente un mensaje del sistema:
El jugador 【- -】 ha activado la instancia especial 【La Impermanencia】.
Buscando compañeros de equipo. Haz clic aquí para unirte al grupo.
El mensaje apareció y desapareció como un fantasma. El canal mundial volvió a su silencio sepulcral, como si no hubiera pasado nada.
Y, por supuesto, nadie se iba a unir.
Pero un minuto después, el canal mundial volvió a mostrar un nuevo mensaje del sistema:
El grupo para la instancia especial 【La Impermanencia】, activada por el jugador 【- -】, está completo.
En el laberinto de callejuelas cerca del mercado nocturno de Liucha en la ciudad isleña, una enorme motocicleta negra mate se deslizaba como un espectro.
Del manillar colgaba un carillón de viento. El Dios de los Paseos Nocturnos, con la cara oculta bajo el casco, recorría las calles en la noche de la ciudad, tal como hacía cada día.
Las noches en la ciudad isleña eran en realidad muy brillantes; como las luces nunca se apagaban, todo resplandecía bajo la lluvia, creando un juego de luces y sombras difusas.
El Dios de los Paseos Nocturnos aceleró, el motor rugió y tomó la curva inclinándose para entrar en otra callejuela.
Conocía muy bien el lugar y sabía que las farolas después de la curva parecían un collar de perlas. Sin embargo, al dar la vuelta, las perlas no aparecieron. En su lugar, lo que había era una oscuridad inquietante.
… Y cada vez se volvía más oscura, tan oscura que parecía que hubiera fantasmas.
El Dios de los Paseos Nocturnos: ¿?
Se irguió en la moto, redujo la velocidad y, tras conducir unos minutos en medio de aquella densa oscuridad, frenó de golpe.
La rueda trasera trazó un arco en el suelo antes de detenerse por completo.
Apoyó un pie en el suelo, se levantó la visera del casco y, justo cuando iba a sacar el móvil para ver dónde demonios se había metido, un destello le cegó. Una pantalla luminosa saltó ante él con unas letras de color azul fluorescente:
¡Felicidades! Has sido invitado a unirte a la instancia especial 【La Impermanencia】 iniciada por el jugador 【- -】.
Entrando a la instancia.
Cargando…
El Dios de los Paseos Nocturnos: …
No tenía ni idea de quién era ese tal jugador 【- -】, ni de qué pecado había cometido para que le metieran en ese lío sin comerlo ni beberlo.
Repasó mentalmente todo lo que había hecho últimamente, y solo una cosa parecía ser el motivo de semejante castigo.
Justo en el último segundo antes de entrar en la instancia, le mandó un mensaje al contacto “^ ^”, el terror de los fantasmas:
«¿¿¿¿¿¿¿No decías que me protegerías la vida???????»
En el mismo instante en que entró en el mapa de la instancia de La Impermanencia, el móvil de jugador de Yu Qing zumbó un par de veces.
Acompañando la vibración, aparecieron varias pantallas luminosas con notificaciones:
【Detectada fluctuación de datos. Recalculando información específica del jugador…】
【El nivel de afinidad con el dios venerado “La Impermanencia” ha sido recalculado.】
【Vínculo con el dios desbloqueado.】
【Nivel de Afinidad con el dios desbloqueado.】
【Puede seleccionar la opción de minimizar para que el exceso de información no afecte a su experiencia de juego.】
…
Yu Qing, que ya se sabía todo eso de memoria, le dio a minimizar sin pensarlo.
Al segundo siguiente, en la esquina superior derecha de su visión apareció un pequeño hombrecito de La Impermanencia, con todo el pelo blanco, propio de su forma de espíritu maligno.
El hombrecito, en la misma postura que usaba La Impermanencia para apoyarse en la ventana, estaba recostado con pereza en el borde del marco circular, mirándole con una sonrisa de oreja a oreja.
Yu Qing observó al hombrecito un momento antes de apartar la vista. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en una habitación en ruinas.
Era tan pequeña y asfixiante como la sala de espera del edificio barato de antes. Pero aún peor, porque aquí ni siquiera había una cama individual, ni la mesa coja.
A su lado solo había un espejo alargado.
Tal vez por la humedad y la oscuridad del lugar, el espejo estaba cubierto por una fina capa de vaho, tanta que Yu Qing ni siquiera podía ver su propio reflejo en él.
Yu Qing se quedó mirando el espejo.
Sin saber por qué, tenía la extraña sensación de que alguien lo observaba desde el otro lado.
Con el ceño fruncido, se acercó al espejo y, justo cuando iba a buscar algo para limpiarlo, vio que unas marcas empezaron a aparecer en el vaho.
Como si alguien estuviera escribiendo algo en el cristal.
Yu Qing no apartó la vista de las marcas; vio cómo se trazaban unas líneas en el espejo y luego se borraban.
Como si alguien estuviera dudando qué decir…
Esto se repitió varias veces, hasta que por fin apareció un mensaje completo, aunque solo eran unas pocas palabras.
El mensaje decía: ¿Pequeño Hua Pi?
El corazón le dio un vuelco a Yu Qing; tardó un momento en controlar aquella repentina sacudida en el pecho.
Las palabras se borraron y apareció una nueva línea: ¿Qué haces aquí?
Yu Qing se quedó mirando las palabras, y por su mente pasaron innumerables recuerdos: momentos de emoción, de pánico, de tristeza… y los momentos en los que le habían engañado.
Y todos eran culpa del bastardo que estaba al otro lado del espejo.
Se quedó de pie frente al espejo un buen rato, y por fin habló con frialdad, haciendo una pregunta que congeló el espejo.
Preguntó: —¿Y tú quién eres?
Tras un largo rato, apareció un nombre en el espejo: Mi Xiaobai.
Yu Qing ladeó la cabeza y dijo con indiferencia: —¿Y ese quién es?
El espejo: ………………
No aparecieron más letras en el vaho del espejo, pero el hombrecito de La Impermanencia en la esquina superior derecha sí que reaccionó.
Yu Qing le dirigió una mirada de soslayo, impasible.
Vio que un haz de luz caía sobre el hombrecito de La Impermanencia. Este se quedó paralizado en la luz por un instante, se agarró al pequeño marco circular y cayó de rodillas de golpe.
Yu Qing: ¿?
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